El sueño de Oswaldo

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En su natal Uspantán, cuando Oswaldo Ical Jom era un niño, soñaba con ser periodista. Como sus padres no podían sostener su educación universitaria optó por estudiar magisterio. Una carrera que le permitiría tener más opciones laborales. Sin embargo, no abandonó del todo su idea pues en el ámbito estudiantil hizo periodismo escolar. Finalmente, de narrar encuentros deportivos pasó a transmitir noticias y finalmente, a fuerza de formación práctica se hizo corresponsal de prensa.

Como buen periodista, Oswaldo seguía la pista de sus notas. De ahí que al no abandonar la cobertura del secuestro de una joven, pudo intuir que la nota tenía un desenlace muy trágico para la familia. Al entrevistar a la familia de la joven y confirmar lo que su olfato periodístico le sugería, empezó una pesadilla.

Hace casi un año que de perseguidor de la nota, Oswaldo se convirtió en la noticia. Mientras aún hablaba con los padres de la joven secuestrada y luego asesinada, Oswaldo fue también secuestrado por un grupo de hombres. Estos lo llevaron a un sitio fuera del pueblo, le ataron de pies y manos y lo torturaron. Querían que él, Oswaldo confesara ser el autor de la muerte de la joven. Conforme pasaba el tiempo, más personas rodearon el sitio y pretendieron lincharle y prenderle fuego. La insistencia de los colegas de Oswaldo, periodistas como él, impidió que cumplieran su intención de asesinarle.

Luego, cuando le mostraron fotografías de algunas personas contra quienes había ya otras denuncias, el reportero reconoció a sus agresores. Eran integrantes de una junta local de seguridad quienes en nombre de la supuesta autoridad delegada por el gobierno, atentaban contra las libertades y derechos de las personas, cometían abusos y, por lo que sucedió a Oswaldo, estaban dispuestos a cometer asesinato.

La valentía mostrada en el ejercicio de su profesión también ha estado de manifiesto en la disposición de Oswaldo por buscar justicia. Presentó la denuncia, atendió las audiencias y eventos necesarios para el proceso y ha debido enfrentar la negligencia del tribunal. Si bien los hermanos Diego y Pedro Itzep, fueron capturados luego de ser identificados como parte de los autores, aún no se procede a las otras detenciones. El juez responsable del proceso tardó en ordenar la apertura a juicio y, cuando lo hizo, modificó el delito de plagio y tortura por detención ilegal.

El mensaje de las autoridades locales ha sido que la impunidad es la lógica de la impartición de justicia. Que las autoridades no están dispuestas a perseguir a quienes delinquen sino a funcionar en favor de los grupos que violentan las libertades y garantías de las personas Ante este panorama, Oswaldo no solo no ha callado sino que ha mantenido su reclamo de justicia. Sigue cumpliendo su labor como reportero y a la vez, como toda persona víctima de un hecho delictivo ejerce su derecho a obtener justicia de un sistema que lo violenta al no cumplir con la responsabilidad que su función demanda.

A principios de agosto, cuando está por cumplirse un año del secuestro de Oswaldo, de nuevo fue agredido cuando cumplía su labor de reportero. Un grupo de personas, presuntamente integrantes del partido de gobierno, el Partido Patriota (PP) lo vapulearon y atentaron contra su integridad física.

Oswaldo tan solo ha perseguido un sueño, ser periodista y alcanzar justicia. Ambos, sueños y derechos a los que toda persona aspira. Sin embargo, también son dos posibilidades que la intolerancia, la persistencia de la impunidad y la corrupción del sistema niegan a los cientos de miles de Oswaldos que en Guatemala solo buscan vivir en paz. En la persecución de su sueño profesional de hacer periodismo y en el personal de alcanzar justicia, Oswaldo no ha de permanecer en solitario. Ha de contar con la solidaridad del gremio y el reclamo ciudadano que diga de una vez por todas, ¡BASTA YA!

 

Imagen tomada de Sala de Redacción

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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