Del fútbol, el monopolio de la televisión, los malos narradores y la corrupción

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Todos los futboleros de mi generación crecimos viendo los partidos por los canales 3, 7, 11 y 13. Recuerdo que el primer mundial que vi, el de Argentina 78, fue transmitido en simultáneo por los cuatro canales, aunque con distintos narradores y comentaristas. El mejor comentarista del que tengo memoria fue el doctor Humberto Arias Tejada, tipo culto y conocedor del juego. Entre los narradores puedo mencionar a Meme Pinto como el más destacado, aunque esa es mi opinión, quizá a algunos les parezca mejor José Antonio Corado.

Por aquellos tiempos, finales de los años 70s, era raro que los partidos se transmitieran en directo, en vivo y a todo color, pero los canales 3 y 7 pasaban en diferido juegos de las ligas de Argentina y Alemania, que eran descritos por narradores sin gracia: Passarella, gol… gol, gol; decía el fulano, sin siquiera alargar la “o” de la palabra gol.

Luego los canales empezaron a transmitir los juegos del campeonato nacional, la liga española, la liga italiana y cuanto partido de fútbol internacional pudieran poner en pantalla. Fue así que nos fuimos acostumbrando a los mismos narradores y comentaristas, algunos de ellos todavía siguen ahí.

Al principio había algo de competencia entre canales, el 3 y 7 eran de un dueño, mientras el 11 y el 13 de otro. En algún momento de la historia, y después de que el dueño del 11 y el 13 se suicidara –esa fue la versión oficial–, los cuatro canales pasaron a ser propiedad de una sola persona y se convirtieron en monopolio. Aunque en los tiempos que corren hay más opciones para ver televisión: cable, Sky, Internet, satélite, por ejemplo; es de sobra conocido que el atraso tecnológico del país, sumado a los altos precios por los servicios mencionados, hacen que el monopolio persista y tenga poder inconmensurable.

Al eliminar la competencia, la mediocridad se apoderó de las transmisiones de fútbol; José Antonio Corado y Gustavo Velásquez son dos claros ejemplos, aunque algo de mérito tienen, porque con un vocabulario de unas 20 palabras han sido capaces de mantener su trabajo, al tiempo que han sido maestros de otra generación de narradores tanto o más mediocres que ellos.

Con el tiempo los canales en VHF se convirtieron en una enorme máquina de hacer propaganda, al grado de que todos los políticos se interesaron en aparecer en televisión para conseguir un puesto de elección popular. Así se desarrolló una de las más nefastas alianzas que se han visto en este país.

Las investigaciones del MP y la CICIG encontraron pruebas de que los canales en VHF habían financiado de forma ilícita la campaña electoral del Partido Patriota, confirmando de esta forma lo que era un secreto a voces.

El fútbol siempre ha sido uno de los principales soportes del monopolio, al grado de que se las han ingeniado para que nadie más pueda transmitir el campeonato nacional y los torneos de selecciones.

Las acusaciones del MP y la CICIG coincidieron con el desarrollo de la Copa América y la Eurocopa, que por caprichos del calendario se están jugando al mismo tiempo. El caso es que, aunque la indignación por las acusaciones se ha manifestado, pocos han sido consecuentes y han dejado de ver el fútbol por los canales en VHF; aunque hubiera sido el mejor momento para boicotearlos.

El fútbol sigue siendo uno de los mayores negocios y entretenimientos del planeta, pero también ha sido embarrado hasta la cúpula por la corrupción, al grado de que se ha descubierto que los dirigentes manipularon sorteos, resultados de partidos y torneos, convirtiéndolo en pariente cercano de la lucha libre.

Mientras los canales de televisión en VHF sigan siendo un monopolio, hay muchas probabilidades de que los políticos sigan pidiendo espacios a cambio de favores y contratos de publicidad y, por supuesto, de seguir aguantando a los mismos narradores y comentaristas. En mi caso, mientras la situación no cambie, he decidido no sintonizar más esos canales.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. César Estrada on

    Qué bueno que trajo a colación la infinita ineptitud y el mal gusto de Gustavo Velásquez y José Antonio Corado y la de todos sus terribles imitadores. ¡Ah, qué par de señores! Son capaces de echar perder hasta el mejor espectáculo deportivo con sus necedades, su fea forma de hablar, sus ridiculeces y su impreparación. Y todo esto gracias al monopolio televisivo y al desinterés de los dueños de estos medios por brindar un servicio decente al público. Lo ideal sería tener alternativas y no tener que caer en el dilema de soportar a estos “expertos narradores” o simplemente no ver los partidos.
    ¿Habrá alguna forma de que G. Velásquez, J. A. Corado y todos sus iguales se enteren del fastidio y el rechazo que provocan? ¡Cúanto cuesta que los necios cambien!

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