El cadáver del enemigo: los cementerios clandestinos

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La filósofa judeoargentina Silvana Rabinovich escribe en algún momento: “Es estremecedor, saber que pisar la tierra en muchos lugares del planeta –en particular en América Latina–, implica literalmente caminar sobre cementerios clandestinos”.

Cementerios clandestinos donde se mezclan los cuerpos de niños, ancianos, mujeres, hombres…

Hay prácticas de muerte que incluyen elementos materiales y simbólicos en el tratamiento del cadáver del enemigo que son tremendamente reveladores sobre sus verdugos. Esta es una de esas prácticas, puesto que revela su proyecto de desprecio y olvido.

La mera revisión de la cantidad de víctimas del conflicto ayuda a comprender la identidad de los asesinos: la mayoría de los muertos provenían de población civil en condiciones en que se acentuaba su vulnerabilidad e inermidad debido a sus condiciones particulares (indígenas, pobres, campesinos…); y a las condiciones ilegales en las que actuó el ejército contra los militantes revolucionarios: violando todas las normas internas y las convenciones internacionales referentes al trato del enemigo.

Ya Hegel se refería a la historia como un inmenso altar en el que se sacrificaba “la felicidad de los pueblos, la sabiduría de los Estados y la virtud de los pueblos”, aunque desactivaba esta visión al conferirle un supuesto sentido al incluirlo dentro del progreso del espíritu, que terminaba por justificar “el aplastar algunas florecillas al borde del camino”.

Si nos centramos menos en el “progreso del espíritu” o el progreso a secas, y nos centramos en los cuerpos de las víctimas y los sufrimientos que conllevan, no podemos ver sino con profundo dolor lo que pasó y no justificar lo sucedido. Es necesario intentar la comprensión de ese dolor y sufrimiento para buscarle respuestas.

Parte de este intento es advertir la interrupción de los ritos funerarios que se encuentran en esos lugares y en el que se realiza una última ofensa sobre los cuerpos que se mezclan entre ellos y con la tierra, sin recibir un entierro apropiado, así como el intento de los asesinos de ocultar sus crímenes…

No obstante, los cadáveres hablan. Cuentan historias. Dicen quiénes eran (si eran hombres o mujeres, la edad que tenían) y otras circunstancias de su fallecimiento. Los cientos de muertos que se encuentran en lo que fuera la base militar de Cobán señalan claramente a sus responsables.

El recuerdo de sus familiares y los esfuerzos de muchas organizaciones de víctimas y de estudios forenses les devuelven el  habla y hacen que digan quiénes fueron los que les mataron.

Su silencio es una acusación estruendosa.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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