El camino de la dignidad

0

En estos días, mucho tendremos que hablar del futuro de Guatemala. Ningún tema está agotado y ningún camino se ha cerrado. La concentración multitudinaria nacional del 16 de mayo así lo expresa. Y nacional porque no solo cuentan los cuerpos apretados uno a uno que colmaron los más de 10 mil metros cuadrados de la Plaza de la Constitución y sus alrededores. Cuentan igualmente los miles (no cientos como algunos dicen), que marcharon en la casi totalidad de cabeceras departamentales y en municipios como el heroico Ixcán, en Quiché. Como igualmente cuenta la diáspora chapina al rededor del mundo que encontró en las fachadas de las embajadas el lugar ante el cual expresar su opinión y presentar su reclamo: #RenunciaYa.

Como lo atestiguan las imágenes memorables de Mauro Calanchina sobre las marchas de los años 70 del siglo XX, la del 16 de mayo tampoco se inmutó por la lluvia y la tormenta. Al contrario, como el maíz que requiere del agua para germinar, la marcha -las marchas-, pareció que cobraba vida al contacto con la lluvia germinadora de entusiasmo y energía ciudadana. El mensaje contundente está en las pancartas, en las consignas y, sobre todo, en la presencia contabilizada uno a uno, una a una, en quienes acudieron física y virtualmente al llamado.

Paisajistas de escenarios hay muchos hoy día. Algunos, curiosamente coinciden en advertir sobre lo peligroso de que el movimiento popular levante sus reclamos. Insisten en que no se debe “polarizar” y que por el contrario hay que mantener la institucionalidad. Atrincherados en posiciones de pseudo avanzada, en realidad preparan el contexto para posicionar el discurso de que no hay que hacer olas. Tal pareciera que lo único que les interesa es asegurar que la primera semana de septiembre se repita el vergonzoso espectáculo del marcado de boletas para cumplir con el trámite y que asuma el siguiente para que todo siga igual. Cambios para no cambiar. Eso es lo que proponen.

Pero preguntémonos, ¿de qué ha servido la institucionalidad que ahora tanto cuidan y protegen? Esas voces alzadas para blindar el ritual de las fechas, mantuvieron un silencio cómplice cuando sí se alteró la institucionalidad al violentar los procesos legales relativos a la condena por genocidio y tirar por la borda el sistema de justicia. O, luego, cuando alteraron el período constitucional de la jefatura del Ministerio Público, en aras de quitar del medio a la doctora Claudia Paz y Paz. Cuando el establecimiento alteró y violentó la institucionalidad, guardaron silencio.

¿Por qué entonces ahora se preocupan y concentran todo el valor de la institucionalidad en la ceremonia electoral? En definitiva, la constitución precisa que la soberanía está en el pueblo que la delega pero no la abandona. Por lo tanto, más que sostener a toda costa el cumplimiento de fechas de manera artificial, corresponde avanzar en la discusión de un nuevo pacto social verdadero, aquel que incluya a todas y todos. Que incluya a los pueblos en la integralidad de su dimensión social, política y económica. Que incluya a las mujeres como sujetas y actoras sociales, políticas y económicas. Que siente las bases para un nuevo sistema político que garantice la participación con equidad y que deje la decisión de los destinos del país en quien sea capaz de defender y proteger el bien común por encima de los intereses particulares.

Los siglos de control de un estado nación por las manos de quienes lo fundaron desde el despojo y para evadir el pago de impuestos, han de concluir ahora. Y han de concluir porque han demostrado su absoluta incapacidad para conducirlo por el cauce del desarrollo y la prosperidad. Es el tiempo de los pueblos para transitar por el único camino viable: el camino de la dignidad hacia la justicia social.

Fotografía: Edda Gaviola.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply