Don Venancio y la fábrica de chocolatíos –5–

0

Milton y Widman eran hermanos. Como ellos había más trabajando en la fábrica de chocolatíos: Moncho y Ramiro; Jacobo, Pancho y el viejo, también eran hermanos; había otros más, los míos, por ejemplo, dos hermanos y dos primos.

Casi todos los trabajadores de la fábrica éramos gente que vivía un poquitío encima de la línea de pobreza y otros por debajo; pero más de algunos eran patojos de clase media, incluso había uno que otro que vivía de forma acomodada, como Moncho y Ramiro, que además eran ahijados de don Venancio, entonces ellos eran niños bien, con papás que tenían pisto, y se notaba, porque llegaban vestidos con ropa y zapatos caros.

Otros que aparentemente no tenían necesidad de trabajar eran Milton y Widman. Vivían a la vuelta de la fábrica y sus papás eran dueños de un negocio de venta de queso y crema, además andaban en carro y en su casa había línea telefónica, algo que en aquella época solo la gente de billete podía tener. Widman era todavía niño, si mucho de 13 años, Milton ya era jovencito, de unos 17 años. Al pequeño le pelaba andar con la ropa manchada o los zapatos shucos, en cambio el mayor siempre llegaba bien vestidito, con camisas de manga larga y zapatos formales, y bien perfumado.

En la fábrica era inevitable mancharse la ropa, por lo que la mayoría utilizábamos ropa vieja para trabajar, algunos solo nos poníamos otro pantalón y otra camisa encima. Milton, en cambio, era meticuloso, en cuanto llegaba se quitaba la ropa que llevaba puesta y se ponía otra mudada, hasta los calcetines y zapatos se cambiaba. Su principal preocupación era que su ropa no se ensuciara y agarrara mal olor, también era de los pocos que se echaban perfume y desodorante –los otros éramos patojos cochinos–. Al final del día se limpiaba y se ponía de nuevo la ropa limpia, para estar otra vez catrín. Era el mismo ritual todos los días.

Don Venancio pagaba semanalmente. Todos los sábados al finalizar la jornada llamaba a uno por uno y en efectivo nos daba lo que hubiéramos ganado desde el lunes. Con Milton y Widman sucedía algo extraño. Resulta que ya con el pisto en la mano, juntaban lo de los dos y Milton lo guardaba. Pero no era que le quitara el dinero al hermano menor, aquello era temporal, solo mientras llegaban a su casa y se lo enseñaban a la mamá. Sucedía que a ella no le gustaba que Milton, siendo ya un jovencito, trabajara en la fábrica de chocolatíos, entonces le decían que el hermano mayor trabajaba como vacacionista en un almacén de la zona 1, y por eso sumaban lo percibido por ambos, porque era lógico que en el almacén se ganara más que en la fábrica. También por eso era que Milton trataba de no ensuciar la ropa, para que la madre no sospechara que su hijo mayor, en realidad, trabajaba envolviendo dulcitos.

El engaño duró varios años, quizá ya grandes Milton y Widman confesaron a sus padres que los dos trabajaban en la fábrica y que simulaban que el hermano mayor recibía más dinero y que nunca fue empleado en algún almacén. Nunca supe si contaron la verdad.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

Leave A Reply