El mes más lindo del año

0

“Diciembre me gustó pa’que te vayas”, dice la canción. Y así empieza la nostalgia que muchos sienten por el último mes del año. Luego vienen otros y no paran de hacer sonar “Llega Navidad y yo sin ti en esta soledad”, y junto al Buki se sirven el otro y siguen llorando “allá en la mesa del rincón”. Los amores fallidos y el despecho hieren a muchas personas, mucho más que las balas; aunque en este país hacer tal comparación es de mal gusto, porque las balas hieren a demasiada gente.

“Ya estamos en el mes más lindo del año”, repiten los locutores en la radio y recuerdan a cada cinco minutos cuántos días quedan para Navidad; y hablan de tamales, de ponche, del olor a pino y manzanilla, de los regalos, de la “Guadalupe-Reyes”, de los convivios; y van al corte comercial y suena el anuncio de B & B. Y repiten el guión cada año, haciendo que todas las Navidades sean un calco de la anterior; la diferencia quizá sea que en la actual el dinero ya no alcanzará para tamales ni para regalos, ni para otras cosas.

La Navidad es una fiesta pagana con pretensiones divinas. Por un lado están quienes aprovechan todos los convivios y reuniones para darle vuelo a la hilacha, echarse una canita al aire y hasta remojar la champurrada en una taza de ponche. Por otro están quienes conmemoran el nacimiento de Jesús, a quien consideran su salvador. El caso es que todos intentan pasársela bien, y ese estado de bienestar lo define, muchas veces, la cantidad de compras que pudieron hacer o el número de regalos que recibieron –si recibieron muchos quiere decir que son apreciados–.

“La intención es lo que cuenta”, justifican los tacaños, o los que no tienen mucho dinero para gastar en regalos. También está la excusa de que no se puede gastar en alguien que no es tan cercano. Y con esos parámetros se mide la calidad y el costo de regalo que se dará en Navidad.

A los niños les encanta que llegue el 25 de diciembre, porque para los más afortunados significa ropa nueva, regalos, dinero, juegos pirotécnicos, y todas esas cosas que hacen especial la “noche buena”; por eso si usted es de los que acostumbra a dar regalos a sus hijos, sobrinos, nietos, y a cualquier otro niño con o sin parentesco, por favor obsequie juguetes. No sea de esos que quieren dar cosas útiles. Créame, a los niños no les gustan las cosas útiles como ropa o calzoncillos, menos los calcetines y aún menos los jabones o cosas para higiene personal. Por sobre todas las cosas, nunca, pero nunca, regale un desodorante a un niño. En todo caso, si no le alcanzó el tiempo para ir de compras lo mejor es regalar dinero, mucho dinero; o poquito, depende de su disponibilidad.

Y fíjese que sí hay muchos casos en los que la intención cuenta. Aunque sus niños estén conscientes de que la situación económica no está para dar ni recibir regalos, cuando hagan memoria de las Navidades pasadas ellos recordarán con alegría los humildes obsequios que recibieron, porque sabían que sus padres no podían hacer más. Si de plano no hay pisto ni para algo sencillo, pues qué se le va a hacer. Ojalá y haya al menos para cubrir las necesidades básicas.

Al final de la fiesta seguirán sonando las canciones de despecho y la infaltable: “Yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas…” cantarán los políticos y empresarios, mientras empiezan a hacer sus propósitos de año electoral.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

Leave A Reply