El sustrato de la indignación

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Van dos meses y medio de indignación colectiva, cuya previsible expansión hizo temer en su momento a los actores formales de la política, pero no por mucho tiempo. El comportamiento de la masa encabronada ya registra cambios que denotan los efectos aún muy arraigados de la guerra de los ochentas, de los cuales resalta sobre todo, el sectarismo puro y duro.  La maña sectaria tiene su origen en las venas históricas de una sociedad clasista y discriminadora, pero se moldeó en su momento por el actor internacional que terminó de alimentar la subsistencia con recursos para el proyecto más atractivo con la redacción más correcta. Anteponer “mi reclamo” y luego esperar a que cambien el resto del país con todo y su entramado de debilidades de Estado, es de una miopía tal como esperar que un bosque se regenere a partir de cuidar un solo árbol.

La fragmentación de la indignación era solo cuestión de sábados, para que surgiera con carpas y mantas especializadas, grupos con su demanda específica. Se pierde de esta manera la oportunidad de politizar al estrato tímido de clase media que finalmente había dado el paso de la banqueta a la calle. A medida que se diluye un frente único de fuerza a partir de la revelación ya sabida, pero ahora comprobada, de la podredumbre en todos las estantes de la librera estatal, incluido los resquicios de varios de sus órganos de control y seguridad, en esa misma razón, la medianía aspiracional y también la pobrería con poca educación política, vuelven a encontrar certezas en la razón conservadora del régimen legalista, que cobija con las hojas viejas del folleto constitucional.

El tiempo que no existe sino solamente en la noción humana, juega con contra de unos y a favor de otros. Los unos sabe se saben en contra porque los cambios no ocurren en comparación con la basura expuesta bajo la alfombra de la institucionalidad estatal. Los otros se saben a favor porque ven justamente lo que expongo, una demanda dulcemente fragmentada que terminarán de domesticar con un proceso civilizado de sufragio. La cortapisa ya la puso el órgano electoral que mandó elecciones contra viento y marea, contra la propia posición de alguno de sus colegiados.

Es el momento de potenciar e identificar liderazgos nuevos y frescos que sepan remontar aquellos viejos vicios de la historia oscura, que ejerzan con la seguridad que debería ofrecer la aspiración digna de un mejor lugar para vivir. No es el momento para la horizontalidad falsa y desmovilizadora; es el momento para pasar del ágora espontaneo a la estrategia política que dibuja un plan ordenado de filtración en los espacios formales del poder. No es el momento de abanderar falsas banderas ideológicas de la corrección política; es el momento de aprovechar el sustrato de la indignación para convertirlo en la base política de acción.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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