El fracaso del PP

0

Durante los ocho años que estuvo en campaña, antes de hacerse con la presidencia, el autollamado Partido Patriota (PP) usó la seguridad como trampolín político. En virtud de que la inseguridad era uno de los temas de principal preocupación de la ciudadanía, según apuntaban las encuestas, el PP hizo del tema su jerga principal. De diputado al Congreso, Otto Pérez Molina, fundador del PP, pasó a ser “Comisionado presidencial de seguridad”, durante el gobierno de Óscar Berger, en 2004, como aliado político de la Gran Alianza Nacional (GANA).

A los pocos meses, quizá porque pensó que el desgaste gubernamental no le favorecería, quizá pensando que mejor abandonaba el barco antes de tiempo y retornaba al Congreso sin desgaste, Otto Pérez renunció al puesto. Una posición por la que pasó sin pena ni gloria y mostrando como única ejecución una propuesta que modificaba el criterio de despliegue del Ejército nacional. Medida cuestionada por sus propios colegas quienes le reclamaron haberlos traicionado. El gobierno siguiente, encabezado por Álvaro Colom Caballeros, reclamó año con año que la readecuación impulsada por Pérez Molina había favorecido la rearticulación de carteles de la droga.

Pese a su fracaso en el puesto de comisionado presidencial, el jefe el PP mantuvo la temática de seguridad como su eje principal de promoción política. De tal suerte que, cuando se convoca a elecciones para sustituir a Álvaro Colom, Pérez Molina llevaba más de siete años usando el estribillo de la seguridad y promoviendo su figura como el icono de la misma.

Así las cosas, la campaña electoral con la que, al fin consiguió la presidencia, no podía ser menos. Su corillo de: Mano dura, cabeza y corazón, fue el coro con el cual, merced a los cientos de millones que se gastó en publicidad, alcanzó la presidencia de la república. Y ahí empezó el declive.

Otto Pérez no ha sido el único gobernante enfrentado a la situación de inseguridad. Sin embargo, sí ha sido el único que ha mostrado total incapacidad para enfrenar el problema. Una circunstancia mucho más grave en su caso por cuanto, por el hecho de ser militar se hacía lucir como altamente capacitado para la materia. Una condición que, junto a él, pretenden exponer sus colegas, militares retirados, todos incapaces de tan siquiera diseñar, no digamos avanzar, políticas públicas efectivas y apegadas al estado democrático, para reducir los índices de violencia e inseguridad que enfrenta la ciudadanía.

Los últimos meses del gobierno del PP, ahora aliado con Libertad Democrática Renovada (LIDER), no son precisamente una muestra de avance en seguridad. Por el contrario, desnudan de manera vergonzosa el fracaso estrepitoso de un militar que resultó inútil para administrar la red pública aunque sí eficaz en el montaje de redes de corrupción y despojo del tesoro público.

No se trata de un asunto de percepción. Es evidente que la seguridad es una función que el estado ha abandonado y un derecho que la población no logra ejercer plenamente. Los hechos de los días recientes evidencian y desnudan a plenitud esa dolorosa realidad. Tres periodistas fueron asesinados en menos de una semana en el mismo departamento. Un grupo armado hasta los dientes, lanza una granada y dispara a mansalva en la entrada al hospital más importante del país.

Ante ello, los principales funcionarios encargados de la seguridad ciudadana optan por la burla y la evidente ineptitud. El Ministro de Gobernación declara, por ejemplo, que los atacantes del hospital son bobos porque no mataron al personaje que era su objetivo –esto según la antojadiza versión del ministerio sobre el móvil del hecho–. Cuando matan al tercer periodista en Mazatenango, el viceministro afirma que no era periodista sino cobrador de la estación de cable.

Es decir, al titular de gobernación le preocupa más calificar las cualidades de los delincuentes que participaron en el operativo. Al viceministro le era más importante descalificar a una víctima de asesinato en aras de minimizar el impacto del hecho. Con esa calidad y con el único fin de militarizar al país para proteger los intereses minoritarios de los que destruyen el territorio, la política de seguridad de Otto Pérez Molina y el PP, es evidentemente un rotundo y sonoro fracaso. Un fracaso lamentable que no se mide con encuestas de opinión sino en el número de vidas que ha costado y de familias que hoy están marcadas por la tragedia.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply