El niño de la memoria

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El seis de octubre de hace 35 años le arrebataron el abrazo. Irrumpieron en su casa, en la cual vivía junto a su familia. Esa familia donde la vocación por la docencia alumbraba el hogar día con día. Tan solo tenía 14 años. Era un niño. Uno al que le gustaba escribir en el aire. Un niño que dibujaba y se preparaba para la etapa final de los exámenes en ese año lectivo.

La paz de su familia, quebrantada días antes con el secuestro de su hermana Emma, siguió vulnerada. Ese día mediante una operación de contrainsurgencia, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado   buscaron convertirlo en botín. Violentaron la intimidad del hogar Molina Theissen y además de registrar la casa, agredir a la madre Emma Theissen Álvarez de Molina, se llevaron por la fuerza a Marco Antonio.

Hombres adultos, entrenados militarmente, armados y despiadados se ensañaron con una familia a la cual le arrebataron a un niño. Su niño. Nuestro niño. Lo robaron del entorno familiar y lo llevaron con un rumbo, hasta ahora impreciso. Tres décadas y media después, una madre sigue buscando y pidiendo que le entreguen los restos de su niño. Uno de los cinco mil niños y niñas que como él, están desaparecidos luego de haber sido secuestrados por las fuerzas de seguridad.

Marco Antonio fue robado del abrazo familiar porque sus captores querían canjearlo por su hermana. Una mujer valiente, quien luego de permanecer una semana secuestrada, tras ser detenida en un retén militar, escapó del cautiverio durante el cual la torturaron y violentaron. La humillación recibida por el entorno castrense de la zona militar de Quezaltenango, pretendieron reivindicarla con un nuevo acto de cobardía: el secuestro y posterior desaparición de un niño.

Desde la oscuridad instalada ese día terrible, es hasta en enero de este año que se encendió una pequeña luz. Cuatro de los responsables de dirigir el estamento militar en Quezaltenango y los servicios de inteligencia castrense fueron capturados y ligados a proceso. Francisco Luis Gordillo, Manuel Callejas y Callejas, Hugo Ramiro Zaldaña Rojas y Edilberto Letona Linares, han sido acusados de la desaparición de Marco Antonio. En una siguiente diligencia del Ministerio Público, se añadió a la acusación por desaparición forzada y contra deberes de humanidad, el delito de violación. Con este nuevo cargo se acusó al ex jefe de Estado Mayor General del Ejército, Benedicto Lucas García.

Los cinco militares retirados alegan ignorancia sobre los hechos. Niegan su responsabilidad en los crímenes que se les imputa pese a la evidencia por las posiciones que ocuparon. Pero lo que niegan ante la corte, aparece reafirmado en espacios de redes sociales cuando sus familiares o amistades reivindican que son héroes quienes “salvaron a Guatemala del comunismo”. Como si la violación, la tortura, la desaparición forzada y el ensañamiento contra un niño fuese un acto de valor o una acción heroica.

Por si fuera poco, en los mismos espacios se intenta denigrar a la familia que tan solo busca justicia. Una familia que ha mantenido viva la memoria por más de tres décadas. Que no ha dejado de buscar a su niño y procurar justicia por él. Actuando contra toda razón humana, los entornos sociales de los sindicados levantan acciones de difamación y calumnia. Pero sobre todo, ponen a descubierto la crueldad que permea sus emociones.

Contrario a ese actuar de hostigamiento e iniquidad que caracteriza el entorno social de los procesados, la familia de Marco Antonio ha sido ejemplo de dignidad, decoro y nobleza. Las maestras, doña Emma, Lucrecia, Emma  y María Eugenia, son la fuerza hecha mujer y persistencia. La expresión concreta de la humanidad y la búsqueda de justicia. Por eso han ganado el respeto social. Por eso han logrado que su niño, nuestro niño, sea el niño de la memoria.

 

 

 

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Doña Eduvina Hernandez, gracias por compartir historias reales DE NUESTRA GENTE. Me duele el corazon el saber las mentes tan PODRIDAS que el EJERCITO tiene, y lo peor ese CANCER no cambiara por mucho tiempo, que practicamente desde 1954, cuando entro Castillo Armas, ESTA INSTUTUCION se dedica a construir ASESINOS . Comprendo el DOLOR DE ESTAS PERSONAS por el secuestro de un NIÑO, que ya nunca aparecio, y le digo LOS COMPRENDO, pues mi Señor padre tambien fue secuestrado en 1967, por el EJERCITO, que gracias a Dios, y a la publicidad que se le dio, de saber DONDE LO TENIAN, y QUIENES eran los secuestradores , APARECIO despues de una semana. Por eso me entristese el ver que AUN en este siglo del 2016, sigue vijente lo que dijo y escribio Juan Jose Arevalo, ” EL EJERCITO DES EL CANCER SOCIAL DE GUATEMALA “.que se mantienen en el poder por la fuerza bruta.

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