Discurso de odio

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El llamado padre de la propaganda nazi, Paul Joseph Goebbels, es el creador de una especie de decálogo que es la base para la formación de los agentes de inteligencia especializados en operaciones psicológicas mediante la propaganda.  Suelen formarse en la aplicación de los llamados “Once principios de Goebbels”, los cuales son en resumen, la síntesis de las acciones puestas en marcha por el oficial nazi al frente del Ministerio de Propaganda del régimen de Adolfo Hitler.

De dichos principios destacan los relativos a la llamada simplificación que no es más que invididualizar a una persona o grupo, haciéndole ver como el enemigo, asi como el de la “orquestación”, que es la repetición incansable de un reducido número de ideas fuerza. Esto último, fue la base de la afirmación de Goebbels, según la cual, “si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”. Tales principios fueron la sistematización del discurso desarrollado por el ministerio a su cargo y que sirvió para justificar las atrocidades del régimen nazi en contra de comunistas, judíos y disidentes durante la Segunda Guerra Mundial.

De manera que, si Goebbels viviera hoy día, con toda certeza que estaría orgulloso de sus pupilos chapines. En un lapso de tres años, el discurso del odio, esa amalgama de frases cortas, términos acuñados y llamados a la violencia, difundido desde organizaciones pro impunidad, ha ganado terreno en las redes sociales. Los argumentos que hasta hace unos años permanecían silenciados, de pronto dejaron el closet y emergieron a la vida pública para satanizar la labor de operadores y operadoras de justicia, denostar contra defensoras y defensoras de derechos humanos y negar, como lo hace el neofacismo en Alemania con el holocausto, la comisión de actos de genocidio y graves violaciones a derechos humanos en Guatemala.

Según los algunos biógrafos de Joseph Goebbels, este habría acumulado odio a partir de la suma de frustraciones que iniciaron son el primer rechazo del instituto castrense alemán. Goebbels fue rechazado porque se lo considero inepto para el servicio en virtud de carencias físicas que lo dejaban fuera del perfil requerido.

En el caso guatemalteco, tal pareciera que el liderazgo de los grupos impulsores del discurso de odio, tiene como base la formación directa o por contacto familiar, en el entorno de la doctrina contrainsurgente de seguridad nacional, que formula la construcción de un enemigo interno. Dos décadas después de la firma de los Acuerdos de Paz y de la finalización del conflicto armado interno, el avance de los procesos judiciales contra los sospechosos de perpetrar graves violaciones a derechos humanos ha desatado la marejada del rencor y ha levantado el telón de la ira enclosetada.

En un inicio fueron panfletos que reproducían los términos y argumentos de la campaña contrarevolucionaria que desde Guatemala apoyó la invasión norteamericana de 1954 que derrocó al gobierno constitucional de Jacobo Árbenz Guzmán. Tanto los argumentos como la disposición de imágenes parecían un calco de los pasquines financiados por la operación PB Success impulsada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Luego aparecieron los libros que siguieron la misma lógica “literaria” puesto que los redactores de dichos documentos fueron alumnos de las escuelas intervencionistas estadounidenses del siglo pasado.

Luego, durante meses, en perfiles reales y ficticios en redes sociales, se ha dado paso a la introducción de los términos favoritos del discurso de odio: vividores, escoria, lacra, parásitos, terroristas, comunistas, para todas y todos y lesbianas y feminazis para las mujeres. Del odio escrito han empezado a pasar a la agresión física. Y así como Goebbels usaba la provocación violenta en manifestaciones, sus herederos chapines también han agredido a trompadas a mujeres manifestantes contra la corrupción y por la justicia.  Todo, con el único propósito de proteger a los perpetradores de violaciones a derechos humanos, mediante la pretendida descalificación de aquellas y aquellos que estorban sus deseos de vivir y morir impunes.

Lamentablemente, el odio como discurso solo destruye y representa una amenaza gigante a la construcción democrática y a la estabilidad de la paz. Quienes lo fomentan solo inyectan veneno y estimulan un conflicto que vive solo en las mentes del atraso y la violencia.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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