Demandar lo imposible*

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Además de las multitudinarias manifestaciones que han estado ocurriendo desde aquel revulsivo 25 de abril, también se ha estado dando un trabajo de hormiga menos perceptible en diferentes colectivos urbanos y rurales. No es cierto que la sociedad civil no esté organizada, ya lo estaba en alguna medida antes de que se destapara el caso de “La Línea” y lo está ahora mucho más. Aunque algunos dicen que falta pasar de la indignación a las propuestas, la verdad es que la construcción de propuestas ya está ocurriendo y diversas acciones se están llevando a cabo.

Pero en medio de esta construcción de propuestas me siento un poco desubicada. Me inclino claramente hacia las propuestas progresivas, que buscan una sociedad más plural y equitativa pero también observo que la mayor parte –si no es que todas– están enfocadas hacia la reforma del Estado y acerca de esto concuerdo con OllantayItzamná en el punto que hace cuando critica que la finalidad de algunas propuestas no “necesariamente es superar el sistema neoliberal, sino hacer funcionar (reformar) el sistema político neoliberal (para que sigan gobernando los ricos).”

La teoría política tradicional identifica al Estado con unos fines considerados inherentes y objetivamente buenos: educar en la vida buena, contener el mal, garantizar los derechos individuales, dar seguridad.

En la práctica, sin embargo, el Estado es la cristalización de una hegemonía que siempre trata de ocultar su contingencia para poder así establecer un orden que, históricamente, siempre ha excluido violentamente a los sujetos que lo puedan amenazar. En el caso de Guatemala, la hegemonía ha estado por mucho tiempo del lado de una clase económica patriarcal y racista que se ha servido de una clase política para mantenerse. Esto es básicamente el Estado guatemalteco, ese que se quiere reformar a través de su misma institucionalidad. Y aquí resuenan fuertemente en mí las palabras de Audre Lorde cuando advierte: “las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo”. [1]

Con esa frase aún resonando en mi cabeza y corazón, me veo en medio de pláticas y reuniones en las que se habla de la reforma del Estado y de las acciones a tomar. Pláticas acerca de la LEPP, de si atrasar o no las elecciones, si llamar a una Asamblea Nacional Constituyente, entre otras ideas. Y sentada ahí, tengo la sensación de que hablar del Estado y su reforma es pedirle al amo que no sea tan mala onda, que no azote tanto pero que al final, seguirá siendo el amo. Pero, ¿cómo emanciparse del amo? No lo sé, no se me ocurre algo diferente, entonces la frustración y el pesimismo me embargan mientras la resignación comienza a surgir haciéndome pensar que tal vez, si el amo azota menos, si logra ser más buena onda, entonces ahí tal vez nuestra creatividad fluya más. Con ese pensamiento en mente sigo participando en las pláticas y reuniones.

No me quiero creer que este es el fin de la historia, que en la democracia liberal es a lo más que podemos aspirar. No creo en eso de institucionalizar la protesta, más bien se me hace un oxímoron. Haciendo el paralelismo con España: aunque se consolide un Podemos, el 15M no debe de extinguirse. Es decir, aunque surja un proyecto político institucional de corte progresista, este será ya parte del sistema por lo que irá corriéndose al centro, y es por esto que las protestas siempre deben seguir como forma de disenso, de contestación, de lucha que fiscalice, cuestione y proponga. Que rete constantemente a lo institucionalizado. No puede haber democracia de otra forma.

La protesta nos puede llevar a otros futuros que no sean la reproducción del presente y, parafraseando a Jacques Ranciere, lo que nos puede llevar a otra cosa distinta del presente es la constitución de otros focos de poder y expresión autónomos, que se mantenga y se renueven las formas de existencia de un poder que no sea oligárquico y que sea una presencia popular alternativa con respecto a la confiscación del poder de todos por parte del Estado.
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* El título está inspirado en una pinta callejera del Mayo Francés del ’68 que decía: “Seamos realistas. Demandemos lo imposible”.

[1] Lorde, Audre. (1984). Edad, raza, clase y sexo: las mujeres redefinen la diferencia.

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About Author

Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

5 comentarios

  1. Andrea: planteas las dudas e inquietudes de mucha gente.
    Con democracia se puede obtener autoridad; entendiendo autoridad como la otorgada por quienes obedecen y, entendiendo democracia como la decisión de la mayoría (mitad mas uno).
    El fantoche de democracia que nos han vendido las élites, viene desde los constituyentes; principiando con que el ejército es el garante de la seguridad interna, los alcaldes son electos por mayoría relativa (entre la cuarta y quinta parte del pueblo) y los diputados por manada.
    Esto es lo que permite que quien tenga dinero pague los primeros lugares.
    Si te pica la curiosidad visita https://www.facebook.com/omorangalvez

    • Andrea Tock

      Gracias por comentar. Veo la democracia más como un modo de hacer política -o política en sí- que como un régimen de gobierno. Creo que entenderla en ese sentido es interesante porque permite que los cambios que puedan ocurrir no se interpreten como el fin último, sino más bien como un proceso siempre en constante cambio.

      saludos

  2. carlos hernandez
    carlos hernandez on

    Duro pero realista. Parece que estamos condenados -o liberados, según se vea- a vivir en constante manifestación, aun si logramos alcanzar los espacios que buscamos. La reforma, dicha así, tendrá resultados parecidos a lo que se tenía si se fragua entre los mismos poderes de siempre. Pero si esos poderes se ven obligados a sufrir la presencia de grupos democráticos, algo surgirá, no la luz, pero sí menos oscuridad, creo.

    • Andrea Tock

      Precisamente. La presión y el desacuerdo del pueblo con la clase política debe seguir para ir cambiando las cosas. La forma en que han ido ocurriendo en las últimas semanas presagia una reforma del sistema, que se traduce como un re-acomodo de élites. Conseguir cambios profundos rápidamente solo ocurre en revoluciones que conllevan altos costos (regularmente, de vidas). Entonces, con el re-acomodo de las élites en el horizonte cercano, es necesario fortalecer la organización civil para que ese re-acomodo no sea tan cómodo para las élites, que éstas se vean forzadas a pactar, a que el amo azote menos.

      saludos,

  3. Ahora bien el problema radica en un fuerte conflicto con la realidad, y es normal… porque toda solución o razonamiento que se platee tiene que llevar un fuerte examen de realidad… si funciona en la realidad sin contradicción alguna, es un principio o verdad… ah y por supuesto es viable y valido para todos…
    .
    No se trata de Neoliberalismo, izquierda o derecha… o centrismos, progresismo y todos los ismos que es lo mismo todo… se trata de la realidad…y que manía mas horrible de tener la misma respuesta para todo!!!… citar y parafrasear para decir lo mismo, “el neoliberalismo, las elites tienen la culpa” y blabla… Eso es claramente evadir la realidad.
    .
    Hasta aburrido es este tema… y se perdieron 9 semanas,… se puede analizar desde otro espectro… aunque el hubiera no existe… se puede sacar lo bueno y lo malo… pero el desgaste era cuestión de tiempo, al no existir ideas concretas y factibles para todos (si para todos, incluso para los que saben mas de fútbol que de política)…. Ojo todo es, o eran propuestas a corto plazo y caprichosas, no ideas que obedecieran a una lógica, ideas contradictorias con la realidad.

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