El reto de las etiquetas étnicas

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El 6 de noviembre pasado, una nota de Prensa Libre advirtió sobre los cambios que el RENAP hará al Documento Personal de Identificación –DPI-, uno de los cuales es la inclusión de datos sobre la etnia y comunidad lingüística de las personas.

Esta medida debería despertar la preocupación de la ciudadanía, porque no hay claridad sobre los criterios con los cuales se establecerá la etnia o los efectos que la medida puede tener en la sociedad guatemalteca.

La mención de la etnia o la religión en el documento de identidad fue utilizada en el pasado, en países como Alemania o Ruanda, para que los perpetradores de genocidios identificaran a sus víctimas. Aunque en Guatemala ya hubo un genocidio, producto de un conflicto político, el riesgo de la violencia étnica sigue latente y recordemos que la emisión de los DPI está bajo el mandato del Ministerio de Gobernación.

La diferencia entre Alemania, Ruanda o los países de la antigua Yugoslavia y Guatemala, es que acá el movimiento maya, que inició a mediados de los años setenta, es quien exige a quienes no somos indígenas que nos identifiquemos étnicamente.

La nomenclatura étnica cambió en Guatemala a partir de los Acuerdos de Paz. Antes de 1996 el Estado clasificaba a sus habitantes en indígenas y ladinos, otorgándole  a cada una de estas etiquetas un valor de acuerdo al prejuicio racial. Para el Estado, la población indígena era la responsable del atraso del país y se pensaba que si esa porción de la población quería ser sujeta de derechos, tenía que abandonar su cultura y “ladinizarse”. Ser ladino se convirtió entonces en sinónimo de ser guatemalteco.

A pesar de los avances que supuso la firma de la Paz, estas etiquetas étnicas y los prejuicios que conllevan siguen presentes. Sin embargo, en la actualidad hay un discurso asumido de parte del Estado y buena parte de la sociedad, según el cual Guatemala es habitada por cuatro pueblos: maya, garífuna, xinka y ladino.

¿Son estas las nuevas etiquetas que portaremos en nuestro documento de identificación? No creo que los mayas, garífunas y xinkas tengan problema en portar un documento que los identifique por lo que son, pues el Estado ha recalcado siempre que son “diferentes” a lo que se promulgaba como identidad nacional y en el presente sus identidades se están construyendo a partir de los aspectos positivos de sus culturas.

El verdadero reto de esta nueva nomenclatura sigue siendo la otra mitad de la población que es etiquetada bajo del término “ladino”, pues muchos no sabemos qué significa esa palabra o simplemente nuestra identidad étnica es menos importante para nosotros que otras identidades.

Ante esta situación, es importante tomar en cuenta algunas preguntas que nos pueden ayudar a reflexionar sobre la identidad, como: ¿cuáles son los rasgos que definen al “ladino”?, ¿no ser indígena?, ¿ser producto de la mezcla de todos los grupos?, ¿hablar castellano?, ¿cuál es la cultura ladina?

Y hay otras dudas que la mención de la etnia en el DPI me genera, como qué etiqueta se utilizará para los afrodescendientes que no son garífunas o para aquellas personas que tienen herencias culturales de otras latitudes, nos preguntarán cómo queremos identificarnos o nos clasificarán  “al ojo” como se hizo todavía en el último censo.

Ante el reconocimiento de la multiculturalidad del país, queda claro para quiénes es mayor el reto de asumir o investigar quiénes son.

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César Ramiro García

Parafraseando a Savater y Galeano, soy un pesimista que piensa que es necesario actuar para que las cosas cambien porque los optimistas están felices con nuestra situación actual. Trabajo contra el racismo y considero que es necesario luchar por la memoria y el medio ambiente. Soy lector y ciclista urbano.

2 comentarios

  1. -Tienes razón-
    Cual será el criterio: el apellido, el pelo, la altura, el color de ojos, el nivel educativo, o al ojo, tendremos el “regente étnico” para que decida que raza sos… regresamos al estado racista… pero bueno… estupidez.. para ser -étnicamente correctos- como lo mandan nuestras leyes…

    • César

      Es el problema de un Estado que se acepta los cambios de la sociedad sólo a un nivel discursivo, sin analizar los efectos de sus decisiones. Gracias por tu comentario.

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