El (penoso) negacionismo del cambio climático

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Siempre han existido los grupos de interés específico (tanques de pensamiento) para promover políticas o leyes; algunas de buena fe y otras con métodos de ética cuestionable para beneficiar el sector industrial que los financia. El sector energético ha encontrado una amenaza con los recientes hallazgos acerca del cambio climático, después de todo las medidas que se están adoptando para mermarlo significarían pérdidas para sus inversiones si no innovan a tiempo, la conocida y reaccionaria resistencia al cambio.

El cambio climático está compuesto de muchos factores; algunos naturales y otros humanos. El calentamiento global es uno de tantos efectos negativos del cambio climático, la temperatura superficial del planeta ha aumentado 1.7 grados centígrados desde 1880 y hay un consenso en la comunidad científica de que estos efectos son causados por la actividad humana. Todas las asociaciones científicas internacionales competentes en el tema se adhieren a las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, unas pocas organizaciones se han abstenido y ninguna está en desacuerdo. En la comunidad científica no hay controversia alguna acerca de la evidencia que demuestra que las emisiones antropogénicas de gases de invernadero están teniendo un impacto negativo en el cambio climático.

Sin embargo esta no es la única arena en la cual se libra la batalla de las emisiones de gases y la sostenibilidad energética; también se lucha en el ámbito económico y político, varios lobby o tanques de pensamiento en el mundo reciben financiamiento de forma directa o indirecta de las compañías energéticas (ExxonMobil, Shell) y de extracción de minerales –prácticamente cualquiera que vea sus ingresos afectados por políticas y leyes ambientales–, millones de dólares son inyectados a estos grupos cada año para intentar crear controversia acerca del tema con el objetivo de proteger sus intereses. Por ejemplo, The Heartland Institute, una organización que financiada por las tabacaleras estadounidenses (Phillip Morris) pretende defender el uso del tabaco creando controversia y minimizando sus conocidos efectos negativos en la salud –sin pruebas y contrario a toda evidencia–, también recibe fondos del sector energético (ExxonMobil) y promueve el mismo tipo de desinformación acerca del calentamiento global. Por supuesto que esta no es una institución científica sino un grupo de interés que promueve políticas específicas.

Guatemala –país con gran cantidad de recursos naturales– no es la excepción y han surgido grupos intentando seguir este modelo; un reciente artículo de la Revista Nómada expone uno de ellos llamado Red Rana. La estrategia es clara: ante la imposibilidad de rebatir científicamente la evidencia –datos duros e irrefutables– la desinformación intenta generarse con argumentos ideológicos y políticos, y es una táctica muy común entre estos grupos. Por supuesto que dichas agrupaciones poseen la libertad de expresarse, aunque sería más honesto hacer sus propuestas desde un marco de desregularización y privatización ambiental en la arena legal sin hacer ese extraño espectáculo pseudocientífico, sus propuestas ni siquiera son motivo de discusión en materia ecológica. Solo basta con ver la lista de fundadores del grupo y sus asociaciones para darse cuenta de que se trata de personas con trasfondo político y no científico.

Al final queda en el público –usted y yo– saber identificar las aristas del asunto; que hay gente que intenta refutar evidencia científica con argumentos ideológicos y que simplemente no es posible porque son dimensiones distintas. A pesar de tener una fachada engañosa no son instituciones de carácter ecológico o científico sino vehículos políticos. Podría ser por ignorancia, falta de análisis, o intención de confundir; pero el resultado siempre es la desinformación. El calentamiento global existe y es consecuencia de la actividad humana del último par de siglos, el asunto ideológico no tiene cabida en el tema, es harina de otro costal.

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Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

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