Dos Presidentes y un país

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Todo parece indicar que se hace realidad aquella percepción expuesta por los sesudos “analistas políticos” en torno al Congreso, y que supone el cambio de centro de masa de la política guatemalteca, de la 6ª. Calle a la 9ª. Avenida en el Centro Histórico. El sistema político guatemalteco es de característica presidencialista y semi parlamentario; es el Congreso el que le da posesión del cargo al presidente del Poder Ejecutivo y una de sus funciones singulares es la de emitir el decreto del Presupuesto de Egresos e Ingresos de la Nación.

La llegada de un diputado con las características de Mario Taracena acelera seguramente la transposición del eje del poder político del Poder Ejecutivo al Legislativo. No se puede dejar pasar el hecho de su recorrido político: miembro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1984, diputado al Congreso de la República a través del partido UCN desde 1986 a 1993; luego por el PAN de 1995 al 2000 y finalmente en la UNE desde el 2004 hasta la actualidad. Se diría que el nuevo Presidente del Congreso se ha gastado media vida en este poder del Estado, y como tal conocerá seguramente los más recónditos pasillos del poder que ejercerá.

Y si además agregamos que el bloque oficialista es minoritario y sin experiencia, contra el tamaño del bloque opositor de la UNE al que representa Taracena, tenemos un escenario en el que muchas cosas se cocinarán sobre la avenida y no sobre la calle. El contraste entre presidentes se empezó a notar desde el catorce de enero. Uno fue emotivo y de referencias religiosas o bíblicas, mientras que el otro fue pragmático y tremendamente político. Uno dijo qué, pero el otro dijo cómo. Uno es presidente que se estrena en la política, mientras que el otro quizá se ha formado tres décadas para asumir este rol.

Ya algunos analistas han empezado a resaltar esa diferenciación, la cual se refleja por los hechos. La bomba que explotó la semana pasada al conocerse los montos con todo y rostros de los trabajadores del reglón 011 del Congreso, le sirve a Taracena como la ola perfecta que solivianta los ánimos y la crítica pública, lo que a su vez justifica plenamente la intensión de cambiar las reglas del juego en el régimen interno del Legislativo. En cambio Morales en la misma semana era objeto de detracciones ante los señalamientos hacia una de sus ministras, específicamente Sherry Ordoñez, por reparos ante la SAT, cerrando con una pequeña crisis militar que implicó la destitución del General Alfredo Sosa, Jefe del Estado Mayor, segunda jerarquía justo detrás del Ministro de Defensa, por una acusación que pone en entre dicho el orden de mando en la institución castrense.

Uno ofreció bonitas sorpresas y el otro irrumpió con bombas. Al parecer, Taracena adopta la siguiente ruta: primero limpiar la casa, lo cual pasa por reformas a la Ley Orgánica del Organismo Legislativo; segundo aclarar las calles del barrio, eso implica llevar a puerto el barco de las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Una vez estable el vecindario, puede seguir con cambios de dimensión de Estado que pueden pasar por la agenda legislativa en materia de seguridad y justicia, además los temas pendientes que previenen y blindarían al Estado de la corrupción, y si el Presidente Taracena quiere hacer un juego perfecto, podría ser el promotor de cambios en la legislación en materia del modelo económico y de desarrollo social.

Seguramente es improbable que forme parte de su proyecto político legislativo, cambios a la estructura económica de este país, porque Taracena es un político de Estado pero sus valores son conservadores y como tal no será capaz de cuestionar la historia, como si lo hace su primo, el historiador Arturo Taracena, que ha discurrido de manera profusa sobre el estructura garantista de político y lo jurídico en el Estado guatemalteco, basada en la hegemonía del poder oligárquico.

Sin embargo los cambios que al parecer se han trazado ya, son significativos porque podrían atender la urgencia de una reforma política que encauce en primer lugar la evolución de los actores naturales de la democracia, a los partidos. Esos cambios son los mismos que reclama “la plazocracia” como suele aludir Taracena a las manifestaciones que fluyeron en el año 2015, y que este año parecen estar listas y vigilantes ante el primer error de los políticos.

Claramente la tarea no será un camino de rosas sino uno de terracería. El primer desafío lo constituyen los mismos poderes dentro del palacio legislativo; un segundo factor puede ser de oportunidad y lo constituye el manejo del apoyo público. Por otro lado, jugarse la carta del apoyo internacional supondrá el cumplimiento de compromisos del Estado en materia de justicia, anticorrupción y seguridad.

Finalmente, Taracena y Morales probarán y mostrarán su compromiso con el país cuando sea la ocasión de solicitar recursos para la obra pública, en ese momento no cabrá duda de que hay dos presidentes pero solo un país.

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Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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