Democracia desde abajo y desde la calle

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La historia reciente, no oficial en Guatemala, nos enseña que los pueblos y su permanente movilización y popular han logrado importantes avances, aún y cuando el impune y corruptor poder económico, político y militar se niega a la posibilidad de construir una nación y abandonar de una vez por todas la finca. Una de las más importantes movilizaciones sociales que permitió la profunda transformación del Estado fue sin duda la que culmina en la Revolución de Octubre de 1944.

Lo que conocemos de la Revolución de Octubre es que las movilizaciones de distinta índole arrancan desde mayo de 1944, que llevan luego a importantes movilizaciones en la Ciudad Capital, al punto que para el 25 de junio en una de tantas movilizaciones, particularmente del magisterio, las fuerzas de Jorge Ubico asesinan a la maestra María Chinchilla, lo cual acelera la renuncia del dictador, dejando en el cargo a un triunvirato del cual sobresale Federico Ponce Vaides. No satisfechas las demandas sociales luego de la dimisión, la población guatemalteca a través de distintos y diversos sectores sociales, gestan la Revolución que culminará el 20 de Octubre con una asonada militar. De ahí lo que se conoce como la Primavera Democrática de 1944 a 1954 y con una importante participación popular se organiza un Estado que beneficia a las grandes mayorías y arranca su senda de modernización.

Luego las ampliamente conocidas Jornadas de Marzo y Abril de 1962 emprendidas principalmente por estudiantes de educación media y universitaria contra la dictadura militar de Miguel Idígoras Fuentes, plagado de actos de corrupción, nepotismo y represión. La importante lucha social contra esta dictadura militar se desarrolló ampliamente en los departamentos de Guatemala (principalmente en la Ciudad Capital), Quetzaltenango, Chiquimula, Jutiapa, Retalhuleu, San Marcos y Huehuetenango. Estas jornadas aglutinaron a importantes sectores de la población tales como estudiantes de educación media, universitaria, obreros, campesinos, pequeños empresarios, mujeres, artistas entre otros. Esta movilización social y popular dio paso a otras formas de lucha que no culminaron sino hasta la firma de los Acuerdos de Paz.

Es ahora, frente a una rampante corrupción del gobierno militar de Otto Pérez Molina, así como a niveles de impunidad y de cooptación de la institucionalidad pública que la población indignada ha vuelto a tomar las calles, exigiendo la renuncia de las y los impunes y ladrones, pero también exigiendo transformaciones profundas al sistema político y al modelo de desarrollo impuesto por una élite política, económica y militar que ha dado como resultado pobreza, exclusión, racismo y violencia generalizada. Es por ello que se hace necesario que el movimiento social y popular alcance otros niveles de su movilización hacia una que articule, que profundice su demanda de transformación a partir de la construcción de una agenda política, económica y social clara. Esta profundización no debe temer a las voces que bajo el escudo del respeto a la institucionalidad pretende inmovilizar la acción social y mantener así el Status Quo que permite enriquecerse y ser privilegiado a costas de esquilmar el erario público.

De esa cuenta que hoy asistimos de nuevo frente a la historia a no permitir que los mismos impunes y corruptos de siempre la escriban. Por lo tanto, este movimiento ciudadano debe ser el heredero de la histórica lucha de los Pueblos en Guatemala por su liberación y la construcción del bien común. Es decir darle vida a las palabras que Manuel Colom Argueta refirió en torno a los hechos de 1962: “Marzo y Abril fueron gestas populares, hechos populares, en las que el nivel de organización logró una resistencia contra un sistema antidemocrático y represivo. Pero no es un hecho aislado, forma parte de un proceso histórico social que no ha terminado aún, frente a un sistema de dominación de una minoría económica oligárquica, subordinada al capital extranjero (que es el que se ha apropiado de Guatemala), que aprendió a usar técnicamente formas fascistoides de represión para coartar el desarrollo de la organización popular por la liberación de los pueblos”.

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Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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