El hermano de Emma

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Foto tomada de: https://comunitariapress.wordpress.com/2016/04/26/jinete-de-estrellas/1

Es muy probable que los alumnos de la escuela Marco Antonio Molina Thiessen no sepan quién era la persona cuyo nombre lleva su establecimiento educativo. Seguramente habrá chicos que ronden los catorce años, justo la edad de Marco al momento de su desaparición en 1981. Ellos no saben que sus abuelos vivieron un tiempo en el que el terror asomaba por cada esquina. Pero estamos obligados a escribir, a difundir y a contarles a todos esos chicos que hubo una época en la que el sol no salía por las mañanas, porque la muerte de miles y miles de personas mantenía una penumbra de desolación, era el invierno de treinta años de la guerra interna.

Lo que deben saber esos chicos de su pobre escuela situada en Villa Nueva, es que el nombre Marco Antonio Molina Thiessen, sintetiza una de las historias de horror más vergonzantes sucedidas en nuestra sociedad. Seguramente esos niños asisten todos los días a un lugar con pisos, aulas, equipamiento e incluso maestros que tienen condiciones precarizadas. Ellos tienen que saber que las condiciones en que el Estado les ofrece el derecho a la educación, es por causas que yacen en un pasado irresuelto. Deben conocer que la hermana de la persona que nombra su escuela, luchó  desde joven para cambiar las condiciones de su gente y de su país, y que por algo tan valiente y tan genuino como eso, las propias fuerzas de seguridad del Estado la secuestraron y la violaron.

Todos los niños y los jóvenes, no solo los de la Escuela Marco Antonio Molina, sino el concierto de toda la nueva generación de guatemaltecos que se alista al recambio deben saber y deben tomar plena conciencia que sus antecesores adultos, fracasaron en la idea de construir un Estado fuerte o una nación desarrollada; todo lo contrario, han despojado al país como si fuera un botín. Varios de ellos que hoy son juzgados en el sistema de justicia por casos tremendos de corrupción, seguramente también tienen un pasado impune de culpabilidad y responsabilidad, en la muerte de miles de compatriotas.

Los maestros de la Escuela Marco Antonio Molina Thiessen, también están llamados a informarse y compartir la verdad con sus alumnos, son ellos los que tienen una tenue oportunidad para que nuevos guatemaltecos asuman el reto de cambiar su propia realidad. Contar la historia a sus alumnos, pasa por superar la versión oficial, pasa por cuestionar el orden establecido, por demandar los derechos y por asumir con coherencia las vivencias más cotidianas, porque para cambiar la sociedad es relevante empezar por su realidad más inmediata. Todos ellos deben saber la verdad de la familia Molina Theissen, deben conocer que un niño fue tomado como venganza del ejército de su propio país, que fue arrancado de los brazos de su madre, que fue tomado como acto de revancha por el escape de su hermana Emma que quería cambiar su país por un mundo mejor.

Todos los niños del país deben conocer  que Guatemala mantiene una vergüenza de orden descomunal, cuyos culpables llegaron incluso a gobernar; algunos han empezado a ser enjuiciados y otros andan aún en las calles. Pero lo más avasallador, es que deben saber que como Marco Antonio, hay miles y miles que niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres que desaparecieron, dejando una herida mortal en el alma de sus familias. #TodosSomosLosDesaparecidos.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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