El Gran Inquisidor macondiano y los paracos chapines

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Guatemala y Colombia se parecen mucho. Hasta en lo surreal. Los retratos de “El Señor Presidente” nos describen tan bien a los guatemaltecos como las pinceladas de Macondo a los colombianos. Y de pronto hasta viceversa. Los titulares de las noticias colombianas bien podría pensarse que son guatemaltecas y al revés. Sufrimos las mismas maldiciones históricas.

Lo anterior sale porque el más reciente éxito de la CICIG podría explicarse con las similitudes entre Guatemala y Colombia, o mejor dicho, con las similitudes entre las “mentes criminales” de ambos países. Es difícil imaginar que el golpe dado a la red Lima hubiera sido posible sin la astucia de alguien familiarizado con los cerebros más diabólicos de América Latina. Y es que el Comisionado Iván Velásquez tiene una larga trayectoria de persecución penal de criminales que son tan perversos y sanguinarios como astutos, en su Colombia natal por supuesto.

Todos los comisionados de la CICIG han estado conscientes de la realidad que han enfrentado, pero a diferencia de sus antecesores, Velásquez sí se había medido contra lo peor de la humanidad. El golpe asestado a la mafia enquistada en el gobierno debe verse como evidencia del triunfo de Velásquez sobre las mentes criminales chapinas, que jamás lo hubieran permitido si se hubieran percatado.

Pero mucho cuidado. El último éxito de la CICIG cogió por sorpresa al “paramilitarismo continental” que la daba por muerta. Sus reacciones llegaron tardíamente pero llegaron, la señal inequívoca de que la impunidad dará pelea. Para ello contaron con la colaboración de Alejandro Ordóñez, el tenebroso Procurador General de Colombia, quien bajo circunstancias inexplicables se prestó a “investigar” a Iván Velásquez por haberle sacado fotocopias a un documento público cuando este era magistrado de una corte colombiana.

Para que el lector se haga una idea ( la descripción que sigue es una aproximación, el Procurador General es una figura suis generis de la legislación colombiana sin equivalente en ningún país latinoamericano. En el caso de Guatemala  y para los fines de este artículo podría ser comparable al del MP y la CC juntos, aunque sin funciones penales), el Procurador General de Colombia reúne en una sola persona el poder persecutorio del jefe de nuestro MP y el de finalidad de la CC. Un gran inquisidor macondiano cuyos poderes absolutos hasta a los guatemaltecos nos cuesta concebir. Por si eso no bastara, el procurador actual es un uribista fanático del Opus Dei, anticomunista macartiriano que es además comprobadamente antidemocrático. Ni el gran García Márquez se pudo haber inventado un personaje tan macabramente pintoresco que haría ver a Ricardo Méndez Ruiz como socialista. Como acusador, juez, jurado y verdugo tiene en su récord haber inhabilitado políticamente a líderes electos de la talla de Piedad Córdoba y Gustavo Petro por pretextos ridículos (pero todo el mundo sabe que en realidad su gran pecado fue ser de izquierda).

Con esos antecedentes, no sorprende que el “Gran Inquisidor Macondiano” se haya prestado a “investigar” a quien en su mundillo sería sin duda un enemigo político. Velásquez tiene muchos enemigos en Colombia que casualmente son hermanos ideológicos de los paracos chapines. Las fuerzas del “paramilitarismo continental” no quieren ni a un Iván Velásquez ni a una CICIG en Guatemala y en ninguna parte.

Así que podemos esperar entonces una campaña continental de desprestigio contra Iván Velásquez. Para ello acudirán primero a los medios, donde señalarán la persecución espuria del comisionado como razón suficiente para clausurar la Comisión. Pero no caigamos en la trampa, de nosotros depende que el último golpe de la CICIG se convierta en un parte aguas histórico en la lucha contra la impunidad.

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

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