El aguante (Inspirado en René Pérez, El Residente)

1

El guatemalteco baja la cabeza porque es resignado; cuando expresa sus valores, todos son conservadores, no dice por quién va a votar porque se justifica de manera jocosa en la condición secreta del voto. Finalmente, el guatemalteco transita explosivamente de una actitud avergonzada que antepone el “disculpe” a una falta que no ha cometido, hasta una cólera de tono reaccionario que puede terminar en violencia. Es muy probable que por ese extraño coctel de sumisión, violencia potencial y conservadurismo, le hacemos el aguante a lo que venga.

Hemos aguantado siglos de hegemonía oligarca, le tenemos una paciencia infinita al chofer de bus que se conduce como si llevara ganado, aguantamos un genocidio, las mujeres ha soportado maltrato de los hombres y una ley de femicidio solo logra persuadir a los machos pero el acoso continúa; soportamos la guerra que se llamó interna y ahora soportamos la paz no consumada. Los asesinatos con sus distintas sañas ya no nos afectan, los muertos se han sumado al panorama gris de los guatemaltecos que no se inmutan. Se aguanta muertes de pilotos, asesinatos de niños y mujeres que son halladas en partes; ya la fiesta del horror no nos dice nada, hemos refuncionalizado la violencia. Aguantamos la respiración y el terror que nos congela cuando presenciamos el robo o el vejamen del que va al lado nuestro.

Le hacemos ganas al maltrato diario que se traduce en la cotidianidad de los asaltos, nos resignamos a la orfandad de la que somos sujetos porque cada gobierno de turno anda en lo suyo, el saqueo del Estado. Soportamos los hospitales sin medicinas y sin médicos que andan en el paro por el impago de su salario; soportamos que los hijos tengan una mala educación, hacinados a veces dos o tres grados en la misma aula, aguantamos que los maestros no trabajen porque Joviel manda. Sobrellevamos el hecho de que al menos tenemos dos generaciones con taras, porque si los padres fueron desnutridos, los hijos lo serán también, embargando el futuro de una nación. Aguantamos a los pilotos en la calle que van lento y los que van rápido y solo asestamos un bocinazo ensordecedor, aguantamos luego la amenaza con pistola que nos apunta.

Aguantamos cada cuatro años a todas las caras falsas que nos proponen gobernar sin corrupción, soportamos el descaro del eslogan “ni corrupto ni ladrón”, soportamos con una insufrible levedad, la campañas electorales vacías y descaradas que prometen el cielo y la tierra. Es la pantomima democrática en la que los candidatos hacen como que cumplen y los ciudadanos hacemos como que eligen en un teatro del absurdo que culminará con el acto final para votar a un nuevo presidente. Aguantamos a la Señora, sus retoques de cara y el descaro de la bolsa de segunda generación; somos tan conservadores que corremos el riesgo de tener como presidente a un payaso; soportamos la ponzoña de un comunicador que ahora es aspirante a alcalde venenoso, mientras el actual sin despeinarse seguirá reinando desde su columpio de oro. Soportamos las sonrisas falsas en cada poste a lo largo de avenidas y calles, aguantamos sus descaros y luego nos quejamos de sus actos. Soportamos una campaña larga, y los candidatos también aguantan con cuero de danta, las resoluciones y la sanciones del órgano electoral. Aguantamos rostros nuevos y jóvenes que alardean discursos viejos y trillados, y aguantamos a los que quieren seguir en el poder.

Demandamos leyes como si fueran a cambiar algo y luego aguantamos su incumplimiento, aguantamos la impunidad, soportamos las risotadas de Cerezo, sobrellevamos la arbitrariedad de Serrano, la privatización de Arzú, la torpeza de Berger, nos tragamos el hechizo de Portillo que mientras robaba nos bajaba el precio de los productos básicos, y hoy lo volveríamos a elegir; le hicimos ganas a la falsa ingenuidad de Colom y finalmente hoy estamos pagando las consecuencias y soportamos el desenfreno a manos rebalsadas de Pérez.

Seguiría escribiendo más páginas del aguante y el papel aguantaría pero ¿hasta cuándo lo haremos los guatemaltecos?

Share.

About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

1 comentario

  1. Señor Julio Donis , interesante su articulo, desde el punto de vista al interpretar lo que la mayoria del pueblo siente (90 %), esa es la realidad muy dura al oprimir a esa mayoria, y lo PEOR tomar ventaja de ellos para para satisfacer el egosentrismo de unos pocos, como sucede desde 1954, cuando entro Castillo Armas, destrullendo lo que Jacobo Arbenz, y Juan Jose Arevalo habian principiado . Hay una frase que no estoy de acuerdo en su ariculo, cuando escribe al pincipio ” cuando expresa sus valores, todos son conservadores “, posiblemente no comprendo a que se refiere, pero el ser concervador NO tiene nada negativo, los mejores valores morales, (hoy por hoy en el año 2015), se encuentran en el conservativismo, que es cuando MAS los necesitamos, para opacar lo mas que se pueda la “AMBICION DEL DINERO FACIL “.

Leave A Reply