El Paro nacional: Guatemala, 27 de agosto 2015. Primera parte.

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Una perspectiva histórica, a cuatro momentos: 1962, 1973, 1977, 1980

Sergio PalenciaPor Sergio Palencia

Sitiado entre dos noches
el día alza su espada de claridad:
mar de luz que se levanta afilándose,
selva que aísla del reloj al minuto

Árbol entre dos muros, José Emilio Pacheco (1)

El paro nacional del 27 de agosto ha sido descrito como «la marcha más grande de la historia de Guatemala» (2)., «la mayor marcha de protesta en la historia del país» (3), o «la movilización de masas más amplia de la historia contemporánea, además de la de mayor concenso.» (IPNUSAC, 2015: 7) (4). Solo en la Plaza Central de Guatemala, sin referirse a las marchas y bloqueos a nivel nacional, se calculan entre 100 y 120 mil manifestantes. Grandes cifras, grandes frases, tan grandes que adolecen de un pequeño pero central detalle: memoria, reflexión y contraste histórico. No es lo mismo la Ciudad insurrecta en las jornadas de marzo y abril 1962 a la enorme Huelga de cuadrilleros y rancheros en la Costa Sur en 1980, sin olvidar la Marcha de 100 mil personas ingresando a la Ciudad en 1977.

Enredados, como en un vendaval, pasaron los diputados, el presidente, los candidatos la semana pasada. Acostumbrados a cargarle al pueblo sus fechas como el trabajo pesado, no cambiaron las elecciones lo mismo que sus antepasados, los fariseos, hace dos mil y tantos años, hacían del sábado una excusa para oprimir sangrantes y paralizados. Los directores de periódicos y los periódicos de directores se apresuraron para llevar las noticias al tiempo del conteo, de la declaración, de la acumulación. Tanto les había impresionado el Paro nacional del 27 de agosto como para, posteriormente, dejarlo como noticia rebasada. Ahora había que celebrar que el “movimiento ciudadano” se había volcado a las elecciones como a un nuevo programa de televisión. El presente es tan pesado, tan acumulativo, tan incidente que, lo de atrás, es solo importante para una crónica a leer en cinco sintéticos puntos. No hay que pedirle mucho al lector, tampoco al votante o al ciudadano, piensan.

Hoy sería más cómodo comentar cómo se disputan el primer lugar dos o tres partidos políticos. Entraría en la misma sintonía que espera el empresariado organizado –mismo que mandó reprimir el paro el 25 de agosto, mismo que atrás negoció con los diputados leyes para explotar, aún más, a los empleados y desempleados, mismo que protegió al kaibil Pérez Molina tras la masacre de Alaska en 2012, ignoró el asesinato policial en el operativo de Semococh y Raxrujá, el que canceló la condena por Genocidio–. Pero no, gracias a las tierras y a los cielos, lo abierto en estos años de lucha los rebasa a ellos. Caminando en la plaza hace dos sábados, viendo a la gente, las expresiones de sus manos, sus rostros de alegría y fuerza, de coraje y memoria, leí en una enorme manta blanca un pequeño e inusual escrito, anónimo: Si la memoria nos acompaña, el futuro no nos ahueva. Pensé en la fotografía de Árbenz, en las jornadas de 1962, en las múltiples resistencias urbanas, en ellas y en todos ellos.

Este escrito, semejante a quienes llevaban veladoras en las marchas nocturnas de julio 2015, quiere traer memoria como si fuera un fuego en retoño, necio y por eso mismo, vivo. No es la primera vez en nuestra historia que, como pueblos, hacemos estallar el tiempo de la normalidad-mercantil para, ahí, sembrar nuevas posibilidades. Hemos luchado pues. A cada una de nuestras rebeliones y sueños soñados colectivamente, desde nuestra más profunda individualidad, los generales, terratenientes, defraudadores y explotadores han respondido con elecciones, golpes de estado, nuevas constituciones. Sino que lo diga Castillo Armas con 1955, Peralta Azurdia con 1963-1965, Mejía Víctores con 1983-1985 Nosotros, al contrario, no vamos para adelante porque así lo dictan desde arriba. Detengámonos un momento, retomemos fuerza y recuerdo. Ahí, negándonos a seguir sus ritmos, podemos encontrar a quienes desde el pasado entienden el mundo que queremos revolucionar, precisamente porque se lanzaron a cambiarlo, fuese en la Guatemala de 1962, 1973, 1977, 1980. Las manifestaciones de 2015 solo son semilla y prefiguración de camino si hereda pasado. Solo así, su novedad es novum histórico.

1. Ciudad insurrecta y la “Operación Palillo”: Marzo y Abril 1962:

La ciudad está paralizada. Los estudiantes han desatado un potente movimiento que exige la renuncia del presidente militar Miguel Ydígoras Fuentes. El jefe de su policía, un hombre de apellido Córdoba – apodado Huevo Loco – dispara contra los jóvenes en la 9a calle y 9 avenida de la zona 1. En la última conferencia previa a su asesinato, en 1979, Meme Colom Argueta recordó esos días aciagos: «Pasan dos meses sin que el gobierno pueda controlar la rebelión y la Ciudad de Guatemala no es de nadie» (5). El gobierno, la policía y el ejército pierden el control de ciertas zonas de la ciudad. Por unos días las masas enardecidas declaran la zona 5 como territorio libre de América. El comercio se detiene y los trabajadores se niegan a limpiar la basura de las esquinas. Colom Argueta, alcalde de la capital bajo el gobierno del general Arana Osorio, analizaba la enorme creatividad de la lucha urbana en 1962. Los estudiantes: «ponen palillos de dientes a todos los candados de los comercios de la zona 1, y agregado a que los propios comerciantes no quieren abrir, se paraliza el comercio». Mientras tanto, los trabajadores de la municipalidad «colocan las basuras en ciertos lugares de la ciudad y las queman». Es un paro irregular, de más de dos meses, donde los institutos se convirtieron en trincheras y en las calles de asfalto se levantaron barricadas.

2. La renuncia no llega, el Golpe militar sí: dos abriles, 1962-1963:

El 8 de marzo de 1962 el gobierno de Ydígoras advierte que utilizará la fuerza pública y armada contra cualquier manifestación. El Ministerio de Gobernación habla a los padres de familia sobre el peligro de sus hijos en las manifestaciones. Los escuadrones paralelos al MLN –al cual perteneció al actual presidente Maldonado Aguirre– ponen bombas en colegios, cines y lugares públicos. El fin: paralizar el movimiento con terror. No obstante, el 15 de marzo 1962, alrededor de 500 personas asisten al funeral del bachiller Maco Gutiérrez. La ciudad apenas está iniciando su insurrección y, en el horizonte, se incrementa la actividad de los grupos revolucionarios. Una de estas fue un fallido intento de toma de un cuartel chico en Concuá. Fracasa. Ydígoras, mientras tanto, no renuncia. Se esfuerza por mostrar virilidad haciendo ejercicios televisados. Su ministro y futuro golpista, Enrique Peralta Azurdia, planea, junto a la oficialidad leal a la Contrarrevolución, el aplastamiento de la rebelión urbana y posteriormente un Golpe de Estado en 1963. De no ser así, el Arevalismo podría retornar y con ello las aspiraciones democráticas. Fruto del Golpe militar: entre 1965 y 1966 nueva Constitución, un nuevo proceso democrático tutelado, primer arrasamiento de aldeas en Zacapa e Izabal, secuestro masivo de dirigentes sociales en 1968. Asimismo, entre 1961 y 1965, el ala conservadora jesuita funda la Universidad Rafael Landivar (6). Temen la influencia de una generación jesuita crítica en Guatemala, como poco más tarde se daría con la fundación de la UCA, en El Salvador. En Guatemala se privatiza la educación como medida de contingencia y separación de la juventud.

3. Frente al Chacal de Oriente, los maestros en huelga: Mayo 1973:

El general Arana Osorio está furioso. Hace apenas cuatro años acaba de aplastar la rebelión guerrillero-campesina en Oriente. Ahora, bajo la ciudad pacificada se levanta una huelga de carácter nacional: «Unos 8 mil maestros de educación primaria y secundaria se declararon en huelga hace una semana en demanda de aumentos de sueldo» (La Nación, 5 mayo 1973). Mientras, el gobierno dota a las organizaciones finqueras de créditos para el café ante el peligro de la roya: la educación y la salud humana es dejada atrás. En los institutos públicos se va formando el Frente Nacional Magisterial, el cual iniciaría aglutinando una demanda salarial para, paulatinamente, incorporar a pobladores marginales y estudiantes. El General teme un 1962 en medio de su campaña de pacificación. La policía reprime las manifestaciones magisteriales. Por otro lado, muchos estudiantes de la generación de 1962 creen que es necesario impulsar la Revolución en Guatemala. Clandestinos, vendiendo artículos de plástico en las mañanas y organizando la lucha en la noche, estos jóvenes veinteañeros se están conociendo con dirigentes magisteriales y pobladores. La rebelión urbana no ha muerto, se mueve. La huelga triunfa al costo del inicio de la persecución de sus líderes. En el campo, a finales de mayo de ese año la policía militar asesina a 17 campesinos xincas en Sansirisay, Jalapa. Involucrado en la operación está el militar Efraín Ríos Montt. El conflicto: tierra en disputa entre comunidades y finqueros. Un año después, en 1974, los grupos de la línea dura militar harían un fraude contra la Democracia Cristiana, instalando en el poder al general Kjell Laugerud. Declaran Estado de Sitio en diversos pueblos del país. La democracia bajo estado de sitio, buena frase para resumir el sistema de garantías guatemalteco.

4. Dos decenas de mineros mames convocan a 100 mil manifestantes: Noviembre 1977:

Desde San Ildefonso Ixtahuacán traen una manta que dice «Marcha Pacífica». No fue abril 2015 quien inició esto, menos por internet. De habla mam, su reivindicación consiste en la demanda del pago de sus prestaciones, ante el cierre de una mina en ese municipio huehueteco. Ante esto inician una larga marcha el 11 de noviembre 1977. A su lado, asesorándolos legalmente, camina el abogado Mario Mujía Córdoba, quien sería asesinado en 1978 por escuadrones asociados al ejército, quienes quieren evitar la organización colectiva. A medida que van caminando son recibidos por miembros de Comités de Agua, de Vivienda, por cooperativistas y miembros de Acción Católica en el Altiplano indígena. Causa gran revuelo en Sololá y Chimaltenango. El gobierno de Kjell Laugerud se pone nervioso a medida que avanza la marcha. Desde 1976 la organización social se ha incrementado para solventar la crisis causada por el terremoto. En la ciudad preparan la recepción de los caminantes mames. La experiencia es asombrosa: más de 100 mil personas entran apoyando a las dos decenas de mineros. Se han volcado estudiantes universitarios, medios, parroquias religiosas. El gobierno teme: «También fueron amenazados por el Vicepresidente de la República que dijo que si seguía la marcha los iba a mandar a reprimir.» Un testigo reflexiona sobre la experiencia: «Hemos visto la fuerza del pueblo que cuando se organiza y se mueve es algo que arrastra y hace retroceder a los opresores y represores del pueblo» (7). Entran a la ciudad, caminan las calzadas de occidente e ingresan a la zona 1. En la Concha Acústica, frente al Parque Central, dan su discurso. En ese mismo lugar, menos de un año después, un joven graduado del Colegio Americano, Oliverio Castañeda, ahora estudiante sancarlista, daría un discurso. Miembros de la Policía, comandada por el coronel Chupina, marcarían en la foto una X. Lo asesinarían en los albores del segundo momento de guerra.

5. La gran Huelga de los desposeídos en los albores de la guerra finquera: Febrero 1980

Inicios de 1980: la organización desde abajo es cada vez más fuerte. La represión va en escalada. Ya no solo se da contra líderes de sindicatos, cooperativas y ligas campesinas, sino empiezan los secuestros y masacres masivas. Dos de ellas se darían ese año, en 1980: la quema de la Embajada de España y el secuestro, en dos operativos, de 43 sindicalistas urbanos. Apenas una semana después de la Embajada, en febrero 1980, un grupo de organizadores campesinos, pertenecientes a grupos católicos en Santa Lucía Cotzumalguapa, ven que es el momento indicado para la gran acción. Durante febrero 1980 se desataría la Huelga de la Costa Sur, a la cual se calcula que participaron cerca de 80 mil trabajadores, rancheros o cuadrilleros, de Escuintla y Suchitepéquez. Los trabajadores tomaron camiones y fueron a avisar de la huelga a fincas vecinas. Los cuadrilleros ixiles hacían guardia en las bodegas de Pantaleón, controlando el alimento. Esta huelga ponía en jaque la producción finquera de ese año. El gobierno de Lucas, con un Ministerio de Gobernación copado por finqueros, estaba indeciso entre la represión y la concesión táctica. Se decidió la segunda, aún bajo la molestia de los finqueros locales. Se aumentó el salario de un quetzal a Q3.20 el jornal. No obstante, a partir de 1980 y, especialmente en 1981, los escuadrones de la muerte asolarían al campesinado organizado, de manera individual. No se hacían grandes masacres ahí donde se necesitaba sacar la producción. Los campesinos –indígenas o ladinos, rancheros o cuadrilleros– habían descubierto algo: «Si nosotros paramos, se para la riqueza de los finqueros» (8). Asesinado Colom Argueta y perseguidos los partidarios de la Democracia Cristiana, el futuro previsible era un nuevo presidente de la línea luquista. No sería así, de nuevo un golpe militar en marzo 1982. Ríos Montt vestiría a Cristo de guerrero anticomunista y un joven teniente, Otto Pérez, conocido como Tito Arias, dirigiría la segunda fase de represión contra los pueblos ixiles.

Vistos estos momentos históricos, ¿qué significa entonces el 27 de agosto para la historia de Guatemala y de la región Mesoaméricana? (9)

 

(1) Pacheco, José Emilio. (1963 / 1983). Los elementos de la noche. México: Era, pp. 58

(2) Nómada. «¿Qué provocó la marcha más grande de la historia de Guatemala?» en: Revista Nómada, 29 de agosto 2015.

(3) Quan, Mario. «El escalofrío. Paro nacional #27A», en: Plaza Pública, 28 de agosto 2015.

(4) Editorial IPNUSAC. «La movilización más grande de la historia . El consenso más amplio» (pp. 7-9) en: Revista Análisis de la Realidad Nacional, Año 4, Edición No. 80, Guatemala, 1 al 15 de septiembre 2015.

(5) Colom Argueta, Manuel. «Guatemala: el significado de las jornadas de marzo y abril» (pp. 7) en: Jornadas populares. Marzo y abril del ’62. Revista USAC. No. 1 año 1997. Guatemala, pp. 94

(6) URL (julio 1965). Fundación y primeros años de la Universidad Rafael Landivar. Guatemala: Tipografía Sánchez & de Guise, pp. 23

(7) Revista De Sol a Sol. Periódico campesino No. 20, diciembre 1977, Guatemala.
(8) Revista De Sol a Sol. Periódico campesino. 1980, Guatemala, pp. 3

(9) El Paro Nacional: Guatemala, 27 de agosto 2015. Segunda parte: La CICIG, la Embajada y la pregunta por el despertar urbano

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