El “paiz“ del rezo y el acoso

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A la memoria de Gerardo Cruz, joven costarricense que increpó a un acosador y fue apuñalado dos días después.

 

Guatemala es un país religioso, imposible negarlo. Las creencias ocupan un lugar central en la vida de la inmensa mayoría de la población y afectan muchas de sus decisiones.

Por eso no extraña el apoyo que recibió la propuesta del diputado Leonel Soto, ahora Unionista y antes FRG, para instituir el 3er. Sábado de cada mes como Día de Oración…en un Estado Laico, al menos de nombre.

Inconstitucional como es su propuesta, desnuda el orden de prioridades del sistema y el irrespeto a los derechos de quienes no somos mayoría. Quienes oran deberían ser los primeros en oponerse, ya que como apuntaba Maurice Echeverría, oración por decreta deja de serlo.

En el mismo país que vive tales manifestaciones religiosas, las mujeres no podemos caminar tranquilamente por las calles. Y no es solamente por la amenaza de un asalto. Es por una actitud violenta que la sociedad ha normalizado y hasta alabado: el acoso callejero.

No le llamemos piropo ni “decirle cosas lindas a las mujeres”; tampoco “ galantería”. Cualquier acercamiento no deseado constituye una forma de violencia psicológica.

Hay acosadores de varios tipos:

  1. El grupal: necesita la manada, porque a solas no se atreve.
  2. El solapado: se aproxima con cuidado, y ejerce la violencia en voz baja para que solo la víctima le escuche.
  3. El gritón: que se valida a través de la agresión auditiva porque necesita público.
  4. El mudo: no dice nada, pero no hace falta. Su mirada es suficiente agresión.
  5. El tocador: que intenta establecer contacto con su víctima.

No importa a cuál tipo pertenezca, los hay de todos los estratos y edades; ninguno tiene justificación para cometer esta agresión. Un hombre que tenga que recurrir al acoso como forma de contacto revela una gran inseguridad en si mismo.

Y están en todas partes. Como el empleado de la gasolinera Shell que anotó el nombre de una clienta cuando esta pagó con tarjeta y al día siguiente le envió un mensaje.

¿En dónde entonces podemos estar a salvo las mujeres de la violencia?

Los acosadores son esos mismos que llenan los bancos de las iglesias, que llenan de bendiciones a los demás, que aparentan ser personas correctas y que se quejan de la violencia en aumento en nuestro país.

En lugar de apoyar días de oración, pasemos a la acción y defendamos el Estado Laico, el derecho de las mujeres a una vida sin violencia y calles seguras para nosotras. Basta ya de que una mujer no pueda andar sola, basta ya de cambiarse de ropa para no “provocar” a las bestias, basta ya de vivir con la paranoia de ver atrás y a los lados continuamente, basta ya de considerarnos ciudadanas de segunda categoría.

Para los que siempre piden propuestas, aquí va una que hemos implementado con éxito: Imprimir volantes con la Ley Contra el Femicidio, especialmente el artículo 3 Literal m, en lo tocante a violencia psicológica, con prisión de varios años, sin derecho a fianza. Al entregárselos a los agresores sin decirles nada, conocían la ley y se notó un cambio en su conducta, sabemos que no por convicción sino por temor, ese mismo sentimiento que invade a sus víctimas cuando se arriesgan en las calles de este “paiz” tan religioso.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

3 comentarios

  1. carmen lemus valenzuela on

    Ni frivolas ni parlanchinas. Expresar Y integrar esfuerzos tal como en ésta fecha lo lograron,Fernando Ramos,
    estefhanie López y su conocimiento Lic. Elizabeth Rojas. Femicidio no responde sólo a una experiencia marginal, ni sólo a la violencia incorporada a la figura del opresor, tiene relación con el sistema cultural que lo
    válida y justifica. Lo sabemos , las distintas violencias y sus modalidades han sido recreadas y solapadas en el lenguaje literario. Desde la parte oscura y misógina de Nietzche y su experiencia personal en relación con su madre, a quién relegó en su historia autobiografica, en calidad de meretriz.
    Gratitud en la posibilidad y proceso de pensamiento. Saludos, de Carmen.l.Valenzuela.

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