El espíritu crítico-revolucionario en Molière

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Todo nuevo mundo es engendrado desde lo viejo. Pastores y faunos aclaman la guerra del Rey, los arqueros engañados se vengan del burgués, el latín se desintegra en el francés. El Antiguo Régimen no cae solamente en 1789 – con la Revolución Francesa – sino anticipadamente en el proceso de su disolución. Nuestra época, hoy en 2015, necesita percibir esas fisuras. El siguiente escrito es una reflexión al respecto a partir de una obra de teatro del escritor francés, Molière. Titulada Le Malade imaginaire, (1) esta comedia-ballet marca un punto de inflexión desde el seno de un nuevo momento histórico. Presentada durante el Carnaval del año de 1673, no solo es la última pieza interpretada por el mismo Jean-Baptiste Poquelin – Molière –, sino que guarda, en sí, fuertes tensiones propias de un cambio de época.

1. Mercantilismo y método cartesiano, siglo XVII

Con Luix XIV como monarca, Francia se expande en sus dominios mercantiles y comerciales, disputándole el poderío a España e Inglaterra. En el país se vive un fuerte periodo de cambio entre las raíces feudales-monárquicas y la emergencia burguesa en la manufactura y el comercio. Como diría Marx, está pasándose de una sociedad basada en la razón de la autoridad a la razón como autoridad. Desde hace un siglo la Iglesia Católica y el papado están en crisis ante el avance del protestantismo en Alemania, Suiza, Francia. Con el mercantilismo, el dinero viene a carcomer las antiguas relaciones personales y la certidumbre moral del lugar del señor y del siervo. De manera contradictoria, el proyecto de centralización estatal en Francia, bajo Luix XIV, pretende darle carácter expansivo mercantil a una relaciones de servidumbre aún ancladas en la nobleza. Se consolida el Estado monarca mientras, en su seno, se propicia su proceso disolutivo, mediante la constante acción del valor de cambio. La subjetividad racional está surgiendo y con ella se revoluciona el cosmos entero, la manera de pensar, de sentir, de considerar el orden, la geometría, el espacio. Estamos en el siglo XVII, el siglo de la publicación del Discurso del Método de Descartes (1634), de la Revolución Inglesa (1648), de la transformación del cosmos por Galileo.

2. La enfermedad, la propiedad y el robo

Imagino a Molière interpretando esta obra frente a Luis XIV. Uno es impensable sin el otro. Le Malade imaginare (LMI) parte del personaje Argan, un hombre rico que se entretiene calculando sus achaques y el dinero que le cuesta. Fuerte imagen. Podría ser dinero de renta terrateniente, de una herencia, de comercio marítimo, no sabemos. Partimos del rico enfermo que calcula y que intercambia dinero por tratamientos, dinero por seguridad y salvación. No muy lejos hoy en día, si lo pensamos. Pues bueno, su segunda esposa, Béline, entra en el mundo de su enfermedad, la afirma y consiente, mientras se prepara para robarle su fortuna mediante un notario. Si en Tartuffe era el falso devoto el que quería quedarse con las propiedades del señor – incluida su esposa, en la sociedad patriarcal – aquí hay una transformación: la mujer es quien pretende robar al marido desde los mecanismos de la ley. De ahí que diferencie entre abogado y notario: hay una ley que está en conflicto con otra, lo cual veremos que es una constante de la pieza. Se parte entonces de la enfermedad del propietario de dinero y de las argucias del sistema por apropiárselo. Hay un dilema aquí: la enfermedad de Argan es la que lo llevará a la ruina frente a la sagacidad legalista de la segunda esposa y el notario. Hay un obstáculo para cumplir esto: la hija de Argan, de nombre Angélique.

3. Vínculos en crisis: familia y dinero

Lo único que impide la caída sin retorno de Argan es su lazo con el mundo. ¿Quiénes son? Su hija Angélique, su hermano Béralde y su sirvienta (servante) Toinette. Refirámonos a la primera. Angélique está enamorada de un joven que acaba de conocer, Cléante. Quiere casarse con él, pero todavía no ha sido oficial el compromiso. Vemos dos pares en oposición: el primero ya dado – como la propiedad y el dinero – en el padre Argan y la madrastra Béline; el segundo en proceso de constitución – como deseo y división del trabajo – en la hija Béline y su pretendiente Cléante. Detengámonos en la oposición filial y marital, es decir, de Angelique y Béline. Hablamos de un vínculo de sangre y uno de opción. Ambos están en conflicto. De hecho, todos los personajes se encuentran en repulsión y atracción constante, en proceso de morir o de renacer. No hay posibilidad para lo estático, por mucho que el deseo inicial de Argan sea el cálculo de sus males. Su hija Angélique quiere casarse con Cléante, dejar al padre-hogar. Su esposa Béline desea suscribir el acuerdo notarial, dejando al esposo-propietario sin sus bienes. Hay un rompimiento de vínculos de sangre y de opción-mercantil. No es casualidad que esto sea lo que reproche Angélique a Béline cuando se enfrentan:

«Hay otras, señora, que hacen del matrimonio un comercio de puro interés, que no se casan más que para ganar unos denarios, para enriquecerse con la muerte de aquellos con quienes se casan y saltan, de marido en marido, para apropiarse de sus pellejos.» (Acto II, Escena 6). (2)

Por su parte, Béline quiere que Angélique entre en un convento, lo que en la obra se presenta como un extrañamiento de la familia de sangre por la familia divina. Hay dos muertes y dos trascendencias en Béline y Angelique: en el comercio y el convento, en el nuevo esposo y dios. La pregunta de LMI es ¿quién podrá derrotar la dependencia de la relación estática, como padre y esposo, como razón y autoridad? Argan es el nudo del juego, su hija y esposa se disputan en sus términos, su hermano critica a los médicos pero es parte del sistema, sus médicos viven de la enfermedad. ¿Quién entonces? La servidumbre, de manera interesante, es la voz conductora y crítica, juguetona y burlona, que es tanto actriz en los términos de la enfermedad – del conflicto – como su rebasamiento moral y de autoridad humana. Es, por lo tanto, la sierva Toinette la chispa del cambio desde la enfermedad.

4. Toinnete, la de abajo, como espíritu carnavalesco

Toinette es probablemente el personaje más libre y con mayor movimiento de la obra. Ella conoce las enfermedades y fantasías de la familia, distingue lo real de lo imaginario, lo concreto de lo abstracto. Es la mediadora por excelencia pero, a la vez, la que adopta papeles y roles para, desde adentro, actuar contra lo irracional. Ocupa el lugar de abajo en todas sus expresiones: es la sirvienta sujeta al señor, es la mujer subordinada al hombre, es la ignorante frente a los doctos y especialistas. Sin embargo, precisamente por ser la de abajo es la que tiene el potencial de trastocar el camino trágico en irrupción alegre. En el libro de Bajtín sobre lo carnavalesco en Rabelais, me llamó la atención como lo de abajo, lo grotestco, lo fatuo es lo que, denigrando lo alto, esbelto y lógico, lo humaniza «El acto altamente espiritual es rebajado y destronado por medio de una transposición en el plano material y corporal del alumbramiento (representado del modo más realista)». (3) En LMI adquiere propiamente el carácter carnavalesco desde la fragmentación del emergente individuo. Tras Toinette se expresa la clase sojuzgada, la de abajo, en sus momentos de doble discurso, aceptación de la lógica del poderoso, de sus jerarquías y vocabulario. Pero, a la vez, es el individuo social que medita y evidencia las contradicciones – o enfermedades – de la realidad en fragmentación. Sabe y percibe el secreto de la enfermedad, no como punto de inicio – Argan contando dinero y achaques – sino como proceso. Cuando el señor Argan quiere casar a su hija con el hijo del médico, por su profesión y herencia, Toinette relaciona lo llegado a ser con su proceso de constitución:

«ARGAN: estoy tratando además que el asunto sea lo más ventajoso que se piense. El señor Diafoirus no tiene más que un hijo para heredarle todo, además el señor Purgon, que no tiene ni mujer ni hijos, le otorga todo su acuerdo en favor de este matrimonio; y el señor Purgon es un hombre que tiene ocho mil buenas libras de renta.

TOINETTE: tuvo que haber matado bastante gente para hacerse tan rico.» (Acto I, Escene 5) (4)

La mujer-sirvienta-ignorante es de hecho la que ve y sabe distinguir la persona de la enfermedad. Incluso le habla al resto de personajes desde su enfermedad – el achaque en Argan, la ambición en Béline, el amor en Angélique, el discurso en Thomas Diafoirus. En toda enfermedad cabe Toinette porque en toda percibe, con compasión pero con fuerza y decisión, el engaño humano. Es posiblemente aquí donde más carnavalesco sea su personaje – en el sentido de Bajtín – en tanto es una fuerza curadora de lo insano, no una jueza sino una fuerza motriz de la salud humana. ¿Contradictorio para un libro que tiene por nombre El Enfermo imaginario? Sí, como el eje y punto de partida de su movimiento. No es una figura de la lucha de clases, sino la lucha en movimiento. Se burla de lo sagrado para salvar lo que alguna vez pudo haber de divino-humano, humano-divino, en su vivencia. Por eso, en última instancia, el verdadero enfrentamiento y verdadera conversión se da entre el señor Argan y la sirvienta Toinette, justo en el momento en que Toinette se disfraza de médico y Argan se reconoce engañado. Finalicemos con esto, que no es propósito alargar la reflexión.

5. Liberación ¿y nuevas cadenas?

En el Acto III entra el hermano de Argan, Béralde. Los dos hermanos discuten alrededor de la profesión de médico y si sus resultados son efectivos. Béralde representa la subjetividad contra la autoridad, como momento de racionalidad que, empero, no se completa. [Es el equivalente a Angélique que abre la crítica al amor forzado para dejarlo, luego, en suspenso en el matrimonio escogido, en el marco de la reproducción burguesa]. La discusión no llega a convencer a Argan, es decir, el intercambio de ideas no llega a transformar, desde adentro, la enfermedad, tanto en Argan como en Béralde. Es Toinette el rayo de impacto. Le comenta a Béralde que se vestirá de doctor para tocar a Argan, no como razonador, sino como enfermo desde su propia concepción. Es decir, va al hueso. Importante punto aquí: el escritor Molière no le da un nombre a Toinette como médico, sino simplemente se disfraza en médico. No ocupa ningún yo, sino es el desdoblamiento consciente de Toinette, la de abajo, para enfrentar al inconsciente de Argan. Al presentarse, el médico insiste en que su visita se debe a la pasión de curar las enfermedades más duras y difíciles del mundo. Su motivo no es el intercambio monetario: es puro valor de uso pues. Argan se sorprende al escuchar al médico – Toinette – decirle que todos los anteriores doctores eran ignorantes y que su respetado doctor, Monsieur Purgon, ni siquiera aparece en su lista de los grandes médicos. Es decir, rebaja al anonimato al ídolo de Argan, establece como ignorantes sus recetas y curas, niega el mal consciente de Argan – el hígado, la cabeza, etc. L – por el mal que le receta: el pulmón, es decir, el órgano de la respiración.

Esto es el inicio de la transformación, negando el intercambio mercantil en su orientación. El segundo momento es cuando, aduciendo plena confianza en las intenciones de Béline – segunda esposa de Argan –, induce a su señor a hacerse el muerto para comprobar la reacción de su esposa y, después, de su hija. Ahora ya no es el médico el que, desde su actuada autoridad, está rompiendo los esquemas de Argan, sino la misma Toinette – la sirvienta – quien hace participar a Argan en su propio proceso de muerte. De ahí que el amo temeroso diga: «¿Habrá peligro alguno en hacerse el muerto?» (Acto III, Escena 11).(5) Esta pregunta es central, pues empieza a implicar qué tan efectiva será la transformación humana de Argan y, con él, de Angélique. En efecto, luego de hacerse el muerto Argan descubre el mórbido plan de robo en las propias palabras y presencia de Béline, mientras santifica el desinterés y arrepentimiento de su hija Angélique, quien incluso jura ir al convento, negándose a casar con Cléante y, de cierta manera, morir en vida por su padre. Es un momento cúspide que ha preparado Molière: el enfermo, al simular su muerte, descubre el interés de su esposa y el desinterés de su hija, sea dicho de paso, la relación intercambiable-mercantil y la relación insustituible-humana. Por fin el propietario ha roto con esa enfermedad de ceguera – tema semejante en Tartuffe o L’école des femmes.(6)

Termina la obra en esta tensión: la fiel Angélique y el abnegado Cléante piden a Argan les autorice el matrimonio. Lo hace, bajo la estricta condición de que Cléante se haga médico. ¡Tremendo! Ya no buscará el acompañamiento del médico con una autoridad ya establecida – Diafoirus y Purgon – sino en el joven Cléante como potencial médico. Es decir, Argan rompió con el mundo de la autoridad instituida, representada en los médicos, en la segunda esposa y el notario, pero ahora exige una nueva autoridad. No es casualidad que sea su hermano, Béralde, quien en el ambiente del Carnaval le proponga a Argan graduarse de médico. Se desintegra la formalidad pero adquiere carácter formal la construcción de Argan como propietario. Es decir, se reconstituyen las relaciones de poder, de autoridad, de normativa desde el mundo de la equivalencia, de la desintegración del contenido sujeto a las formas, desde el mundo como escisión de la persona y la personalidad. Está naciendo el proceso que, siglo y medio después, conformaría la Fenomenología del Espíritu y la Filosofía del Derecho, en Hegel. Toinette es parte de ese enorme movimiento crítico, pero se queda a medias: impidió la boda patriarcal-impuesta pero dejando las puertas abiertas a la boda burguesa, con un nuevo patriarcado en la división social del trabajo. Toinette – al igual que la esclava Diotima de Platón – invoca los demonios que median los cielos y la tierra, es el abajo que irrumpe sin síntesis ni llegada segura en el terreno pedregoso de la sociedad de clases. Sin embargo es ella – y no Angélique o Béralde – quien denuncia la injusticia desde las mismas condiciones que la generan. En este sentido, tanto Diotima como Toinette e incluso Marx son parte de ese espíritu rebelde, identificado con los sufrientes, que se hace fuerza en la denuncia por no aceptar la muerte como norma de “vida”

Bibliografía

Anderson, Perry. (1974/2011). El Estado absolutista. México: Siglo Veintiuno editores, pp. 592

Bajtin, Mijail. (1998). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Madrid: Alianza Editorial, pp. 430

Molière. (1673/1986). Le Malade imaginaire. Comédie mêlée de musique et de danses. Paris: Librairie Générale Française, Le livre de Poche, pp. 192

(1) El Enfermo imaginario.

(2) «Il y en a d’autres, Madame, qui font du mariage un commerce de pur intérêt; qui ne se marient que pour gagner des douaires; que pour s’enrichir par la mort de ceux qu’elles épousent, et courent sans scrupule de mari en mari, pour s’approprier leurs dépouilles.» (Acte II, Scène 6)

(3) Es interesante el resto de la idea. La cito más ampliamente: «El gesto de Arlequín se torna entonces perfectamente comprensible: él ayuda al parto y, con toda lógica, se dirige sobre el vientre del tartamudo, tras lo cual, la palabra nace. Señalemos que es precisamente una palabra lo que nace. El acto altamente espiritual es rebajado y destronado por medio de una transposición en el plano material y corporal del alumbramiento (representado del modo más realista). Pero gracias a este destronamiento, la palabra se renueva y, de algún modo, renace por segunda vez (nosotros nos movemos sin cesar dentro del círculo del nacimiento y del alumbramiento.» (Bajtín, 1998: 278)

(4) «ARGAN: J’en ai affaire, moi, outre que le parti est plus avantageux qu’on ne pense; Monsieur Diafoirus n’a que ce fils-là pour tout héritier; et de plus Monsieur Purgon, qui n’a ni femme, ni enfants, lui donne tout son bien, en faveur de ce mariage; et Monsieur Purgon est un homme qui a huit mille bonnes livres de rente. TOINETTE: Il faut qu’il ait tué bien des gens pour s’être fait si riche» (Acte I, Scène 5)

(5) «ARGAN: N’y a-t-il point quelque danger à contrefaire le mort?» (Acte III, Scène 11)

(6) Esto no se aplica enteramente para L’école des femmes, ya que ahí no solo es la mujer – Agnès – como tal la subordinada, sino la experiencia humana del amor. De allí que por momentos rebase el final que adopta la unión de Angélique y Cléante en LMI.

 

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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