El capitalismo pentecostal y la legislación de la pobreza

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Creer en la existencia del libre mercado es como asegurar que si ponemos a jugar al Real Madrid contra el Quiché FC en un campo neutral, once contra once, cualquier cosa puede pasar. Nunca veremos ese partido pero nadie con dos dedos de frente dudaría del resultado. La certeza de la inexistencia del “libre mercado” debería ser mucho más contundente pero por alguna razón es todo lo contrario. Quizás la gente cae en la trampa porque su experiencia con los mercados relativamente libres ha sido directa y cree que mercado es mercado. Lo que la gente no siempre sabe es que el “libre mercado” en la práctica es una utopía como el ideal comunista de Marx o la Atlántida de Rand.

A diferencia de lo que sucede con otras deidades, demostrar la inexistencia del “libre mercado” es relativamente fácil. Todos en algún momento nos hemos visto forzados a privarnos de algo por no tener dinero para comprarlo. La ley de la oferta y la demanda nos saca del mercado. Fácil de entender ¿verdad? ¿Pero qué tal sería estar del otro lado de la ley de la oferta y la demanda?, ¿Qué tan difícil es tratar de vender algo que cuesta más de lo que el mercado está dispuesto a pagar, como la mano de obra de la gran mayoría de la población por ejemplo?

Si el “libre mercado” de verdad existiera, el número de empleos crecería al mismo ritmo que la oferta de mano de obra. Pero no. El milagro del “libre mercado” es decididamente menos probable que un empate entre el Real Madrid y el Quiché FC.

Cualquier comerciante sabe que el precio de cualquier cosa no lo define el costo de producción sino esa misteriosa abstracción llamada lo que el mercado esté dispuesto a pagar. Una especie de corolario a la famosa ley de la oferta y la demanda, reina y señora de la conducta humana. Si los costos no determinan los precios ni de un sombrero ni de un jornal de trabajo, tiene sentido suponer que la misteriosa mano invisible no es más que los bien conocidos ardides tras bambalinas de los comerciantes: dumping, lavado de dinero, publicidad engañosa, fraude, evasión fiscal, competencia desleal, explotación, exoneraciones, aranceles, privilegios, etc.

Es evidente que por su conducta, quienes realizan las prácticas cuestionables descritas anteriormente no pueden creer en la existencia de un “libre mercado”. Ciertamente no en la versión que pregonan. Pero la falsa creencia es nada más parte del engaño. El sistema también necesita de la cooperación de sus víctimas validándolo como la única alternativa viable. El capitalismo pentecostal exprime a sus víctimas y las obliga a darle las gracias por ello mientras culpan al Estado de todo mal.

Pero eso no es todo, también está la legislación de la pobreza en nombre del “libre mercado”. Una de las pocas mantras neoliberales que apela a la razón es aquella que dice: “La pobreza no puede erradicarse por decreto”. Por la más elemental congruencia debemos reconocer que es igualmente cierto que esa pobreza es el resultado de leyes a cuales más injustas, como la que regula el precio de la electricidad y los privilegios a quienes la generan, venden y distribuyen.

Si de verdad nos ponemos a pensar –el optimismo a veces es incurable­descubriremos que la mayoría de leyes que impactan la economía, desde la ley de maquilas a la ley de telefonía pasando por la ley de minería y las mismísimas leyes tributarias, parecieran estar diseñadas para estimular la transferencia de riqueza de pobres a ricos en nombre del sacro santo “libre mercado”. Cada vez hay más pobres pero la versión oficial es que el Quiché golea al Madrid.

@ajbarriosm

 

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

4 comentarios

  1. Ernesto Jiménez on

    Me parece interesante esta postura, desde allí se atizba que ser libertario es volverse un opresor; porque si de verdad se luchara por la libertad de cada individuo habría que quitar restricciones o barreras de entrada; a la larga quizá resulte un espejismo eso de ser emprendedor a la manera de los autores; y la verdad sea que el verdadero emprendedor es el pueblo de a pie. Ahora pienso que si uno logra romper esas barreras del mercado, uno no permite el cambio, también se protege de manera ad hoc con otras barreras, que me late que la mano invisible del mercado no es otra cosa que la suma de emociones humanas que escapan de nuestro control, y lo mismo pienso del socialismo, por más que se diga que todos son iguales; me parece que es necesario alguién que regule o controle; y por esa función social, adquiere poder y vuelve a ser un círculo vicioso de nuevo

  2. Abraham Barrios

    La idea es tratar de usar la razón por encima de las creencias que al final conducen siempre a lo mismo: la explotación de unos por otros.

  3. Felicitaciones por el post, muy interesante. Por favor corregirme si estoy mal. Una clase media fuerte consume mas colectivamente. Esa demanda hace que obligatoriamente las empresas produzcan mas y como consecuencia se genera mas empleo. Si el estado no interviene, van a haber empresas que no pueden competir como vos decís por la falta de recuso capital & humano. Eso se vera generando monopolios donde el consumidor pierda “libertad” para elegir que consumir. Se tendrá que conformar con lo que hay y ahí entonces esta el clavo.

    Hoy vemos que como dice el premio Nobel en economía 2015, Angus Deaton, los hábitos de consumo individuales son los generadores de no subir en las escalas sociales. Si tenemos un mercado no regulado por el estado, ¿como evitamos que empresas gigantes no monopolicen el mercado y sigan aprovechándose de sus recursos para crear mas necesidades innecesarias, sabiendo que la poca competencia hace que los precios se manejen a su gusto? Porque el argumento de “el que pueda competir que compita sino que no se meta” es tan utilizado por los libertarios. Acabo de escribirle exactamente esto a uno y solo no responden. Me podrías escribir a mi correo tu opinión? Saludos!

    • Abraham Barrios
      Abraham Barrios on

      Para que exista una clase media debe haber más empleos bien remunerados. Para que eso se de debe haber consumo interno. Para que eso se dé debemos de dejar de exportar la mayoría de nuestras horas de trabajo a precios irrisorios. La clave está en entender que una economía basada en mano de obra barata de exportación es un receta infalible para la pobreza. Saludos.

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