El drama de las extorsiones

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La carta que dejó Mario López, piloto de la ruta 70, a sus extorsionadores y su asesinato son una condensación del drama de las extorsiones. ¿Qué nos dicen a nosotros, mudos espectadores del drama?

Por las reacciones que se suscitaron en las redes sociales y los medios de comunicación, el asesinato y la nota encontrada, dirigida a sus posibles asesinos, motivaron la cólera e indignación de quienes se enteraron. Opiniones como que se debe castigar con “mano dura” (¿al estilo Partido Patriota?) a esos “desalmados” fueron muy comunes. Se debe acabar, exterminar, matar, etc., a quienes cometen dicho tipo de actos.

Más que argumentar en contra o a favor de esta reacción quisiera comentar brevemente el texto que dejó Mario López y las reacciones que se suscitaron al respecto.

Es posible imaginar que la carta es resultado de noches de vigilia y de un permanente pensar sobre qué decir, cómo decirlo y si en efecto se diría. Al final, el resultado es una resolución: ya no se pagará a los extorsionadores.

También es posible suponer que tras la aparente calma y el lenguaje de una clara resolución existió una mezcla de emociones que incluyen desesperación, frustración, hastío. La nota es producto del cansancio por la injusticia padecida: se levanta a las tres de la madrugada, gana 100 quetzales al día y cada semana tiene que dar 100 quetzales. Hay también una injusticia que no se menciona pero que es parte del contexto en donde se produce: no hay institución o persona a la que se pueda recurrir.

Por ello se recurre a Dios: “El que manda es Dios. Si El (sic) quiere me puedes matar, si no, pierdes tu tiempo”. Desde una perspectiva religiosa es muestra de fe. Desde una perspectiva analítica es una muestra de fatalismo: ya no hay nada que se encuentre en mis manos que pueda hacer. Por ello se refiere a una instancia superior. En este país, la mayoría de personas se conectan con la primera perspectiva: Mario López dio testimonio de su fe.[1]

La nota es un intento de interpelar a sus extorsionadores. La estrategia es acercarse a quien le extorsiona. Por eso no le habla a “los” extorsionadores. Sino a uno solamente: “pierdes” tu tiempo en lugar del plural “pierden”.  Intenta “tocar” al extorsionador apelando a sus valores morales y religiosos. El problema es que la escala de valores del piloto (y de buena parte de la población) no es exactamente la misma que la de los extorsionadores. Éstos últimos no están viendo el tema moral o religioso, sino el más mundano del cálculo racional del costo/ beneficio (¡son emprendedores!).[2]

Dada la apelación moral-religiosa fue fácil para mucha gente conectarse con el piloto asesinado. A partir de ello la reacción tan extendida (y repetitiva): castigar de forma ejemplar a los culpables. Como la violencia siempre excede la capacidad del Estado para responder ante ella, se dejan de lado las consideraciones racionales (técnicas, legales) sobre el tema.

Es entendible que una violencia tan extendida y que asume formas sádicas despierte el temor y el resentimiento en las personas. Pero también es preocupante que seamos una sociedad tan enferma de odio y temor, que lo único que pueda balbucear en estos casos sea la exigencia de la ley del talión.

A ese paso, seríamos un país de tuertos.

[1] Aunque si uno se atiene a la estricta lógica de la carta, hay consideraciones ominosas: Dios quiso que lo mataran (es una trampa que contiene la nota, como me decía la psicóloga Vivian Juárez).

[2] En términos pragmáticos, la fuerza ilocucionaria falla y no se consigue el efecto perlocucionario deseado. Los extorsionadores no se sienten apelados. Al contrario, hacen lo que precisamente la carta quería impedir. Es una muestra de comunicación fallida.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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