El dilema entre el votar o no, ¿por quién?

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Ovidio ParraPor Ovidio Parra

Hace poco me encontraba compartiendo con un grupo de personas, principalmente padres de familia, entre la comida y hablando de diversos temas, alguien pidió mi opinión sobre el acontecer político y las elecciones, tenía la curiosidad de escuchar mi versión sobre la realidad como un “joven”; ella, madre de familia, quien quería que sus hijos se involucraran o participaran más en lo que acontece alrededor de los movimientos #JusticiaYa y #RenunciaYa, los hijos un tanto más jóvenes que yo, pero, según mi impresión, estudiantes de los primeros años en la Universidad.

Le comenté que la inicial barrera a eliminar era la de si votar o no, pues ante la realidad electoral que vivimos no hay ánimos ni cambios de fondo que se visualicen. Dejé claro que hace algún tiempo consideraba con más peso que ahora mi intención de votar nulo, que al final de cuentas es un manifiesto rechazo al sistema electoral y a los propios partidos.  Otra persona colaboró con la idea indicando que el voto nulo aunque –valga la redundancia– no tenga validez en el conteo según la ley, propiciaba que el ganador no iba a gobernar cómodamente si la mayoría lo rechazaba. Tiene razón pensé.

Ante el rechazo, el margen de maniobra política sería poco o reducido, siempre y cuando como ciudadanía sigamos activamente participando, auditando, manifestando, cualquier cosa que logre incidir en nuestro favor, es nuestro derecho, deber y obligación.

La hija preguntó a la madre algo al oído, pregúntale a él, dijo la madre. Ella me preguntó entonces, ¿por quién votar? Si bien consideraba hace algún tiempo votar nulo, lo cierto es que de no lograr reformas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos y el sistema siga igual, podemos hacer un pequeño ejercicio para descartar partidos y elegir entonces al “menos peor”, lo primero sería quitar de la lista a aquellos partidos que hayan realizado campaña anticipada o que la disfrazaron de proselitismo, la segunda es descartar a aquellos que incurran en violación a la propaganda, que pinten árboles, piedras, etc. Con estos dos pasos seguramente nos queda un abanico de partidos reducido, un grupo al que se nos facilite investigar y conocer sus propuestas, la mejor elección que se considere según ideologías o planes de gobierno acordes y reales, alcanzables.

La conversación prosiguió con otras tantas diferencias e indiferencias, otras personas se fueron agregando. Al final de cuentas concluimos en que hay que seguir participando y mostrando nuestro rechazo. Votar nulo, o no, depende de cada quién, lo importante para el proceso que se vienen es seguir reforzando la huella ciudadana sobre la clase política, demostrar que no somos un grupito, que ya no aceptamos que nos den atol con el dedo, que queremos partidos fuertes y democráticos, que se combata la corrupción y se mejoren los servicios básicos para garantizar la vida humana.

Hay que continuar con la causa, este país merece algo mejor.

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