Dos meses de Moralejas: entre limosnas y psicosis

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Hoy se cumplen dos meses de Jimmy Morales en el cargo; el saldo no puede ser más descorazonador: incapacidad manifiesta, ausencia de planes y estrategias, decisiones desacertadas, deficiente equipo que le acompaña y una personalidad narcisista que se queda en la pompa y el discurso flojo y sentimentaloide para apelar a un nacionalismo de opereta.

Los peores pronósticos referentes a su gestión se han quedado cortos. Se preveía que iba a ser una figura decorativa y que otros poderes tomarían las decisiones. Ciertamente ha resultado un dócil títere ocupado en figurar y fingiendo gobernar. Solo sus titiriteros nacionales y extranjeros pueden estar satisfechos de estos 60 días marcados por la mediocridad y el chapuz.

A dos meses de tomar posesión un gobierno que concitó las esperanzas de tantas personas que le confiaron el voto, se vive un estado de psicosis generada con toda intención para lograr fines perversos. La mayoría clama por una pena de muerte que no resolvería ningún causal de la violencia y derrama toda frustración en insultos hacia los pandilleros, que no son más que el último eslabón del crimen y el “demonio mediático” preferido, como bien los llamó Marcelo Colussi. Qué fácil y conveniente romper la pita por lo más delgado y olvidar quiénes mueven los hilos del crimen y la corrupción. Empresas de seguridad privadas manejadas por militares, partidarios de la represión como medida de control social y grandes empresarios corruptores y evasores, no son mencionados en este río revuelto donde lo que importa es combatir la violencia con el asesinato legalizado.

Mientras tanto, el gobernante apela a la caridad de los ciudadanos, para que donen todo lo que por obligación constitucional el Estado debe proveer, mientras recuerda que su bienamado ejército está construyendo caminos rurales, dando charlas de educación sexual y ahora fabricando escritorios, es decir, haciendo  cualquier cosa menos la función que la ley le asigna. La campaña por lavar la cara a los milicos cuenta con el decidido respaldo presidencial. Ya se sabe que un asimilado es más devoto de la milicia que un uniformado.

El hombre que llegó a la presidencia con la bandera de la transparencia come a diario en casa presidencial viandas carísimas, viaja continuamente en helicóptero con lujosa comitiva, anuncia en nocturnidad cargos claves, se molesta si le cuestionan, viaja al norte a rendir cuentas y termina cada una de sus intervenciones con un “bendiciones”  que  ya nadie cree. Ora en el parque con evangélicos, pide que venga el Papa, dice que no hay dinero porque “no quieren pagar impuestos” y felicita a sus ministros, a pesar de que en los dos primeros meses ejecutaron el 6% del presupuesto anual y sin resultados apreciables. Recita malamente una historia en lugar de dar discursos y trata a sus audiencias como idiotas, haciéndoles repetir frases como: “No te des por vencido ni aún vencido”.

Apenas son los primeros 60 días de una gestión tan circense como las cortinillas doradas con que se anuncian los videos de gobiernos. ¿Qué podemos esperar de todo lo que nos falta?

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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