El genocidio en Guatemala desde los hechos y ajeno a los discursos ideológicos

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Por Luis Guillermo Velásquez Pérez

Según el artículo 376 del código penal de Guatemala, “comete delito de genocidio quien, con el propósito de destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso, efectúa los siguientes hechos: 1. Muerte de miembros del grupo 2. Lesión que afecte gravemente la integridad física o mental de sus miembros 3. Sometimiento del grupo o de miembros del mismo a condiciones de existencia que pueden producir su destrucción física total o parcial. 4. Desplazamiento compulsivo de niños de un grupo a otro. Y 5. Medidas destinadas a esterilizar a miembros del grupo o de cualquier otra manera que busque impedir su reproducción”.

En el debate sobre genocidio se han reducido los espacios de discusión académicos y jurídicos en la medida en que la opinión pública ha ideologizado su postura.

Quienes dicen que sí hubo genocidio desde una postura ideologizada y desfigurada utilizan argumentos que idealizan a toda la guerrilla y criminalizan a todo el ejército. Se escudan exponiendo que la guerrilla solo cometió crímenes de guerra y aunque es cierto que no son juzgables por la amnistía acordada en los Acuerdos de Paz si son deplorables. Es una postura peligrosa porque apelar en esa línea a la humanidad y a la justicia de las víctimas de genocidio puede terminar ninguneando las consecuencias psicológicas, sociales y familiares que sufrieron las personas que perdieron a seres queridos y que fueron asesinados por la guerrilla. La postura ideologizada del no hubo genocidio ha sido defendida o expresada con comentarios despectivos y racistas, y/o utilizando argumentos que van desde apelar a la sensibilidad de los guatemaltecos aduciendo que la sentencia del 10 de Mayo de 2013 nos culpa de genocidas hasta que el juicio es una venganza de la izquierda.

Independientemente de la postura ideologizada, existe un factor predominante en la construcción de la postura adoptada, la confusión respecto a lo que se está juzgando. Personas en las redes sociales y algunos columnistas de opinión a efecto de desinformar por ignorancia, complicidad o alimentar un discurso, no han comprendido que un juicio por genocidio no incluye crímenes de guerra. La confusión es constante y obstaculiza la comprensión de los hechos y el alcance de la justicia.

Las versiones de la historia desde actores institucionales y sociedad civil no son homogéneas y son mayormente parcializadas dependiendo de la naturaleza de la agrupación. La negación del genocidio ha sido la más ideologizada desde los actores que sostienen esta postura, la Fundación Contra el Terrorismo –FCT– fundada por Ricardo Méndez Ruiz, secuestrado por la guerrilla, publicó semanarios en ELPERIÓDICO propagando el discurso de la criminalización del comunismo que desde 1954 impulsó Estados Unidos por medio de la CIA en Guatemala y denunciando que la farsa del genocidio en Guatemala es una conspiración marxista desde la Iglesia Católica.

Por esa línea, pero menos radical surge otro planteamiento que se identifica principalmente en los artículos de O’Grady y de González Merlo en los que se acusa a la izquierda guatemalteca y a los neoguerrilleros (categoría que no tiene indicios de existir aún en nuestro medio) de haber estructurado en el sistema judicial su venganza. La izquierda guatemalteca ni siquiera tiene la capacidad ni la organización partidista y electoral para figurar como fuerza política importante en nuestro sistema político, mucho menos tiene el poder suficiente para avasallar el sistema de justicia y dirigirlo mediante presiones económicas o políticas para lograr revanchismo y la parcialización de las sentencias. Ante esa realidad han querido evolucionar el discurso y han acusado especialmente a los países nórdicos de financiar la cooptación del sistema de justicia, cuando lo único que han hecho es otorgar apoyo económico para la recopilación de pruebas.

El argumento de la polarización para evitar el juicio por genocidio o negarlo es el menos ideologizado y más académico, es una postura principalmente adoptada por Luis Flores Asturias, Eduardo Stein, Gustavo Porras, Marta Altolaguirre, Raquel Zelaya, Richard Aitkenhead, Adrián Zapata, Arabella Castro, entre otros. En su campo pagado del 16 de Abril de 2013 titulado “Traicionar la paz y dividir a Guatemala” sostienen que “la acusación de genocidio es una fabricación jurídica que no corresponde con el anhelo de los deudos de las víctimas de dignificar a sus seres queridos, de finalizar el luto inconcluso y de hacer justicia. Tampoco es correspondiente con el anhelo de la mayoría de la población de superar el pasado y encontrar la reconciliación nacional”.

Apelar a la polarización de la sociedad para motivar que no se hable ni se juzgue el genocidio cuando existen instituciones y prácticas tradicionales (religión, grupos ideológicos de presión, ejército, élites, etc.) que llevan más de cinco siglos polarizando e incluso segregando a nuestra sociedad es un intento de impunidad y de negar el esclarecimiento de la historia. La polarización de los países es más normal de lo que parece, Chile por ejemplo, tiene una gran división social y política entre los simpatizantes de Salvador Allende y los simpatizantes de Pinochet, un debate histórico profundo y polémico que no ha limitado a Chile en su camino hacia el desarrollo integral.

La asociación para la justicia y reconciliación –AJR–, el centro para la acción legal en derechos humanos –CALDH–, la comisión para el esclarecimiento histórico –CEH– y Guatemala Nunca Más realizaron investigaciones y recopilaron pruebas que después relacionaron con cada uno de los elementos que cita el Código Penal de Guatemala.

La CEH en cuanto a los elementos referentes a la muerte de miembros de grupo y la lesión que afecte gravemente su integridad física o mental, presentó el caso de la comunidad de Río Negro, Rabinal, Baja Verapaz y determinó que “las masacres cometidas en esta comunidad significaron su eliminación completa y la ejecución de más de 400 personas”.

En cuanto al sometimiento del grupo o de miembros del mismo a condiciones de existencia que pueden producir su destrucción física total o parcial y al desplazamiento compulsivo de niños del grupo a otro grupo, la CEH determinó en su análisis lo siguiente: “El desplazamiento forzado y masivo de personas fue un efecto inmediato del conflicto armado interno. La persecución militar, el bombardeo constante de sus casas, la destrucción de sus cultivos y fuentes de alimento, y el bloqueo de sus posibilidades para abastecerse de alimentos, sometieron a la población a condiciones de sobrevivencia extremas que causaron una gran cantidad de muertes por hambre, enfermedades y el susto, evidenciando la intención de destruir poblaciones de desplazados”.  

Continúa describiendo la CEH, “En muchos casos los sobrevivientes fueron objeto de traslados forzosos a otros grupos incluyendo las familias de los propios victimarios”. Una prueba más de que sí hubo genocidio, ¿o acaso el desplazamiento no significó integrarse y a adaptarse a otro grupo por necesidad de sobrevivir, en muchos casos renunciando a sus prácticas, tradiciones y costumbres?

Según la tesis del Ministerio Público entre 1982 y 1983 durante el gobierno de Ríos Montt en el denominado Triángulo Ixil hubo una campaña de exterminio que eliminó al 33.61 por ciento de la etnia maya-ixil: un desplazamiento forzoso de casi 30,000 personas y 1,771 víctimas mortales”, de las cuales el 38 por ciento fueron niños de entre 0 y 12 años”.

La lógica militar en el área rural del país era asesinar a los bebes aún no nacidos y a los hijos de los dirigentes indígenas (guerrilleros o no, asociados o no a grupos guerrilleros) por ser “terroristas” en potencia. Es una planificación militar que trasciende el conflicto armado entre militares y guerrilleros, y por tanto, tiene un carácter distinto a crimen de guerra.

La postura contraria ha planteado también que no hubo genocidio porque los indígenas mataban a otros indígenas y eso no es provocado por la intención de eliminar una etnia sino por un conflicto bélico por diferencias ideológicas políticas. La discusión de este planteamiento se tiene que elevar a un plano sociológico, psicosocial y psicológico de los indígenas que formaban parte de los cuadros militares para poder comprender como un indígena puede cometer genocidio en contra de su propio pueblo. Dicho plano de estudio lo aborda Manolo Vela en su libro “Los pelotones de la muerte” y los sintetiza Lorenzo Meyer diciendo: “El ejército guatemalteco, en nombre del anticomunismo y de la doctrina de seguridad nacional, reclutó y transformó a jóvenes indígenas mayas en auténticas maquinarias de matar a otros indígenas, hasta llegar al genocidio. Si la historia da lecciones, aquí está una, de carácter universal, tan trágica como clara”.

El dilema sobre la existencia y vigencia o inexistencia del Estado genocida guatemalteco posicionado como tema en nuestro imaginario colectivo por el CACIF, derivado de la sentencia, es un tema pendiente que debe ser debatido sin alentar a la susceptibilidad ni refugiarse en la superioridad moral. Mucho menos tergiversando la sentencia y los hechos que fueron juzgados. El genocidio es un delito, no un tema que deba generar una postura en función de una preferencia ideológica.

 

Fotografía de Helena Hermosa

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About Author

Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

8 comentarios

  1. eliane hauri fuentes on

    Uno de los mejores textos que he leído acá. Argumentado, claro, explicado, desde los hechos. Gracias por esta firma invitada.

  2. No había leido un texto como este. Mucha claridad y busca ser imparcial…Hay mucha desinformacion como lo mencionas y la polarización del tema que trata de restarle importancia a los hechos.

    Excelente texto.

  3. Los crímenes de la dictadura de rios montt y su ejército asesino deben ser castigados! Cualquiera que fué a la escuela sabe o, debe saber que el estado que comete este tipo de crímenes es fallido, sus crímenes deben castigarse. Genocidio o no, son crímenes de lesa humanidad. Lo demás es blah blah blah

  4. Ecce Pericles on

    Aburrido, largo, incosistente, ideas inconexas. Además, ahistórico. En la búsqueda de desmarcarse de lo “ideologizado” lo único que consigue es un ladrillo, grueso, sin forma.

    Ecce Pericles.

  5. José Contra on

    Al final, cada lado, el Ejercito y la Guerrilla (ambos a través de sus autores intelectuales y materiales) deben de ser juzgados.

  6. Alberto öhl on

    El papa de Mendez ruiz no fue asesinado por la guerilla. Murió hace unos días. Un artículo simplista y reduccionista que trata de justificar al genocidio, abogando por la “imparcialidad” cuando entre líneas se chorrea la izquierda por doquier.

    • Luis Guillermo Velásquez
      Luis Guillermo Velásquez on

      Tiene razón. Fue un error de edición.

      ¿En qué momento justifico el genocidio? Contrario a una justificación, tomo cada elemento de la tipificación penal y la contrasto con los informes de la CEH e investigaciones académicas, y termino concluyendo que sí hubo genocidio.

      • Ese es el problema. En un inicio tu texto parece que va a tratar de discutir y ver a través de las ideologías, pero no solo de los argumentos, si no de los actores y fuentes. Lamentablemente a pesar de haber planteado bien tu texto y tu objetivo, tu texto no ofrece lo que promete. ¿Por qué no dudas o tratás de evaluar la ideología y los intereses de los informes del CEH? Las investigaciones académicas no son científicas del todo, vos que estudias Ciencias Sociales lo sabes. ¿Por qué no intentas encontrar los vacíos en sus argumentos? Citas ejemplos y citas que a la vez justifican el genocidio, pero te apoyas en la voz de los expertos y académicos. Allí queda tu análisis… unir puntos. Cuando Como lector esperaba algo más, nos es que te “vayas y decantes” por la izquierda, sencillamente se nota tu sesgo (ya sea emocional o ideológico) por el tema. Pero por eso mismo, tu texto no es ciencia… es un ensayo. Se debe de juzgar así… Un problema es que lo vendes como “imparcial” y en ningún momento mencionas cuales son tus tendencias o preferencias para enfocar tus análisis.

        ¡Duda de las fuentes! Reta a los autores, retá sus conclusiones… Eso no te hace blasfemo o de derecha o izquierda… te hace un verdadero analista y científico social… qué es lo que nos ofreces, aparentemente.

        Mi intención es motivarte a que sigas esta línea de investigación. Ya hiciste una mini revisión monográfica de los estudios y los fundamentos legales… ahora busca los vacíos de sentido y sesgos que estos pueden tener. Me encantaría poder leer eso en unas semanas o meses.

        No estoy de acuerdo en cómo dar forma y sustento a tu conclusión, pero seguí así ¡buen trabajo!

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