El sistema

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Fernando RamosPor Fernando Ramos

En la historia de los países hay períodos en los que la situación social convulsiona y parece que todo está a punto de estallar. Ante esos hechos las clases dominantes toman medidas drásticas, sin importar el precio a pagar, y casi siempre consiguen asegurar la continuidad del status quo.

Pocos casos registra la historia en los que las clases dominadas llegan a tener el control. Si lo hacen es de forma temporal, porque de ahí surgen otras clases poderosas y el sistema se acomoda a la nueva situación.

El sistema funciona ajeno a las personas que están dentro de él. Es un engranaje malvado que se mueve por voluntad propia y tritura a quienes tratan de modificarlo. La corrupción está enraizada de tal forma que no importa quién sea el ejecutor, el resultado siempre será el mismo.

Empresas privadas, gobierno, organizaciones no gubernamentales, entidades no lucrativas, iglesias, personas individuales; todos forman el sistema y casi todos provocan la corrupción.

Las personas nacen dentro del sistema y tienen que acomodarse o, en el mejor de los casos, vivir marginados, o morir. Quizá no hay lugar para los honestos.

La corrupción casi siempre se atribuye al gobierno. El término se utiliza para referirse a los actos de funcionarios, pero el sistema tiene muchos actores. Desde el niño que esconde la tarea, hasta el empresario que evade o elude pagar beneficios a sus empleados. En el medio cabe cualquiera. El mínimo acto deshonesto lubrica los engranajes.

“Si no lo hacemos nosotros alguien más lo hará”, es el lema de quienes se animan por primera vez a abrazar al sistema. Las buenas intenciones casi nunca resisten el primer bombazo; pero nadie es víctima de las circunstancias, son las acciones las que definen el rumbo que cada quien seguirá.

¿Hay solución? ¿Vale la pena intentar cambiar las cosas? Reza la dialéctica del desarrollo que los sistemas se derrumban víctimas de sus propias contradicciones. La historia ha demostrado que es cierto.

La lucha honesta se libra desde cualquier espacio. Hacer ver al niño que esconder la tarea tiene consecuencias es un inicio (algunos padres culpan al maestro). Las pequeñas batallas, desde cualquier frente, ayudan a profundizar las contradicciones y con la suma de mínimas explosiones se logra dinamitar los sistemas.

Dice la filosofía popular: “El goteo permanente puede romper las más duras rocas”; pero hay que tener en mente que las gotas perennes también llegan a formar un lodazal.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

3 comentarios

  1. A las élites económicas chapinas les había ido más o menos bien hasta ahora. El narcotráfico y sus nuevos ricos y por lo tanto nuevas élites que compiten, son peligrosos. Les toca evolucionar o morir.

  2. Marleny Aguire on

    Esta usted en lo correcto Fernando Ramos, es una tarea de todos , donde podemos ser victimas o quizá cómplices del sistema.

    a tiempo o destiempo, eso… es algo que solo el tiempo determinara.

    Atentamente,

    Amanda Kan

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