El funeral de un hombre digno

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#MemoriaIxil
Cuando salíamos para Nebaj nos enteramos de que ese día, viernes 13 de marzo, había muerto de enfermedad común Pedro Chávez Brito, uno de los testigos en el juicio por genocidio. Falleció a los 43 en la aldea donde nació, Sajsibán, un lugar a tres horas de camino en auto de doble tracción, más casi otra hora a pie por senderos escarpados.

Se decidió cambiar los planes para que un grupo fuera a presentar sus respetos a la familia de este hombre tan valiente. Después de horas, llegaron a la pequeña comunidad de chozas dispersas, sin luz, sin servicios de salud o educación, viviendo el abandono histórico que el Estado ha brindado a la región ixil, a quienes se salvaron del exterminio.

Pedro Chávez Brito era un niño de 7 años cuando presenció el asesinato de su familia por parte del ejército guatemalteco. Experimentó un trauma enorme a esa frágil edad y no tuvo tiempo de procesarlo siquiera porque tuvo que huir para salvar su vida. Pasó años al cobijo de la “Santa Montaña”, como le llaman los ixiles a su única protectora, la que les brindó malanga para nutrirse y plantas medicinales para curarse, la que les dio de beber y cubrirse cuando eran cazados como animales.

Pedro exigió justicia y brindó su testimonio. El tribunal le dio valor probatorio por el nivel de detalle y la certeza con que se expresó. Cuando no podía recordar todo lo atribuía, según su declaración, a que en ese tiempo “era patojo”, ciertamente era un niño que debería vivir rodeado de amor y seguridad; pero su infancia, como tantas otras, le fue arrebatada.

En el funeral mis compañeros fueron recibidos con caldo de puntas de güisquil, un manjar que les supo a gloria después de la odisea para llegar. La familia los recibió cálidamente dentro de su extrema pobreza. Cuando le preguntaron a la viuda si necesitaba algo, refiriéndose a cosas materiales, ella, a cargo de 11 hijos, dijo que lo único que quería era que se supiera que su esposo siempre había luchado porque se hiciera justicia, para que no se repitiera todo el dolor que tuvo que vivir.

El hijo mayor, a cargo ahora de la familia, preguntó si él podía ocupar el lugar de su padre en el juicio cuando éste se reanude, diciendo que quiere dar testimonio de todo lo que Pedro le contó. No cabe duda que su padre sembró bien en él.

El hermano de Pedro dijo que esa enfermedad que tenía desde hace algún tiempo, el ahora difunto, se debía a todo lo que había pasado durante la guerra. Sus palabras me hicieron pensar en cuántas somatizaciones disfrazadas de enfermedades experimentarán los sobrevivientes.

En Guatemala nos interesa parecer buenos, no ser dignos. Por eso cuando un hombre como Pedro Chávez Brito parte, lo mínimo que podemos hacer es reconocer su inmenso valor y no permitir que su historia sea olvidada, ni que sus descendentes mueran sin recibir justicia, como le ocurrió a él.

Gracias Pedro por su ejemplo, valentía y coherencia.

 

Con información y foto de Héctor García. En la imagen, la viuda de Pedro Chávez Brito, rodeada de algunos de sus hijos.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

1 comentario

  1. María Antonieta García on

    Este artículo me devolvío la certeza de la fuerza de la ternura en la mujeres que escriben, al honrar la memoria de PEDRO CHAVEZ BRITO, sobreviviente que pudo declarar la verdad de la guerra genocida que el gobierno fascista y asesino planificó, organizó y ejecutó en contra del pueblo IXIL.

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