Discriminación nuestra de cada día

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Fue el Día Internacional del Trabajo.  Poco que celebrar en Guatemala, con escasa y mala oferta laboral y excesiva demanda, lo que permite a empresarios inescrupulosos contratar en condiciones de explotación o hacer simulación contractual para evadir prestaciones. Todo al amparo de un Estado que en lugar de preocuparse por las grandes mayorías, está diseñado para proteger a pocas cofradías.

Como si lo anterior no fuese bastante, las personas solicitantes deben incurrir en gastos, seguir procesos engorrosos que ya han sido descartados en otros países y enfrentarse a la discriminación laboral en sus diferentes caras.

Por ejemplo a M, joven de 21 años no lo contratan porque no tiene la experiencia necesaria, piden al menos 5 años, imposible tenerla a los 16 si aún se está estudiando. Pero a R, hombre de 51 años no le dan una plaza de piloto porque “le costará más que a un joven cambiar una llanta”. Los empleadores parecen querer personas entre 20 y 30 años, con sólida experiencia, pero no dan la oportunidad de hacerla.

L va emocionada a un proceso de selección de unos cafés con imagen moderna, solo para que en la solicitud tenga que escribir su talla y peso. A F, un jovencito recién graduado de la universidad, y quien cumple con todos los requisitos, no le dan un empleo porque vive en zona roja.

Tener tatuajes es descalificación de entrada para la mayoría de empresas. Parecen olvidar que los criminales más peligrosos lucen saco y corbata. Hay solicitudes que piden especificar si se tienen tatuajes y qué significan para la persona.  A P, profesional autónoma, un cliente le rescindió el contrato después de haber notado un tatuaje.

Ser mujer es factor de riesgo para obtener  trabajo.  Desde  la “excelente presentación”, que debe ajustarse a la belleza estándar vista desde óptica machista, hasta responder solicitudes preguntando si tiene novio o piensa embarazarse, hasta ser rechazada por chaparra o porque “necesitamos un hombre para el cargo”.

Quienes pertenecen a la diversidad sexual deben afrontar desde excusas burlonas hasta francos insultos e irrespeto a su identidad.  Ser persona portadora de VIH es una condena al desempleo.

Las creencias aunque el Estado sea de nombre laico, están presentes en los procesos de selección, desde colocar religión como ítem obligatorio, hasta exigir una determinada para el cargo.

De esta marea discriminadora no se salvan las ONG’s ni organismos internacionales. Han despedido a personas que han ayudado a formarlas, a una de ellas una mujer que ocupó un alto cargo le dijo como excusa: “Tú ya no estabas cómoda aquí”. Han incumplido leyes laborales, otorgado consultorías y empleos fijos por compadrazgos y no por calidad.

Si es indígena, tiene altas probabilidades de ser discriminado, pero si es mestizo puede experimentarla también. Si no viste su traje regional pueden descartarle, y si lo viste, también.

Los extranjeros residentes en Guatemala son discriminados por su acento, su aspecto, porque “mejor le damos ese trabajo a un guatemalteco”, por considerarlos arrogantes o por confundir su franqueza con grosería.

El mercado laboral tampoco brinda capacidad de reinserción. Por nimio que sea un antecedente legal o crediticio del solicitante, sirve para descalificarlo.

La necesidad es mucha y los empleos pocos, se entiende la poca denuncia  de los grandes atropellos, pero cuanto más nos animemos a exigir nuestros derechos, menos serán éstos violentados.

Artículo 137 bis del Código de Trabajo: Se prohíbe la discriminación por motivo de sexo, raza, religión, credos políticos, situación económica, por la naturaleza de los centros en donde se obtuvo la formación escolar o académica y de cualquier otra índole para la obtención de empleo en cualquier centro de trabajo.

Se entiende por discriminación: a) Toda distinción; b) Toda exclusión; c) Toda restricción, d) Toda preferencia. Basada en motivos de: Género, Raza, Etnia, idioma, Edad, Religión, Situación Económica, Enfermedad, Estado Civil, o cualesquiera otra circunstancia o motivo, razón que impidiere, o dificultare a una persona o grupo de personas, el ejercicio de un derecho.

Artículo 202, Ley Contra la discriminación y el racismo.

 

 

 

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

1 comentario

  1. Moisés Berducido on

    Bravo, BRAVÍSIMO. Un extranjero manifiesta su opinión de manera directa, y así es como debería de manifestarse una opinión laboral, de manera directa, sin “dorar la píldora” como lo hacemos los guatemaltecos (¿sabían que en Asia ocurrían más accidentes aéreos que en ninguna parte del mundo, por el respeto rayando en la idolatría a los superiores por parte de los subalternos?). Si una mujer viste su traje típico regional, no debería prohibírselo usar en su trabajo, excepto cuando es menester el uniforme (p.e., trabajar en un laboratorio, donde esa prendas pesadas son poco menos que inútiles). Ni la pronunciación, ni la orientación sexual son motivos para impedir un trabajo.

    Somos racistas y discriminadores, porque eso nos inculcaron en nuestra casa, la expresión “se monta en el indio” o “no seas indio” para tratar a alguien de necio lo dicen como si nada y en no pocas ocasiones, lo dicen los propios indígenas.

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