Educar para no abortar

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Imagine darle un automóvil a un chico de 14 años para que lo conduzca sin haberle dado ninguna instrucción previa. Emocionado, querrá intentarlo. Como es previsible, choca, puede que causando daños permanentes para otros y para sí mismo.

¿Sería prudente avergonzarlo por lo que hizo, señalarlo y condenarlo? ¿Es el adolescente el principal responsable de lo que ocurrió?

Pues es eso justamente lo que pasa cuando una mujer, adolescente o niña vive un embarazo no deseado. El estigma con el que vivirá el resto de su vida es una carga inmensa en esta sociedad que sataniza en lugar de prevenir.

Tal parece incluso que el embarazo fuera solo cuestión de ella: “Quedó embarazada”, “resultó embarazada”, o “la dejaron embarazada”. Se descarga automáticamente toda responsabilidad del padre y se le alaba cuando decide “hacerse responsable”, como si no fuese su mínimo deber.

Porque en esta sociedad misógina los hombres que evaden las consecuencias de sus actos quedan impunes. No pertenece a ellos la preocupación por los cuidados prenatales, compartir la incertidumbre del parto, ni menos la responsabilidad de toda una vida que implica traer un hijo a este mundo. Que vea la mujer cómo sale. Hasta le brindan al fugitivo el consuelo: “A lo mejor no es tuyo”.

Como si fuera poco, iglesias y sectores conservadores de la sociedad inciden de manera efectiva para que las políticas públicas nieguen la educación sexual laica y científica y el acceso gratuito y/o de bajo costo para la mayoría de la población.

El presidente Pérez se jacta de que “Somos un país conservador”. Uno en el que la mitad, sí, la mitad de las menores de edad, tienen que enfrentar un embarazo no deseado, muchas veces sin apoyo suficiente. Eso sí, lo que sobran son dedos que las señalen.

Y si deciden tener un aborto, ilegal y por lo tanto peligroso para su vida, pueden caer en manos de charlatanes que están interesados en lo poco que ellas pueden pagar. Conste que esto es solo para chicas pobres. Las otras, como toda la vida, seguirán abortando en clínicas de lujo y sus padres dirán: “La nena anda de viaje”.

Todos los que señalan con el dedo acusador a una mujer que aborta no la acompañarán en su angustia, no le brindarán lo que necesite, ni le resolverán las múltiples situaciones a las que tendrá que enfrentarse si decide tener el bebé

A nadie le gusta abortar. Nadie proclama que el aborto sea solución

Es urgente que este país proteja a las niñas, adolescentes y mujeres y les dé clases de manejo y cinturones de seguridad. Veremos entonces cómo disminuyen los choques y sus dolorosas consecuencias.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

6 comentarios

  1. ¿No sería más apropiado, “Educar para DECIDIR”?
    Entiendo y comparto las ideas de su artículo. Pero creo que al final la educación integral en sexualidad, debería ir orientada a que las niñas, adolescentes y mujeres en general puedan decidir sobre su cuerpo y tomar decisiones conscientes y fundamentadas. De igual forma, aplaudo la iniciativa de colocar el tema sobre la mesa.
    Saludos.

    • lizrojasch

      Gracias por comentar María José.
      No creo que la experiencia de abortar sea grata para nadie, especialmente cuando se puede prevenir. Eso sería similar a decir: Eduquemos para que el que chocó decida su tratamiento.

  2. Nelly de la Torre on

    Los embarazos no deseados y por violencia, es un tema que la sociedad en conjunto tiene que admitir y sumar esfuerzos para prevenirlos a toda costa. Las niñas, adolescentes y adultas tienen el derecho de tener una vida digna y sin remordimientos ni señalamientos.

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