Dejar de ser como el azadón

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Cuando se dice que alguien es como el azadón, significa que se trata de un ser profundamente egoísta y acaparador. Es decir, todo para dentro, para sí mismo. Nada para otros. De manera que la figura bien podría utilizarse con la actitud constante de la élite empresarial y su mascarón de proa, el Comité de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF).

Desde abril a la fecha, el CACIF ha sido un entusiasta promotor de “la lucha contra la impunidad”. Es decir, la que se libra fuera de los terrenos de la entente de negocios. Para ellos estuvo bien manifestar y pedir la renuncia de la ahora procesada Roxana Badetti Elías. Y cuando, por fin, dejaron de apalancar al también procesado Otto Pérez Molina, también fue bueno protestar pero no en horario laboral. De hecho, prácticamente quedaron al margen del paro nacional del 27 de agosto.

Los siete meses transcurridos desde el destape del escándalo que arrastró al gobierno del Partido Patriota (PP), financiado por miembros del CACIF, han sido intensos en acontecimientos. De estos, muchos, la mayoría, son logros en el campo de la persecución penal y la administración de justicia.

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) del Ministerio Público (MP) y los tribunales de mayor riesgo, han trabajado a marcha forzadas para dar la talla. No es fácil cumplir como lo han hecho, no solo por la magnitud de los casos conducidos sino por la precariedad funcional y administrativa que enfrentan. No es un secreto que el Estado guatemalteco está en crisis y que esta le mantiene prácticamente en quiebra. No hay plata, ni siquiera para cubrir la totalidad de los salarios, mucho menos para garantizar un funcionamiento pleno. Y el sistema de justicia no es la excepción. De hecho, sufre los embates de la precariedad al extremo de que ni siquiera logra una cobertura nacional efectiva.

A eso se debe que el titular de la CICIG, Iván Velásquez, en la cresta de la ola de popularidad por los éxitos contra la corrupción, planteara una salida lógica, de sentido común: incrementar los recursos del sistema para fortalecerle y garantizar la sostenibilidad de su eficacia. Por supuesto, la manera de aumentar recursos en el estado es por medio de la recaudación, que se encuentra en condiciones paupérrimas por la crisis de La Línea y conexos. De ahí que la medida pase por la propuesta de un impuesto temporal de apoyo directo a la justicia.

Y ahí es donde el CACIF puso la cara de azadón. Una cosa es que la CICIG, la FECI, el MP en general y los tribunales de mayor riesgo se expriman al máximo con los recursos que tienen, incluidos los de cooperación externa, y otra que ellos tengan disposición de dar un solo centavo más. Han saltado como gotas de agua en la sartén caliente y en forma apresurada han dicho de una vez que no. Esa reacción se suma al silencio sepulcral que hubo en el salón en el que su gurú Álvaro Uribe, también les dijo que para tener la seguridad que buscaban, debían pagar impuestos.

Claro que quieren más investigaciones. Claro que quieren más procesos. Quieren limpiar estructuras (las que no están con ellos) pero la quieren gratis o costeada por la comunidad internacional. Porque el Estado sostenido con los impuestos de la mayoría, la que sí tributa en correspondencia con sus miserables ingresos, apenas respira. Los recursos que llegan a la administración pública -en su mayoría provenientes de impuestos como el IVA-, se diluyen entre el saqueo de los corruptos y el engorde de las bolsas de los corruptores, miembros de las cámaras del CACIF.

Queremos un sistema de justicia funcional. Queremos que el MP y el Organismo Judicial realicen su labor con prontitud, profesionalismo y eficacia. Entendemos que para ello se requiere de más recursos y una opción es, como bien lo ha propuesto el titular de la CICIG, un tributo temporal. Bien haría por lo tanto el empresariado en dejar de ser como el azadón y acaparar todo para sí, pero sin dar nada. O nutrimos al sistema de recursos o lo ganado en estos meses será tiempo perdido.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Felicitaciones de Nuevo Doña Iduvina Hernandez, su articulo me MOTIVA a expresar mi apoyo a que los empresarios dejen de ser como el AZADON, las ganancias solo para ellos, y presumir de tener un buen negocio prospero, a costillas de lograr mas ganancias en sus productos, a costillas de los bajos salarios que ponen como FACTOR COMUN , en la linea de produccion. YO como Ingeniero Industrial, y con la experiencia de haber trabajado en esa profesion en Guatemala, asi como en algunas Industrias de Estados Unidos , doy testimonio, que para bajar sus costos de sus productos, y ser un empresario con exito, competitive, SACRIFICAN al trabajador con lo minimo que pueden pagar , en lugar de encontrar soluciones mas JUSTAS. para nivelar la vida JUSTAMENTE del trabajador. quienes son la fuente de su Empresa. . Mi criterio es que sin trabajadores contentos NO hay empresa, al igual que SIN alumnos NO hay escuela.

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