Futurología casera

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Sin un proyecto político alternativo potente que represente intereses nacional-populares (que tendría que construirse desde ahora para que en una década sea una opción real), sin una ciudadanía efectiva y con una institucionalidad estatal tan degradada y corrupta como la existente, gane quien gane en el torneo electoral de este año, el panorama político-institucional no va a cambiar demasiado… aunque siempre es posible que se deteriore más. Quienes creen que ya tocamos fondo en este aspecto, puede que sean demasiado optimistas.

Evidentemente se puede argumentar desde el “realismo político” que hay opciones que son mejores que otras. O dicho de forma más adecuada: hay opciones que son peores que otras. En el desencanto permanente en el que nos encontramos (pero que no da para organizarnos adecuadamente), se seguirá alentando a votar por el “menos peor”.

El problema es que el “menos peor”, sea quien sea, se encontrará con las condiciones que existen y que no cambiarán a menos que se haga un esfuerzo extraordinario y conscientemente organizado con una visión de largo plazo (pero, ¿quién lo llevará a cabo?). En efecto, la práctica política y la institucionalidad del Estado funcionan bajo la lógica de una continua transacción de privilegios y la desvinculación con los sectores sociales, lo que no desaparecerá con estas elecciones.

Además, a excepción de ciertos eventos graves como una zancadilla jurídica o un homicidio, el próximo presidente será Manuel Baldizón. Porque ya “le toca”.

Aunque fue debido a una serie de condiciones propias de la elección pasada, los dos millones de votos en el torneo electoral anterior y una ventaja permanente en las encuestas, hacen que cualquier otro candidato la tenga muy difícil frente a Baldizón.

Invirtiendo suficiente dinero y enzarzándose en una entretenida, aunque bastante sucia y puede que violenta disputa electoral, es posible que otro candidato pueda ser el elegido. Pero ya pensar en todas las transas y componendas que tienen que usarse para este fin, dejan ver que la alternativa a Baldizón no sería mucho mejor. Basta observar el gobierno que tenemos.

Entonces, ¿qué hacer?

Si asumimos como criterio mínimo no votar por partidos de derecha financiados por los capitales tradicionales y emergentes (mafiosos pues), no votar por partidos ni candidatos señalados de corruptos o que reproduzcan prácticas poco democráticas y autoritarias, ya se ve que no hay mucho de donde elegir.

Quizás haya que des-encantarse de la pirotecnia política de este año y pensar en un futuro a más largo plazo.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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