El embarazo no es cosa de niñas

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El 26 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Embarazo Adolescente, la principal causa de muerte en el mundo para jovencitas que merecen vivir y disfrutar a plenitud de esta etapa fascinante de la vida.

En Guatemala cada 14 minutos se produce un embarazo en niñas y adolescentes. Casi todos ellos son resultado de violación o falso consentimiento, ya que las nenas y jovencitas no cuentan con la información y formación para tomar una decisión plenamente consciente.

El embarazo adolescente supone una ruptura brutal del ciclo de vida, un trauma severo y hasta un riesgo de muerte para niñas y adolescentes. Ninguna de ellas debería vivirlo. Ninguno de nosotros debería permanecer indiferente ante esta tragedia de todos los días.

El Estado incumple con garantizar la salud sexual y reproductiva de estas nenas y jovencitas, las deja desempoderadas y vulnerables a la agresión sexual, cuyas consecuencias tampoco trata, por lo que podemos afirmar que los embarazos adolescentes son síntoma de violencia estatal.

Las iglesias prohíben, fomentando el morbo y la desinformación, les piden a adolescentes que vayan contra su naturaleza y luego los estigmatizan, especialmente a las niñas y jovencitas, cuando un embarazo demuestra que el discurso de la castidad impuesta no surte efecto.

Los padres y madres temen abordar el tema sexual, creyendo erróneamente que precipitarán la actividad de este tipo en sus hijos, sin darse cuenta de que dejarlos indefensos es algo que no se debiera permitir. Muchos de ellos nunca recibieron educación sexual integral, pero no es excusa, porque ahora la información está disponible para ser utilizada en la prevención de embarazos en la adolescencia.

Se ha comprobado que el embarazo adolescente está estrechamente relacionado con condiciones de pobreza, aunque no es exclusivo de una condición socioeconómica, pero sí se sabe que limita y agrava las duras condiciones en que ya viven muchas familias. Desde un punto de vista frío, estas gestaciones y sus consecuencias le cuestan al Estado y sus contribuyentes millones cada año y atentan contra el desarrollo del país.

Pero lo más importante es lo que está detrás de las cifras: historias de vida de niñas y jovencitas cuyos sueños se quedan en pausa, a veces indefinida, consecuencias dolorosas para todos los implicados y un tremendo precio por pagar para estas chicas a quienes no se les protege.

El único camino efectivo para la prevención del embarazo adolescente pasa por Educación Sexual Integral en casa y en centros educativos y medios de comunicación, acceso a métodos de anticoncepción, incluyendo los de emergencia, garantía de derechos sexuales y reproductivos de niñas y adolescentes, así como la promoción de espacios culturales, deportivos y académicos para adolescentes.

El embarazo no es cosa de niñas y la indiferencia ante este tema no es otra cosa que complicidad.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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