Educar de otra forma

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La educación es un campo en disputa. Es a través de ella que las sociedades forman a sus nuevos cuadros. No creo mentir cuando digo que educar es una actividad profundamente política.

Exigir que se destinen más fondos para la educación, es una demanda frecuente que se le hace al gobierno, pero escasamente se discute qué tipo de educación se debiera implementar. Oigo a muchos demandar más cobertura educativa, que se construyan nuevas escuelas y que se mejoren las condiciones físicas de las ya existentes, pero rara vez oigo que se hable sobre lo que implica la educación formal o siquiera sobre los contenidos del curriculum nacional base.

La educación en Guatemala es conservadora, pero no a lo Pink Floyd, sino de una forma más sutil. Lo que se enseña en muchos establecimientos del país es una educación que tiene como objetivo principal el que los “individuos” se “superen a sí mismos”. El valor principal es la competitividad. Que lleguen de primero a la meta (como la imagen que acompaña este texto). He ahí porqué ser el primero de la clase y tener las mejores notas se premia.

Desde pequeños se les aplican a los sujetos tecnologías del yo [1] que actúan sobre su subjetividad para que se autogobiernen y busquen la excelencia educativa que les asegurará en el futuro un mejor empleo y un mejor salario.

La empatía, la solidaridad y el pensamiento crítico raramente son promovidos en los colegios y escuelas del país. Tampoco suelen ser estos los criterios que se usan al pensar en dónde inscribir o inscribirse.

Hace unos días me topé con un artículo sobre la Normal Rural de Ayotzinapa, que desde hace casi un mes ha visto reducida su población estudiantil debido a la cruel desaparición de 43 de sus estudiantes. El artículo no es un análisis político sobre lo sucedido (sobre eso hay muchos otros), sino más bien da cuenta sobre las precarias condiciones en que viven los estudiantes, pero también sobre la extrema importancia de estos en la vida de su comunidad. Una escuela con un nivel de organización política y participación social enorme a la cual, difícilmente, otra escuela en México se le compare.

Termino de leer ese artículo y veo que hay alternativas al modelo de educación dominante. Tal vez una educación similar a la de Ayotzinapa es la que deba ser promovida para ir desmontando las relaciones de opresión en la sociedad. Ir formando nuevos cuadros para una sociedad nueva. Construir una realidad menos opresora.

Reconozcamos que la educación en Guatemala es pésima, y no solo por los resultados de los exámenes estandarizados y la poca producción académica, sino también por su continua reproducción de sujetos poco críticos y poco empáticos. En la disputa por la educación, se debe motivar a preguntar y no solo a repetir conocimiento.

Es importante estar atento a las sutilezas del poder. No siempre se manifiesta de una forma autoritaria, sino muchas veces, a través de nuestros deseos y anhelos. Esto es lo que la educación dominante en Guatemala ha logrado; convencer a las personas a superarse a sí mismas, tratando de ocultar la importancia de las estructuras sociales en sus vidas, haciéndolos completamente responsables de sus condiciones materiales y apartando la mirada de una perspectiva más integral y global de

la realidad. He ahí porque el famoso discursito de que “los pobres son pobres porque quieren” ha logrado diseminarse tan eficazmente.

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[1] Foucault llama “tecnologías del yo” a aquellas que “permiten a los individuos efectuar, solos o con ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, sus pensamientos, sus conductas, su manera de ser; es decir, transformarse con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, de pureza, de sabiduría, de perfección o de inmortalidad” (Foucault: 785)

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

4 comentarios

  1. Alexander García on

    Muy buen análisis . Totalmente de acuerdo. En nuestra sociedad necesitamos una educación integral, actualmente se crean individualistas.

    Saludos.

  2. Felicidades por llamar la atención a la importancia de examinar los propósitos y medios de la educación, antes que sólo al volumen de sus recursos (aunque ello no implica que no se necesiten esto, y mucho). Una de las profundas ambigüedades de la educación es, precisamente, que puede ser activamente dañina, dependiendo de lo que se quiere conseguir con ella, de modo que en casos calificados, más recursos para educación podría ser más daño que bien.

    A la vez, y quizá porque me ha tocado estar bastante cerca al Currículum Nacional Base de Guatemala en los últimos 2 años, debo argumentar que es notablemente de avanzada. Consideradas las debilidades nacionales, es un sorprendente y paradójico ejemplo de continuidad de políticas progresivas en un contexto de desastrosa inestabilidad, que intenta (y logra bastante bien) dar espacio a las aspiraciones que se colaron en el debate político a partir de los Acuerdos de Paz y del 5to centenario de la invasión europea a la América precolombina. El problema más bien es por exceso: su alcance es muy ambicioso, sus expectativas demasiado teóricas, y la presunción de pericia docente sobre el que está construido escasamente es sostenida por la realidad en las aulas y las escuelas. Hoy el reto es doble: desarrollar docentes capaces de sacarle el jugo al CNB, y concretarlo en recursos viables.

    • Andrea Tock

      Ese punto acerca de que la educación puede incluso ser dañina, es lo que me interesa. Educación como la que describo ahora, educación autoritaria o educación propagandística. Por eso es que veo ahí una actividad profundamente política. La educación puede ser opresora o liberadora o un poco de ambas.

      El CNB me parece que debiera ser uno de los temas más importantes a debatir cuando se habla de política, sin embargo, muy escasamente se hace. Me parece que ahí se encuentra un gran potencial transformador.

      Saludos,

  3. Mayra Figueroa on

    Un excelente artículo con un hilo conductual impecable que parte de visibilizar el impacto del sistema educativo guatemalteco que construye ‘sutilmente’ una idea aspiracional fundamentada en la ‘superación personal’ y visión individual que logra perpetuar el ejercicio del poder de la élite, es claro que no existe el fomento de valores de solidaridad y empatía mucho menos el juicio crítico que daría paso a que las nuevas generaciones se hiciesen preguntas y trataran de responder a ese por qué? Si eso pasase otro gallo nos estaría cantando. Ayotzinapa no, no somos Ayotzinapa.

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