El siete

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Pronto será otro 29 de octubre. Veintiún años han pasado desde el día que debutó en la Primera División de La Liga Española. Hace unos días anunció su retiro definitivo del fútbol. Hablo del Siete, del Ángel de Madrid… De Raúl.

Leer la noticia de su retiro me hizo retroceder a los años cuando tenía un poster con su imagen pegada en una pared de mi cuarto. Tendría tal vez unos trece años y eran los tiempos en que mis gustos se volvían obsesiones. Así fue con el fútbol, el Real Madrid y Raúl. Una obsesión que ha mermado en los últimos años, pero que sus remanentes me hicieron viajar este año 230 kilómetros para verlo jugar contra el FAS, en el Estadio Cuscatlán.

La persona que estoy siendo ahora no cree mucho en ídolos. Sin embargo, en un momento de mi vida Raúl fue precisamente eso para mí. Claro que me parecía guapo, pero también me impresionaba cómo nunca se rendía. No era el más técnico, ni el más fuerte, ni el más veloz, pero sabía hacerse imprescindible. Sabía que lo que importa en el fútbol (el deporte, no el negocio) es el nombre en el frente de la camisa y no el nombre detrás. Ese espíritu de comunidad sigue siendo la razón principal por la que sigo siendo hincha de este deporte.

Un deporte que tal vez tiene más lados negativos que positivos. Como decía Galeano: “A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.” Una alegría que pocas veces he disfrutado. No es novedad decir que aún hoy, el mundillo del fútbol, tanto profesional como aficionado sigue siendo muy, muy machista. La evidencia es clarísima; va desde la enorme desigualdad en salarios entre hombres y mujeres, la escasez de partidos televisados de futbol femenino, la ausencia de comentaristas mujeres, y las pocas invitaciones a chamuscas para mujeres. No recuerdo que nunca mis amigos me hayan invitado a jugar chamuscas más allá de un par de partidos de FIFA en PlayStation.

Esa alegría de jugar porque sí, en mí se convierte en la alegría de verlo porque sí. “Se le van los ojos, Andrea”, me dijeron la semana pasada mientras le ponía atención a la Champions en vez de a las personas con quienes compartía la mesa… El opio es redondo.

Hoy veo ese opio con otros lentes. Lo cuestiono, especialmente su machismo pero aún aprecio la belleza que logra transmitir y la emotividad que solo viene de la identificación con una comunidad y que no se expresan nunca mejor que cuando ocurre el gol. “El orgasmo del fútbol”. Después de noviembre ya no veré más de estos salir de las botas de Raúl, pero su referente permanece en mí, recordándome que vale la pena luchar por seguir haciendo lo que a uno le gusta.

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

1 comentario

  1. Fernando Girón on

    Andrea, probablemente la grandeza de Raúl estuvo en la “alegría de jugar” en su contexto y forma de sentir el juego, el del Madrid, al que por cierto yo no quiero ni en fotos. De los jugadores de la liga del estado español que vi jugar, Raúl, junto a Xavi Hernandez, Iniesta y Casías fue de los mejores. Los cuatro siempre priorizaron “la alegría de jugar”.

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