Dos luces entre las sombras

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En un país en donde la cotidianidad es la violencia o, como se ha visto recientemente, la corrupción y el latrocinio, los motivos de satisfacción suelen escasear. Lo mismo sucede cuando se ve desfilar por los titulares de prensa la lista de funcionarios de alto nivel, enchachados o porque renunciaron debido a  a comisión de delitos o por sus vínculos con el crimen.

En ese mar de vergüenza, el oleaje de la dignidad social y ciudadana ha movido a miles para reclamar los cambios, los reales no los de campaña electorera, que modifiquen el estado de cosas. Cambios que, como bien se entiende, no llegarán de la noche a la mañana y no habrán de hacerlo por arte de magia sino por esfuerzo colectivo.

Mismos que cuando algún día se consoliden, pintarán otro paisaje de la realidad social en Guatemala. Mientras tanto, sin embargo, es necesario aprovechar cada resquicio de disfrute que se abre o se presenta y que puede contribuir a formar conciencia social, a ofrecer una vía distinta de convivencia y encuentro.

Así lo han entendido quienes impulsan una versión extraordinaria de la Huelga de Dolores. La antañona tradición de desfile bufo que en su anunciada aparición para el 1 de agosto, promete regalar a la sociedad un espectáculo de sátira política que pinte el momento presente.

Será una edición especial, tanto porque se realiza fuera de la época en que tradicionalmente se lleva a cabo, como porque en el decir popular, tiene material en paleta. ¿Se imaginan las comparsas y las carrozas alusivas a la línea, las redes, el IGSS-Pisa, el ecocidio en el río La Pasión, el “agüita” de Amatitlán, el desfile de niños desnutridos, las plazas fantasmas, las tranzas de Z-gas o Jaguar Energy? Ya pueden empezar a disfrutar de las imágenes de campaña con la doña del bisturí o el candidato carnicero, o el copión al que no le toca.

Reírnos de los políticos y evidenciar desde la denuncia social, los juegos sucios del poder y de la corrupción, es una forma también de fomentar la conciencia para el cambio. De allí que la iniciativa estudiantil sea totalmente saludable y esperada, ya no como agua de mayo, sino para que de verdad, como pueblo, aunque sea una vez, podamos hacer nuestro agosto.

Pero allí no acaba todo. El 16 de julio arranca la XII edición de la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA), la cual, durante diez días ofrecerá otra parcela para el disfrute. Una vez más, en un espacio dedicado a la promoción de la lectura habrá la oportunidad de encontrar y encontrarse con las letras. La FILGUA reunirá a quienes escriben, publican, distribuyen y leen.

El titánico esfuerzo que representa organizar una feria anual del libro en Guatemala, es un indicio claro del rumbo en los intereses del régimen. Un sistema que abre cuarteles y cierra escuelas, expone claramente cuáles son sus prioridades. De tal suerte que, bien vale la pena darse la vuelta por la feria, tan solo para llevar la contraria a quien busca quemar los libros a fuerza de aprisionar las ideas.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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