Dime a quién admiras…

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Los guatemaltecos que terminan la adolescencia, como los que están comenzando su vida adulta, forman un grupo tan numeroso como interesante de observar. El nuestro es el país latinoamericano con más jóvenes. La edad promedio nacional es 21 años; un dato que hace enormemente importante lo que estos chicos piensen.

En general, con honrosas excepciones, estos muchachos no se inclinan por la lectura. Sabemos que en nuestro entorno un libro es un lujo, pero incluso para quienes pueden costearlo, no es una prioridad. Los guatemaltecos estamos entre quienes menos leemos en el continente.

Otra característica común es la apatía hacia los temas ciudadanos. En su mayoría no les interesa lo que ocurra en el ámbito político, al cual desdeñan con burla, sin reflexionar en lo mucho que incide ya en sus vidas y en cómo condicionará su futuro. Consideran los temas sociales y políticos como aburridos.

Estos muchachos son producto de un sistema de instrucción sumamente deficiente, que prioriza la memorización de datos inútiles para la vida y que no promueve el pensamiento crítico ni fomenta el debate. Todos ellos han pasado su vida escolar aprendiendo que el buen alumno es el que no cuestiona.

El acceso a nuevas tecnologías, nunca antes tan extenso, ha logrado que predomine la cultura del espectáculo, los textos breves que destrozan la ortografía y el triunfo de la forma sobre el fondo.

Cuando unimos todos estos factores al hecho de que muchos padres se concentran en trabajar para que sus hijos tengan lo mejor, podemos comprender por qué el énfasis está en poseer más que en ser. Si en casa no se habla de temas de nación, no se enseña a debatir adecuadamente, no se lee, no podemos esperar contrarrestar todas las fuerzas externas que atentan contra la capacidad de análisis de estos chicos que no son futuro, sino presente.

De ahí que no suene ilógico que respondan con admiración ante cualquier discurso mal articulado pero dicho con seguridad, a que se conviertan en entusiastas admiradores de figuras públicas sin contenido y que se unan con fervor a actividades que buscan atacar los síntomas, pero no las causas.

Una juventud acrítica y desinformada será buena consumidora y perpetuadora del sistema actual, pero no producirá las ideas y acciones para una prosperidad integral.
La capacidad de reflexión, el disenso respetuoso, el ver más allá de la superficie es una de las mejores herencias que podemos dejar a nuestros hijos y a este pedacito del mundo donde les tocó nacer.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

4 comentarios

  1. Alexander García on

    “que se unan con fervor a actividades que buscan atacar los síntomas, pero no las causas”
    Que bueno que el león juzga por su condición, usted es una de estas personas, que solo ataca sintomas y la situación pero no aporta para contrarrestar las causas. Con sus árticulos lo demuestra…

    Ah!, y ojalá algún día responda, a sus árticulos y los comentarios que dejan por acá.

    • lizrojasch

      Hola Ronald. Usted no sabe qué hago yo por las causas. Un regalo para usted: artículos no se tilda en la a. Feliz dìa.

  2. Andrea Ixchíu on

    Escribir, sensibilizar y generar debates, es ya una forma importante de acción. En una país donde el sistema educativo malforma para repetir y no para analizar, las columnas de Liz ya son un espacio para contrarrestar las causas que generan muchos males del país.
    Gracias por esta descripción de la apatía juvenil y nuestra carencia de referentes.

    • lizrojaschi

      Muchas gracias Andrea, viniendo de ti, una joven mujer a la que admiro por todo lo que hace, tus palabras significan mucho.

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