Ejercicios de memoria

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Fotografía: Édgar Ruano Najarro

Los responsables de las gravísimas violaciones a derechos humanos durante el conflicto armado interno se están muriendo. Muchos de ellos sin enfrentar la justicia por los crímenes cometidos, en tanto que otros invirtiendo recursos poderosos y millonarios para quedar en la impunidad. De ahí que la memoria individual y colectiva sea una necesidad imperiosa a fin de no borrar de las páginas de la vergüenza los nombres de los asesinos.

De igual forma y más importante aún, es necesario mantener viva la memoria de quienes fueron víctimas de la perversa política de Estado que definió como enemiga a la propia sociedad. En ese ejercicio obligado, cada noviembre aparecerá también el nombre de Marco Antonio Ciani García, estudiante de derecho y dirigente estudiantil.

Ciani, como solía ser llamado, hizo periodismo estudiantil en la educación secundaria. En la universidad, estudiaba Derecho y formaba parte del Bloque Estudiantil Organizado (BEO), que integraba la Alianza Democrática y Progresista FRENTE. En su facultad y junto a los integrantes del BEO, Ciani participó en actividades relativas a la defensa y protección de los derechos del estudiantado, así como del movimiento social (popular, sindical, de barrios, juvenil y campesino). Marchó junto a quienes reclamaron sus derechos en los años 76 al 78, en largas caminatas de protesta.

En 1978, fue electo secretario de Organización, de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). De acuerdo con los estatutos de la AEU, quien ocupase la Secretaría de Organización hacía las veces de sub Secretario General por lo que sustituía al mismo. De manera que, luego del asesinato de Oliverio Castañeda de León, el 20 de octubre de 1978, Ciani asumió la Secretaría General de la AEU. Un cargo que apenas ocuparía por 17 días.

La noche del seis de noviembre de 1978, en las cercanías de su vivienda en Carabanchel, en la zona 11 capitalina, Ciani fue detenido por desconocidos. Nunca más se tuvo noticias de su paradero. Pese a las masivas movilizaciones estudiantiles desde la propia Universidad de San Carlos (USAC), en la zona 12, así como gestiones nacionales e internacionales, no hubo respuesta del Estado. Así, en dos semanas y media, la AEU era prácticamente descabezada y una familia más, la de Ciani, era mutilada con el secuestro de su ser querido.

Ciani, además de un disciplinado y brillante estudiante, así como abnegado dirigente estudiantil, era un hijo ejemplar. Era el hijo mayor y en virtud de ello era el sostén de su madre viuda y sus hermanos. De ahí la terrible angustia y desesperación de ella que lo buscó incansablemente en hospitales, morgues, centros de detención, sin resultado alguno. El joven líder se esfumó en la noche, capturado por los jinetes de la muerte y la barbarie.

Han transcurrido 37 años desde esa noche trágica. Son casi cuatro décadas de ausencia que, como miles y miles de desaparecidas y desaparecidos, llenan de dolor a las familias que no solo perdieron a un ser querido. Son familias que, además, carecen de un lugar fijo para rendirle honor y construir memoria para cerrar el duelo. Son familias que llevan cada día el dolor de una ausencia y siguen sin tener respuesta.

Que los criminales se mueran no los exime de la responsabilidad por sus fechorías. Guatemala no puede seguir incubando al monstruo de la impunidad. Tiempo es ya de que el Estado promulgue la ley que permita buscar e identificar a las víctimas de desaparición forzada del pasado y del presente. Tiempo es ya de que la ignominia y el oprobio sean el contenido de la justicia para que la memoria y la dignidad sean las portadas del texto de la historia.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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