El año que parecía interminable

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Aún no se pueden observar los efectos más profundos de la crisis del año pasado. Aún estamos cerca de esos hechos, es más, aún vivimos sobre esos acontecimientos. Tampoco se puede delimitar las acciones y reacciones que se hayan podido desencadenar de la convulsión que se produjo, utilizando el calendario.  En este sentido, el año no fue el punto de partida ni las elecciones que parecieron ser el epílogo, deben considerarse como el final de esa crisis. La mejor valoración temporal de los hechos es la condición de gerundio, y como tal aún estamos siendo en la inflexión que se produjo.

Dicho esos elementos de pertinencia histórica y temporal, se puede decir que el año registró comportamientos atípicos para el largo letargo que venía siendo ya la norma entre los guatemaltecos. El saldo de esos hechos incluyen el corrimiento del margen de politización, pues lo público se convirtió en el objeto a politizar de manera colectivizada y por lo tanto las personas sin decidirlo necesariamente, adquirieron la condición ciudadana del sujeto que interactúa en relación de Estado.

Una nueva generación de jóvenes dejaría la condición anodina de su propia vacuidad, y se politizaría a través de distintas expresiones organizadas de manera espontánea. Seguramente ellos alteraron el curso de sus propias vidas, quizá predeterminadas por la precondición de alcanzar el éxito, inculcado desde sus hogares o en sus centros de estudios. Ellos serán personas con mayor conciencia crítica de lo que pudieron haber sido sus antecesores generacionales. Aparentemente fueron esos jóvenes lo que lograron botar los prejuicios ideológicos de sus padres políticos y caminaron de la mano hacia el parque, fueran de derecha o de izquierda.

He aquí la otra clave para la comprensión del año que parece interminable; el leitmotive de la movilización lo representó al hartazgo generalizado del saqueo a manos llenas de los funcionarios públicos. Fue la revelación de la condición del Estado como botín. El grito unificador de #renuncienya concitó a todos por igual y logró diluir cualquier otro tipo de demandas que podían esperar porque la urgencia imponía limpiar el Gobierno.  Los colectivos afloraron cada semana alrededor de los centros formales de poder en la zona 1. Las citas fácilmente convocadas por las redes sociales incluyeron la Biblioteca Nacional, la Casa Roja, el Paraninfo, y cualquier sede que permitiera un espacio abierto, para los ejercicios catárticos de mil y un grupos.  Lo importante de esas ágoras improvisadas lo constituyó el ejercicio mismo de expresión crítica contra quien se concebía como el enemigo.

La conciencia colectivizada de la defraudación cometida por los representantes de la clase política, asumió como bandera de lucha la necesidad del recambio de líderes y representantes. Se demanda una nueva política basada en la ética y la transparencia pero sobre todo en el compromiso por las mayorías quienes al final les eligen y legitiman en el poder.

El Congreso como poder del Estado, logró comprender ese mensaje contundente. Una nueva Legislatura arrancó en el año con aire depurador y tratando de mostrar ejemplos y símbolos de cambio que no fueran solo cosméticos. Sin embargo las transformaciones inscritas en las reformas a la Ley Orgánica de ese Organismo y a la Ley Electoral fueron al final modestos, pero es el cambio para el que daba esta clase política. La justicia fue la que más sobresalientes se apuntó, pero quedó expuesta su vulnerabilidad y los límites muy ajustados que necesitan ser ampliados para una justicia plena. El Gobierno nuevo parece no haber comprendido los vicios de sus antecesores y rápidamente se está convirtiendo en el objeto vigilado de la Plaza.

El desafío es la profundización del ejercicio y la conciencia politizada, que deriven en un nuevo ciudadano que adquiere la condición de sujeto político.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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