Diálogos imposibles

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Buena parte de mi labor cotidiana consiste en participar de forma activa en una infinidad de reuniones de diverso tipo, la mayoría relacionadas con el sistema político y el Estado, para decirlo de manera muy amplia. Es imposible contabilizar la cantidad de reuniones a lo largo de los últimos diez años, sin embargo, lo que sí es posible es haber hecho un ejercicio de observación y reflexión de muchas de esas convocatorias, algunas complejas por los temas decisivos que se han de tratar, otras solamente informativas, algunas violentas y otras muchas reuniones, llevadas a cabo sin la plena participación de las personas. El hecho es que muchos de los procesos cotidianos de la vida, sean profesionales, políticos, sobre la economía o aún la familia, suceden en reuniones de diverso tipo, diariamente y de manera sistemática o no; pero ¿cómo nos desarrollamos en medio de una de esas?

La condición básica para la interlocución entre dos o más personas en medio del acto comunicativo, es el reconocimiento mutuo. Al ver el inventario de vicios y hábitos que suceden en un grupo que se reúne en torno a un objetivo, por mínimo o máximo que éste sea, se puede llegar a la determinación de que temas trascendentales para una sociedad completa o el destino de una familia, puede verse retrasados u obstaculizados, tan solo por el hecho de no escuchar al otro o incluso no escucharse a sí mismo. Los intercambios han dejado de ser verdaderos diálogos, para convertirse en monólogos egocéntricos que buscan la primera oportunidad para imponer su opinión o su posición. Los argumentos pierden consistencia porque se exponen en función del interés personal y no del máximo beneficio colectivo. Las reuniones resultan siendo individualidades que compiten y no un grupo que suma.

Para ver en perspectiva lo que expongo, tomemos de ejemplo las sesiones plenarias del Congreso de la República, lugar de diálogo (y debate) por antonomasia. Para empezar es clave no perder de vista que ese hemiciclo reúne a la representación de la sociedad en su conjunto, como resultado de la voluntad popular que habría depositado su confianza en cada legislador. El segundo aspecto relevante es una de las funciones del Parlamento, justamente la de legislar. El desafío salta a la vista; se supone que como resultado del “diálogo” entre ciento cincuenta y ocho personas, deben producirse leyes e instrumentos normativos que rigen o regirán los destinos de toda la población. Habrá de ser posible este reto tan sencillo pero tan complejo como es escuchar al otro y ser escuchado con el respeto y la atención debida?

Obviamente que una discusión legislativa o una reunión de negocios o simplemente una reunión de amigos, lleva implícito una serie de factores, muchos de ellos tácitos, sin embargo ninguna de las expectativas propuestas habrán de alcanzarse si el ejercicio básico de dialogo no se posibilita por la predisposición de alguno de los participantes. Pensemos en cuántas reuniones son una pérdida de tiempo pues los participantes repiten lo que ya se dijo; o abusan del tiempo, o aluden a temáticas fuera del contexto, llegan tarde o se van temprano, asisten sin participar, o discurren en halagos oficiosos. Pensemos en cuantas veces escuchamos al otro en vez de pelear por tomar la palabra para imponer nuestra verdad.

Vale más callar pero escuchar, que hablar sin ser escuchado.

 

 

 

 

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

1 comentario

  1. Estoy de acuerdo. Y agregaría un elemento: el estar en una reunión distraído por el mundo virtual. No me excluyó, es una auto critica. Hace unas semanas en una reunión alguien preguntó “¿quienes seríamos fuera de las redes sociales?”, medite al respecto, todavía lo hago. ¿Qué seríamos fuera del espejismo de la vida que construimos a través de parámetros que dicta un ordenador? Pero bueno, creo que el 2016 puede terminar con esta reflexión.

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