Diciembre, los convivios y la sobriedad

0

La vida de un abstemio por naturaleza* puede ser bastante aburrida, más cuando se ve obligado a asistir a reuniones sociales, de esas que abundan en diciembre, de esas que la gente llama convivios, principalmente los organizados por las empresas, a las que muchos asisten con la esperanza de ganarse alguno de los premios de la rifa, o para ponerse la papalina del año con el permiso de los jefes, total es la fiesta anual y ya se sabe que una vez al año no hace daño.

Estar sobrio y rodeado de ebrios no es una experiencia agradable. Claro que los ebrios se la pasan mejor, porque están en la misma sintonía y les pela todo y se vuelven sinceros y empiezan a decir cosas como: “Yo lo admiro mucho a usté porque yo quisiera tener la fuerza de voluntad para no echarme los tragos pero no puedo y después me arrepiento y luego no soporto la goma por eso yo a usted lo quiero mucho, pero ¿por qué no se echa un trago usté?, écheselo hombre, solo uno, no tenga pena hombre, con uno no se va a emborrachar ni que se fuera a tomar toda la botella dele hombre ¿o le pega su mujer? Le tiene miedo ¿vaá? Pero sabe qué, mejor no se lo eche porque no es necesario, aunque es rica esta babosada usté”. Y así se pasan lentos los minutos en las reuniones.

Nada de malo hay en ponerse una borrachera, o unas pocas, o muchas, o una todos los días, allá cada quién con su forma de divertirse, o evadirse de la realidad, o de pasarla bien. Que quede claro, no tengo opinión favorable o desfavorable en relación al alcohol y quienes les gusta consumirlo; es más, sé que al no hacerlo me he perdido de algunas experiencias. También me he perdido de fomentar relaciones de conveniencia y camaradería que florecen en la medida que la condición etílica se eleva.

Una vez en uno de esos convivios, había un chino –era de la China– que se empeñaba en hacerme tomar un trago y ante mi negativa se quedó viéndome con una de las miradas más serias y reveladoras que he recibido en mi vida, y con tono aguardentoso dijo: “Si tú no tomas licor tú no sirves. No hago negocios con los que no beben”. Frase contundente, que ya me la habían dicho antes muchas veces. Y bueno, son cosas a las que uno se acostumbra, y se asumen. Suele pasar que decisiones importantes de trabajo se toman en reuniones sociales en las que el licor está presente, y si el abstemio está ausente quizá se haya perdido de recibir algún beneficio.

Una ventaja de estar sobrio en un los convivios es que se puede ser testigo de los actos que después se convierten en anécdotas para contar eternamente, como cuando el mensajero la sacó la madre a la gerente, o el conserje quería bailar con la recepcionista, o cuando el gerente se dio color de que andaba con su asistente; o cuando alguien cualquiera, ya bien ebrio, le dice al dueño de la empresa que el aumento estuvo “pura mierda”, así le dicen, y luego al estar sobrio le va a pedir disculpas porque no quiere que lo echen.

Y así se pasa la vida del abstemio, tratando de evitar todas aquellas reuniones en las que se pronostica que los asistentes van a parar hasta los toles, bien azules, borrachos pues; y sufriendo la ansiedad de no saber si en la reunión a la que no asistió se ha tomado alguna decisión que lo deja fuera de algo bueno, o si simplemente se perdió el espectáculo del año protagonizado por cualquiera.

Dura vida esa. Por eso con toda sinceridad les deseo que disfruten su “Guadalupe-Reyes”.

 

*En realidad no creo que exista tal cosa como un abstemio por naturaleza. Es posible que el rechazo al alcohol se produzca por una experiencia traumática; es decir, es un trabe.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

Leave A Reply