El arte de timar

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Para timar hay que tener cara dura. Esto significa que no se han de sentir demasiados escrúpulos para ver al prójimo y aprovecharse de él. Explicaciones hay varias: desde ciertos casos en los que parece existir alteración cerebral para reconocer los sentimientos en el rostro de los demás hasta la habituación que se produce en una posible “carrera criminal” (E. Goffman).

Recuerdo, por ejemplo al “chapulín”. Pequeño, delgado, moreno, de pelo negro. Es decir, la descripción de un buen 50% de la población del país. De profesión contador, embaucó a una cantidad importante de compañeros en cierto lugar de trabajo al llevarles la contabilidad. Cobraba mensualmente el servicio y se le daba el pago por impuestos. Así pasó algo más de un año en el que se llevó todo y dejó bien sembrada a la mara. Al cuestionarse en alguna ocasión puso cara de indignación y esa fue la última vez que se le vio la ídem (esta historia la cuento con un poco de más detalle en una de mis primeras contribución para El Salmón).

Viene al cuento porque, aunque es difícil ser ingenuo a estas alturas del partido, todavía hay mucha gente que confía en los demás y los demás se aprovechan. Recién escuché un caso de una pareja de asaltantes que pudieron engatusar a una muchacha que, siendo amable y tratando de dar respuesta a las indicaciones sobre una dirección, fue desvalijada de sus pertenencias.

Todavía no hace mucho, personas “pidiendo ayuda” para cambiar un número de lotería, despojaban del dinero a los incautos que creían en sus solicitudes.

Una de antología me pasó hace años cuando era bastante ingenuo (el lector podrá sospechar que el adjetivo es demasiado amable, pero bueno, estará en condiciones de elegir el que considere correcto).

Iba solo al cine con lo que creo ha de haber sido planta de despiste (de nuevo, nótese la consideración por el apelativo). De repente un somatón en la espalda y un tipo con cara de energúmeno diciendo que era, y aquí solo reproduzco la expresión sufrida, un patojo hijuelagranputa que había robado un almacén.

El cuentazo y el señalamiento me dejaron asustado y frío. Me empezó a decir no sé qué cosas más y me dijo que me iba a llevar a una comisaría de policía que quedaba “por allá”. Amablemente le dije que no, que no quedaba en esa dirección sino en otra.

Al final de las cansadas me dijo que no quería que me metieran preso y que le diera lo que llevaba para ver si era lo que se habían robado en el almacén. A estas alturas, Juan Caballo, porque no se puede decir de otra forma, se las dio. El tipo dijo que lo esperara en una esquina unos minutos y que ya vendría.

De nuevo, Juan Caballo se quedó en la dicha esquina y a los 15 minutos sospechando que el tipo no llegaría de nuevo, empezó a caminar a su casa sin poder ver la película que había ido a ver (un matinal en los Capitol).

Luego he de haber sufrido unos cuantos asaltos como cualquier transeúnte que se respete en esta ciudad, pero ya nunca más fui timado en una forma tan vergonzosa. Quizás, solamente en alguna de mis primeras idas a votar, pero eso ya es la historia de la vocación masoquista que tenemos en este país y que merecería una reflexión en particular.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

3 comentarios

  1. Sr. Mariano Gonzalez, gracias por su articulo, ya que pinta e ilustra, muy claramente , lo que esafortunadamente la nueva generacion APRENDE de su MAMA Y PAPA, en el sentido como lo que escribe en su primer parrafo de 5 lineas . La nueva generacion esta aprendiendo a ” NO TENER DEMASIADOS ESCRUPULOS “. y lo peor es por aparentar un nivel social que NO LES PERTENECE, o por mucho amor al DINERO FACIL , Ejemplo real : Hace pocos meses , UN mi hijo contrajo matrimonio, con muchos sacificios de su parte , SIN EMBARGO , nosotros ACTUANDO DE MUY BUENA FE, logicamente nos llenamos de alegria y deseos de que los nuevos recien casados fueran un ejemplo y formaran su hogar con principios morales , etica, religiosos y trabajo . La familia de la novia, ” planifico, y engaño “, preparando esta pantomima de casamiento, SIN IMPORTARLES LOS SENTIMIENTOS de nuestra familia, ni mucho menos la del NOVIO. Porque media vez la ” novia recibio, unos documentos muy importantes firmados y autorizados “, como decimos en Guatemala ” SAFO BULTO “. Nosotros como familia del novio estamos bien, y el novio tambien, solo DESEPCIONADOS por la mente tan podrida de la familia de la novia . que como usted dice en su articulo, muchos aprenden a ” NO TENER MUCHOS ESCRUPULOS “, para segun ellos triunfar en la vida . Como dice Pepe Mujica expresidente del Uruguay, “POBRE NO ES EL QUE TIENE POCO, VERDADERAMENTE POBRE ES EL QUE DESEA MUCHO, Y MUCHO MAS “

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