El partido de siempre

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Como si de un partido de la selección se tratara, a pocos días de asistir a las urnas nos encontramos con que ya sabemos el resultado de antemano: sea cual sea el dibujito que gane, sea el pulgar, la bandera o las manitas en forma de paloma, Guatemala ya perdió. Y eso lo sabemos todos o casi todos.

El país sin opciones reales de cambio para mejorar a través de votaciones, el país con muchos perros hambrientos y rabiosos peleándose por ser los primeros en llegar al hueso entumecido pero hueso al fin, el país con un marcador de trece goles contra cero antes de pitar el inicio del partido. No necesitamos narradores como los del Canal 7 que nos cuenten lo que estamos viendo con nuestros ojos en la tele, o que nos digan que metió el penal el tirador cuando vimos que la paró el portero. Demandar algo distinto en esta realidad sería esperar el milagro del mundial 2018 con el mismo equipo que quedó en último lugar de la devaluada Copa Oro.

Son tiempos que nos han servido a muchos para salir a las calles y desahogarnos, gritar nuestra frustración y fortalecer nuestra esperanza porque las cosas algún día podrán ir mejor. Vamos a jugar el partido de siempre, con árbitros vendidos representados en los financistas que ordenan y dan plata a los candidatos que les prometen y cumplen con negocios en el Estado o les juran que no cobrarán más impuestos y que les devolverán el crédito fiscal o que les construirán sus caminos o carreteras para que puedan llegar los camiones a sus propiedades o les pondrán la luz en donde les hace falta.

Y así llevamos décadas jugando ese partido perdido desde el inicio como colectivo en elecciones que si mucho alcanzan a vender ilusiones y promesas que nunca llegan. Si la vía pacífica, el juego limpio, el famoso fairplay es nuestra divisa; paracambiar por fin de partido, debemos entrenar más fuerte, jugar en equipo, dejar de lado la camisola roja o blanca y ponerse la misma sin querer meter el gol todos al mismo tiempo. Algunos serán defensas, otros volantes y algunos pocos delanteros, pero encontraremos la manera de ganar el partido sudándolo hasta el último minuto.

Cada jugada será decisiva, cada pase nos hará avanzar, aunque a veces sea para atrás o de taquito, solo para reordenar el juego. Habrá juegos bajo la lluvia, con terrenos llenos de lodo pero ensuciarnos el uniforme es parte de la batalla. En frente tenemos a un equipo que juega sucio, compra árbitros y se cambia de uniforme a cada rato para despistar o confundir. Pero si seguimos nuestra táctica en unidad, dando a cada jugador su lugar para que pueda explotar sus habilidades y entrenamos fuerte y duro, el triunfo llegará, tal vez no hoy ni mañana, pero de llegar tiene. Y si no, al menos sabremos que lo dimos todo en la cancha y eso en sí es ya un triunfo que nadie puede podrá robarnos.

A entrenar se ha dicho.

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Juan Carlos Carrera

Abogado especialista en materia ambiental y administración pública. Escribo en El Salmón desde octubre de 2013. Creo en la palabra como uno de los mejores medios para construir puentes entre las personas, exponer nuestras ideas y abrirnos a los demás: Fragoso es un intento de ello.

1 comentario

  1. Jonathan Reynoso on

    Juan Carlos: Ahora el artículo que sigue, es sobre el sistema de juego que vamos a emplear para ganar el partido, será un 4-4-2? Un 4-2-3-1? O le apostamos duro y metemos un 3-2-4-1? Saludos.

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