El joven que no envejece

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Su imagen se ha inmortalizado con el rostro eternamente joven. Apenas tenía cumplidos los 23 años y sin embargo, llevaba en su espalda el peso de la vida. Asesinatos y desapariciones forzadas, así como las primeras masacres, eran la cuenta dolorosa de ese entonces. Manifiestos, marchas multitudinarias, huelgas generales, organización social urbana y rural, coordinación política de movimientos populares, entre otros, formaban el patrimonio de una juventud comprometida con el cambio.

Allí estaba el joven dirigente, orador nato y líder incuestionable. Lleno de una vitalidad de lucha que lo convirtió en amenaza para el régimen, que decidió eliminarlo. Un 20 de octubre, en 1978, el comando dirigido por Germán Chupina Barahona, coronel del ejército que dirigía la Policía Nacional, lo cercó en pleno centro de la ciudad. Las balas cortaron la vida de Oliverio Castañeda de León, secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU).

El gobierno que dirigía Fernando Romeo Lucas García, se cobró en la vida de Oliverio, las luchas por impedir el alza en el precio del pasaje urbano. Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Donaldo Álvarez Ruiz, el tenebroso ministro de gobernación de ese entonces, empezarían a reprimir con más fuerza las expresiones sociales de lucha y resistencia.

Luego, se desataría la sangrienta persecución contra el movimiento social y popular, pues el régimen necesitaba desmantelar a toda costa, la posibilidad del cambio que avanzaba. Sindicalistas, líderes campesinos, dirigentes estudiantiles de la universidad y de secundaria, maestros y maestras, docentes universitarios, académicas y académicos, líderes políticos de oposición, militantes del movimiento revolucionario, serían presa de la política contrainsurgente que preludió el genocidio.

Treinta y seis años han transcurrido desde ese entonces. Más de tres décadas y media. Y aunque sus congéneres peinamos canas, cargamos nietos y recordamos tragedias, no olvidamos el crimen. Cada 20 de octubre volvemos a levantar la memoria de su vida y a rendir homenaje a su ejemplo. Cada 20 de octubre reclamamos por la justicia que aún no llega. Cada 20 de octubre vemos en los rostros de los jóvenes que avanzan con las nuevas generaciones, el compromiso renovado por el cambio.

Ya sea en las artes plásticas como en las escénicas o en las letras, las y los jóvenes se abren cancha en contra de la corriente. Por iniciativa propia. Generando espacios nuevos o renovando los existentes, la música, la literatura, el teatro, la pintura, la escultura, la poesía, la danza, la academia, la política comunitaria y la resistencia, todo tiene en algún momento un rostro juvenil con mirada de compromiso.

Un compromiso que se aprecia en diversas iniciativas como el nadar contra corriente desde este espacio de El Salmón. Hace un año que las aguas se agitaron y dentro de estas surgió el esfuerzo de opinión independiente que ha logrado captar la atención. Hombres y mujeres jóvenes tomaron la iniciativa. Otras y otros mayores aceptamos el reto de aprender a opinar junto a ellas y ellos, en su empuje juvenil por el debate. Una experiencia enriquecedora para quienes nadamos en estas aguas.

Y, al menos para mí, es prácticamente imposible no ver en ese impulso que se alimenta de rebeldía, un rostro que sigue joven, una sonrisa que sigue cristalina, una imagen que no envejece.

 

Fotografía: Mauro Calanchina

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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