Doña Thelma y Don Ivan

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La garantía de la independencia de poderes dentro del Estado guatemalteco es un marchamo que se ha roto sutilmente; si fuera de metal se diría que la corrosión ha vaciado por dentro el material institucional y solo queda la chapa a punto de romperse de nuevo. Sin duda el Ministerio Público es, bajo el marco constitucional nacional, uno de esos seguros que aún quedan indelebles pero no tanto. Si se piensa detenidamente en sentido histórico al Estado, lo que se reveló en este año se puede abstraer es una imagen pervertida de abuso y expolio. En ese marco dantesco de complejas marañas de poder y oscuras ambiciones conservadoras de actores ilícitos, toma sentido perfecto el apoyo externo de don Ivan y el equipo de CICIG al Ministerio Público. Para decirlo de otra forma, la relación parasitaria simbiótica entre redes, funcionarios, diputados, o cuanta forma haya, y el Estado, ha tomado una forma infecciosa depredadora. El huésped (Estado) no percibe el daño porque el parásito que vive dentro ha mutado entre sus órganos (instituciones).

Ese es el escenario adverso en el cual actúa la Fiscal Thelma Aldana y el Comisionado Ivan Velasquez, un cuadro virulento que se defiende y reacciona. Si bien el año 2015 se puede considerar como un éxito en la lucha contra las fuerzas del mal o incluso un triunfo de la democracia sobre la corrupción, es de ingenuos pensar que el trabajo está acabado. A pesar de que, como señala de manera aguda Anita Isaccs en La democracia en Guatemala va por mal camino, “la estabilidad de la región es imperiosa para todos especialmente para los diplomáticos estadounidenses” la misma aún dista de profundizarse y consolidarse. Algo que se trastocó y se pervirtió por décadas no se puede limpiar y estabilizar en un año, apenas es un comienzo haber encerrado a un presidente y su corte de parásitos, o haber desmantelado redes de lavado y defraudación. Apenas la sociedad guatemalteca probó el sabor y el beneficio de la independencia del poder judicial.

Los desafíos para la Fiscal y el Comisionado son de distinto tipo, aunque ambos tienen el común denominador de lo que apuntaba, ampliar el arraigo, la estabilidad y la independencia de la justicia en Guatemala. La Fiscal Aldana debe sortear en primer lugar la conclusión de su mandato; y para ello se requiere entre otras cosas el concurso de los diputados para que aprueben una reforma a la Ley Orgánica del Ministerio Público, especialmente en lo referente al artículo 14, para evitar como dice actualmente que “el Fiscal General pueda ser removido por la condena o por la comisión de un delito durante el ejercicio del cargo y el mal desempeño”. Esto a su vez evitaría la tentación prerrogativa que tendría un Presidente de remover de su cargo al Fiscal General. El factor de enmendar la norma a su vez debería ser acompañado o fortalecido por al menos los siguientes dos ajustes: la supresión de la figura inútil del Consejo del Ministerio Público y el fortalecimiento del régimen disciplinario interno para favorecer por un lado la estabilidad del funcionario y por otro, la depuración de ser necesaria.

El otro desafío para la Fiscal es de orden financiero. Es imperativo que las entidades involucras en la cartera financiera aseguren los Q1,823 millones que requiere el MP. El dilema no es menor ante la decrepitud de recursos que enfrentan las instituciones públicas, pero tampoco se puede caer en la trampa de escoger entre recursos para la justicia o para los hospitales. Y sobre este reto, el Comisionado Velásquez se ha apuntado una atinada, aguda e inteligente sugerencia en el sentido de proponer la posibilidad de un impuesto provisional destinado con exclusividad, a fortalecer la institucionalidad de la justicia. Su voz de tono dulzón y casi inocente, envolvió perfectamente una propuesta de pertinencia completa que interpeló de frente a los poderes de mustia raigambre en el país, ¡ah! quieren seguir probando el sabor de la justicia independiente, pues señores todo poderosos, a pagar por ella, a poner sus granos de arena. Los representantes del gran capital se han ido con la finta como se suele decir, y en primera instancia quedó revelada la contradicción entre sus palabras y sus acciones, su poca disposición y compromiso para con el Estado, ergo la contradicción entre su carácter de élite o de oligarquía.

La propuesta del Comisionado fue expresada en su mejor momento y quedo dotada de legitimidad e independencia, y para suma el presidente electo J. Morales parece que la hará suya. Le toca a la CICIG el reto de apoyar sin figurar, ni tan cerca que opaque al MP ni tan lejos que se convierta en solista. Los retoños de democracia en Guatemala son aún débiles, requieren ser abonados con recursos políticos, independencia, institucionalidad y compromiso de élites. Las primaveras de Oriente medio ofrecen una lección que debe ser comprendida en su dimensión temporal y espacial. Un Gobierno sin experiencia que surge en estas condiciones de apariencia primaveral, ofrece la oportunidad de observar quién opera en la opacidad y quién actúa con honestidad. Ese es el escenario inmediato para don Ivan y doña Thelma, el de consolidar los pilares de la independencia judicial en medio del ojo del huracán.

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Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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