El voto huérfano

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¿Ausente, nulo o en blanco?

Es la pregunta que se hace un número (¿cada vez más?) significativo de personas que considera que ninguno de los candidatos llena sus expectativas. ¿Qué opciones reales tiene la gente sin partido, candidato o fe en el sistema?

Definamos, para ilustrar esta columna, al voto ausente (no voto), en blanco (de rechazo) y nulo (de protesta) como el voto huérfano, o la opción de aquellos que no creen en la democracia, el sistema electoral o en ninguno de los candidatos.

Nada nuevo dirá, el voto huérfano siempre ha existido y siempre va a existir. Cierto, pero esta vez es distinto; esta vez las elecciones serán muy distintas; esta vez las redes sociales harán posible que las voces que se sienten excluidas se pongan de acuerdo para protestar si así lo quisieran. Esta vez todo apunta a que sí quieren: la creación de un movimiento pro-voto huérfano tipo Colombia es más que un rumor.

La posición pragmática de algunas partes interesadas es que el voto huérfano no solo es irresponsable sino irrelevante, y que a quien gane le va a importar un bledo. Otros dirán que al reducirse el número de los votos válidos podría estarse facilitando la victoria del candidato que mienta más. Pero estas partes interesadas podrían parecerlo menos si también hablaran del derecho del votante a propuestas serias y candidatos con capacidad demostrada. O de la legitimidad de la protesta o la ingente necesidad de elevar los estándares de la clase política.

Hay que tener claro que las voces que podrían llamar al voto huérfano son relativamente pocas, pero sería un error desestimarlas por ello. Lo sería porque los dueños de esas voces provienen de mentes lúcidas cuyos dueños son personas creíbles e influyentes en el pequeño mundo de la minoría letrada que malo que bueno fija la agenda de los debates políticos. En la realidad mediática de hoy no se necesitarían muchas de estas voces para construir una poderosa narrativa que sirva de contrapeso a la arquitectura de un sistema que obliga al elector a elegir entre lo que hay.

Ante la posibilidad de un movimiento más o menos articulado, el candidato tiene la disyuntiva de ignorar el llamado al voto huérfano o aceptar el mensaje como la escritura en la pared que es. Con la primera opción el candidato (de ganar las elecciones) podría encontrarse con un problema de legitimidad y/o gobernabilidad. Abordar de frente los motivos del voto huérfano (para evitarlo) sería la opción del estadista que preferiría gobernar con una aureola de legitimidad.

¿Cómo convencer a los promotores del voto huérfano de que no vale la pena hacerlo? Con cosas que en otros países se considerarían elementales; como un plan de gobierno con objetivos claros, equipos capaces, transparencia, presupuestos razonables y calendarios factibles –en otras palabras, nada de lo que se ha hecho antes–. Otros pedirían que los candidatos abandonen sus intereses empresariales, un moratorio a la minería, la eliminación del salario mínimo diferenciado del debate, la extensión del mandato de la CICIG, la persecución frontal a la corrupción, la priorización de la educación, etc.

No nos engañamos pensando que los políticos que hacen exactamente lo mismo que han venido haciendo por décadas de pronto verán la luz. Lo más probable es que el movimiento del voto huérfano se dé. Pero también hay que tener presente que si el éxito potencial del voto huérfano es directamente proporcional al fracaso colectivo de los políticos, el mayor beneficiado de su surgimiento podría ser el candidato que tenga la valentía de salirse del molde y escuchar el clamor de las voces lúcidas que piden cambios reales. Porque después de todo el voto huérfano no es un fin en sí mismo; todo lo que pide es que alguien lo adopte.

@ajbarriosm11

 

*Crédito fotografía: https://flic.kr/p/4RSFZX

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

3 comentarios

  1. juan arlos lemus on

    En sociedades más despiertas, creo que el voto nulo puede tener incidencia.
    ¿Cuál es el precio real del voto huérfano? Su peso debería verse reflejado en la vida diaria. En nuestro caso, quien gane con el 1% se sentirá legitimado frente a un 99% que lo niegue. Y le pelará. Lo importante es la firma en el libro de oro.
    Cuando escribís “esta vez las elecciones serán muy distintas; esta vez las redes sociales harán posible que las voces que se sienten excluidas se pongan de acuerdo para protestar si así lo quisieran”, me parece que sería lo más conveniente, espero que así sea, necesitamos una alteración de este letargo.
    Desestimo un poco la incidencia de las redes en el proceso electoral. Por el contrario, a veces creo que un número cada vez más significativo de personas –fuera o dentro de las redes- vota por lo que considera “menos peor”. Ya se hacía antes, pero mi percepción es que ahora le dan un apoyo descarado al que (le) hueviará menos. No sé si cabría añadir como parte del voto huérfano una suerte de voto bastardo, ese destinado al “menos pior”. Aquí la cosa es grave, se vota por quien huevea pero “por lo menos” pone un graderío en la cancha de fut.

  2. Abraham Barrios
    Abraham Barrios on

    Creo que tenés razón, la posibilidad de que nada cambie es mayor. PERÓN, sí creo (o a lo mejor quiero creer) que esta vez hay unos cuantos líderes que estarían dispuestos a llamar al voto nulo de manera parecida a como se hizo en Colombia. El impacto directo sería muy poco, pero no descartaría la posibilidad de que una narrativa bien articulada llegue a las masas. Si consideramos el desencanto generalizado, los avances tecnológicos y la experiencia colombiana la posibilidad de que el movimiento tenga impacto es real.

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