Del premio nacional de literatura –o en la república de las letras el tuerto es el rey–

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En un país como Guatemala, donde las carencias son muchas y saltan a la vista, la literatura no es una de las cosas que más importan –y debería importar–; de ahí que la cultura oficial, no la del gobierno, la del país, la que difunde el sistema, está diseñada para ningunear todo lo que tenga que ver con arte.

Parte de la estrategia de tierra arrasada, sucedida durante los años del conflicto interno, fue terminar con todos aquellos que podían dar testimonio de lo que sucedía por medio de su literatura, fue así como varios escritores fueron víctimas de la violencia y la literatura sufrió una significativa fractura que todavía no ha sanado.

El terror de Estado obligó a que muchos escritores, lo que quedaron vivos, salieran del país y, al mismo tiempo, sobrevino un tiempo largo, de décadas, de silencio editorial que aún no ha terminado; pues las editoriales que actualmente existen, que son pocas, no han logrado consolidarse como proyectos auto sostenibles; quizá haya un par que sí, pero la actividad editorial es limitada.

Con toda esa historia de muertes y exilios, en 1988, en el principio de la “época democrática”, fue instituido el Premio Nacional de Literatura y se le dio el nombre de Miguel Ángel Asturias, el mayor de todos los escritores guatemaltecos.

El Premio Nacional de Literatura nació con la intención de reconocer el aporte fundamental que los escritores han hecho a la letras nacionales, por eso tiene que premiar el esfuerzo de toda una vida, porque el tiempo de la literatura es el tiempo de la vida. El premio no es un concurso de novela, cuento, teatro, ensayo, poesía, o cualquier otra forma de expresión literaria.

Desde que fue instituido el premio han sido galardonados 27 escritores. Algunos, los menos, lo han merecido, pero la mayoría no tiene obra que sustente tal designación. No se trata del número de libros publicados, se trata del aporte que hayan hecho a las letras. Por ejemplo, la literatura de Marco Antonio Flores –uno de los escritores que si lo merecieron, y con creces– marca un antes y un después, crea una ruptura con las formas modernistas, criollistas y, principalmente, las que refieren al realismo mágico, y con ello inaugura una nueva expresión literaria que será determinante para lo que vendrá años después. El de “el bolo” Flores es un mérito enorme, por eso merecía el galardón. Flores también es uno de los poetas mayores de las letras nacionales.

Entre quienes han recibido el Premio Nacional de Literatura hay algunos poetas, pero quizá solo Isabel de los Ángeles Ruano y Enrique Juárez Toledo tienen suficiente calidad en su poesía para merecer la distinción. Los demás son poetas menores, cuya obra no alcanzó el desarrollo suficiente para crear una ruptura. Algunos podrán decir que en la lista hay mujeres irreverentes, que causaron revuelo en su tiempo, pero es solo eso, un efecto temporal, que ya no impacta en los tiempos que corren. La poesía debe trascender a su tiempo.

Considerando solo los últimos ocho años, de los escritores premiados diría, sin titubear, que solo Enrique Noriega y Víctor Muñoz tienen obra que sustente el galardón que les fue concedido.

Algo malo hay en la forma de otorgar el premio, porque al estar obligados a entregarlo anualmente, se escoge a alguien cuya obra no tiene la suficiente calidad para ser reconocida. Además de que se reconoce a personas como Francisco Pérez de Antón que no es guatemalteco de nacimiento y a alguien como David Unger, que no escribe en español, cosas raras y que es necesario tener en cuenta.

No sé quiénes integran el Consejo Asesor de las Letras –los encargados de designar al ganador–, pero es obvio que deben revisar las normas o el reglamento que rige el premio, también es necesario que lo integren personas que tengan el criterio y el sentido común afilado, para no seguir otorgando el premio solo porque sí. El método actual denota prepotencia, pues se elige en base a quién sabe qué características y da la sensación de que en la república de las letras hay una tiranía en donde el tuerto es rey.

Lo mejor sería que el Ministerio de Cultura y Deportes antes de seguir entregando un premio que ni siquiera es suficiente para reconocer el trabajo de una vida –el premio en dinero apenas es de Q50,000, y a los primeros galardonados solo les daban un diploma– diseñe una política editorial coherente y que publique a más escritores. Con la difusión de la obra y con el paso del tiempo, quizá se llegue a tener escritores que de verdad merezcan que se les reconozca con el Premio Nacional de Literatura.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

10 comentarios

  1. Me parece bien la propuesta de que el premio pueda ser declarado “vacío” pero, como sabemos, eso jamás ocurriría porque algún escritor de “alcurnia” no tardará en jalar los hilos para manipular al “Consejo Asesor de las Letras” y comprar su premio.

    Por otro lado, me llamó la atención lo que decías de Isabel de los Ángeles Ruano pues una previa galardonada con este premio, Margarita Carrera, cuando se enteró que se lo dieron a Ruano consideró devolverlo. En lo personal, creo que Ruano se lo merecía por su calidad literaria y Margarita por su persistencia en las Letras.

  2. Acerca de su aseveración de que entre los poetas a quienes se les ha otorgado el Premio Nacional de Literatura, hay “mujeres irreverentes que causaron revuelo en su tiempo”, y a las que descalifica porque según usted su poesía ya no impacta (la poesía no es un revólver que suelte balazos) hablo por Luz Méndez de la Vega, quien infortunadamente ya no puede defenderse; por Maragarita Carrera, que sigue firme en sus trece. Ambas son poetas mayores de este país.

    En cuanto a mi persona, le copio textualmente lo que opinan al respecto en el libro Versschmuggel, publicado en España, 2006, por el Instituto Cervantes y por el Goethe-Institut : “Ana María Rodas (n.1937 Ciudad de Guatemala, Guatemala), poeta, narradora y ensayista, es considerada una de las grandes figuras latinoamericanas de la literatura de mujeres. En su poesía, sensual o acre, pero perdurable, denuncia la hipocresía de la opresión. Con su poemario ‘Poemas de la izquierda erótica’ escandalizó a la sociedad pacata y convencional y llevó al plano humano más íntimo la cuestión de la libertad.”

    Le deseo muchos éxitos en su profesión de contabilidad y auditoría. Ana María Rodas

  3. Cesar Ramiro García
    Cesar Ramiro García on

    Encuentro contradicción entre el séptimo y octavo párrafo. En el séptimo decís que sólo Isabel y Enrique Juárez merecen el premio como poetas, pero en el siguiente afirmás que Enrique Noriega, que también es poeta, también merece el premio. Por lo demás, aunque su obra posterior ya no fue tan relevante, sí considero que Poemas de la izquierda erótica sigue siendo un libro irreverente en un país como el nuestro tan lleno de mojigatos.

    • Fernando Ramos

      Si tengo que explicar los párrafos que decís lo más probable es que sí están enredados. El caso es que quise hacer la consideración de los últimos 8 años y ahí sí me parece que Noriega tiene obra que sustente el premio, comparado con los demás premiados.

      En el caso de Poemas de la izquierda erótica, arriba puse un link de un ensayo que escribí hace años, en el que expongo por qué no me parece buena poesia.

  4. Brenda Marcos

    Muy claro en lo que escribiò Fernando, no veo porque se tenga que sentir agredida Ana Marìa Rodas y contestar con sarcasmo sobre su profesiòn, si bien a mì ella me parece una excelente escritora porque sabe como armar los pemas porque fue valiente al publicar su poesía erótica no tiene porque aclarar nada. Ella tiene un lugar en literatura muy bien ganado.
    Si embargo, creo que hay muchos (algunos jòvenes) que pueden llegarle al premio quizà no tanto por trayectoria pero si por calidad literaria que hace énfasis en lo bueno, Vania Vargas me parece un excelente ejemplo. No sè donde leì que Francisco Nàjera rechazò el premio, èl me parecìa que tiene mas trayectoria que Unger y està màs relacionado con la realidad de Guatemala, que de paso también creo que es muy importante.
    Toca ver si el próximo año no se lo dan a Stephen King.

    • Fernando Ramos

      El tiempo de la literatura es el tiempo de la vida. No hay que apresurarse, la buena literatura es producto de la vivencia personal. No hay niños prodigio en la literatura, menos en la poesía, Rimbaud es la excepción a la regla.

  5. Ana María se porta grosera con el comentarista pero fue incapaz de citar otros libros suyos. Además, presenta como contra argumento, una opinión “impersonal” de un instituto… como diciendo “mire lo que los europeos opinan de mi persona”. Tiene todo el derecho de hacerlo, pero en el texto ni siquiera se le aludió por nombre. No pude terminar de leer ese poemario hace años por malo (sí, es mi opinión) aunque no soy contador ni auditor…

    Por otra parte, la mayoría de escritores galardonados con el premio nacional de literatura ni siquiera son “grandes” escritores latinoamericanos. Son pequeños escritores en su pueblo y aunque eso está bien, hace falta que reconozcan esa pequeñez y no se vean en el espejo retorcido de sus aspiraciones.

    Quizá a Ana María Rodas le pasa lo que a muchos escritores guatemaltecos: se aferran a aquellas buenas recepciones que en algún momento de su ya dilatada vida se les hizo a su obra. Escriban!!!!

    • Fernando Ramos

      A mí me parece que el mejor libro de Ana María Rodas es La insurrección de Mariana, que es poesía ya madura, que no tiene el afán de causar efecto.

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