El gobierno de papel

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Sabia resultó la exigencia ciudadana de que se aplazaran los comicios, se discutiera un gobierno de transición y se diera el tiempo necesario para las reformas indispensables al sistema político. Al imponerse los oídos sordos de quienes sostuvieron artificialmente al podrido gobierno de Otto Pérez Molina, esa idea les parecía sacrilega. Por eso, tanto la poderosa como controladora élite empresarial, así como la embajada de Estados Unidos, abiertamente llevaron en la morra hasta el último instante a quien no se robó el quetzal de la antañona ruta a Escuintla, porque de seguro sintió que pesaba demasiado.

Sin embargo, el costo político y social de tan perversa y egoísta acción política, empieza a pasar factura, aunque lamentablemente no a los propiciadores sino, para variar, a la sociedad. A esa que se movilizó para denunciar, rechazar y reclamar un cambio en el sistema. A esa cuyos impuestos fueron  y siguen siendo arrebatados por un clan político que ensartó sus garras en el sistema. A esa que sobrevive mayoritariamente en condiciones de pobreza y pobreza extrema. A esa que aportó los cientos de miles de muertos y desaparecidos durante el conflicto armado interno. A esa, a la que salvo los diez años de primavera revolucionaria, ningún otro gobierno ha servido como corresponde.

La decisión de mantener a toda costa a Otto Pérez para asegurar “el respeto al estado de derecho” y forzar la realización de las elecciones el 6 de septiembre, la tomaron esos actores. Los mismos que se aseguraron de que un gobierno de papel mantenga la farsa de que hay autoridades para que quien “gane las elecciones” el 25 de octubre, tenga quien le entregue la banda. Pero, siendo como es, una presidencia no transitoria sino de relleno, quien la dirige pareciera conducir un juego y no los destinos de un país en crisis.

No obstante, Alejandro Maldonado Aguirre, titular en la presidencia, es un viejo zorro de la más rancia política ultraconservadora y se hará el baboso pero no lo es. Cada paso que da, tiene su razón de ser. Por algo “sufrió una caída” que obligó a su vicepresidente a representarle en la Asamblea General de la ONU. Sin vicepresidente y con presidente convaleciendo, el despacho presidencial, en realidad, está disponible al mejor postor.

De tal suerte que, en las últimas semanas, ese postor ha dado vía libre para que estructuras paralelas de sicariato ataquen a defensores de derechos humanos. A tal grado que han sido asesinados tres defensores del territorio, han cercado y amenazado a una jueza que puso en su lugar a la empresa responsable del ecocidio en Petén y han elevado el hostigamiento contra el abogado que representa a las comunidades perjudicadas.

Haber impedido que nos tomáramos el tiempo para producir los cambios legales que la política requería ha significado a la sociedad un daño comparable con el ecocidio en La Pasión. Los perpetradores de este crimen, la mutilación de las posibilidades de cambio, son los titiriteros del gobierno de papel. Y por lo tanto, son también responsables del accionar desbocado de los sicarios y criminales que impiden el ejercicio del derecho a defender derechos humanos.

Estamos muy lejos de haber superado la crisis en la que nos sumió el sistema de partidos políticos o franquicias electorales al servicio del mejor postor. Las opciones iniciales fueron anuladas por el dinero y la diplomacia del garrote.

Ahora, estamos ante el grave riesgo de que los ronrones del genocidio, los Patrulleros de Autodefensa Civil (PAC), preparen el terreno para un nuevo asalto de la barbarie a la presidencia. Y este gobierno de papel está montado precisamente para servir a esos intereses. Esto hace que la persistente demanda  sabatina se mantenga como recordatorio de que no hemos llegado a tierra. De que aún hay tareas pendientes y necesitamos completar la jornada pues, en realidad, otra Guatemala sí es posible.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Considero que en gran parte estamos de acuerdo, sin embargo creo que estamos enfocando mla nuestras fuerzas como pueblos, ya las peticiones debieron hacerse en El Congreso y no frente al Palacio (Ejecutivo). Nos ensañamos en un fin sin frutos reales, simplemente porque queríamos demostrar nuestro poder como pueblo. Sin embargo creo que no es tarde y podemos iniciar una ofensiva al Congreso para que los resultados de nuestras demandas se vean plasmadas en futuras leyes. En este periodo quedó demostrado el poder del pueblo y que ya no queremos ni confiamos en la vieja política, pero antes de darle tiempo a esta vieja política a adaptarse y camaleonizarse debemos sentar las leyes o reglas del juego, de lo contrario serán los mismos quienes seguirán destruyendo al país y a sus habitantes.

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