El voto nulo no es enemigo ni problema: es una opción

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Aclaraciones previas:

1. Se entenderá por voto nulo aquel voto que no se categoriza como nulo por una equivocación del votante, y que por tanto, guarda similitud conceptual con el voto en blanco.

 

2. Después del desgaste cotidiano del Partido Patriota y las disputas internas entre sus dirigentes, el autor considera que LIDER y UNE son los únicos dos partidos con posibilidades reales de ganar en las elecciones presidenciales del 2015, sin descartar el surgimiento de una tercera fuerza electoral con oportunidades mínimas de alcanzar el segundo lugar y que muy posiblemente será de la naturaleza de LIDER y UNE.

3. El voto en blanco puede facilitar el fraude cuando no existe una casilla que marque la frase “blanco”.

El voto nulo ha sido desprestigiado como si se tratara de un candidato apoyado por un partido político clientelar y de dudoso financiamiento.La campaña anti-voto nulo ha tenido varias aristas: unas que cuestionan su valor e invitan a votar por alguien diferente a los candidatos que encabezan las elecciones en el imaginario de los guatemaltecos (Baldizón y Sandra, hasta abril de 2015), y otras irresponsables que acusan al voto nulo de ser antidemocrático. El voto nulo o en blanco es una forma de expresión y elección, en la que un ciudadano legitima el sistema de elección pero que no está de acuerdo con ninguno de los candidatos. De la misma forma, abstenerse es una expresión democrática en la que se elige no legitimar el sistema de elección nacional o local y por ende es un rechazo a las condiciones en las que se desarrolla.

Una de las grandes críticas que ha recibido el voto nulo, blanco y la abstención, es que favorecen a Baldizón. Sin percatarse que votar por candidatos de partidos que no tienen posibilidades reales de ganar también lo favorecen, por ser el candidato que encabeza las encuestas. Los únicos votos que afectan a Baldizón son los dirigidos a su contrincante directa. Hay que ser realistas y aceptar que Baldizón tiene una plataforma de votos que en el peor de los casos lo va colocar en segundo lugar; de Sandra Torres no tenemos idea de cuántos votos podría sacar porque no ha participado en una contienda, suponemos que estaría en segundo lugar por la expectativa y la especulación creada. Si la expectativa que se tiene de los votos que puede alcanzar Sandra Torres falla, podría emerger un tercer candidato con posibilidades de entrar a la segunda vuelta.

El voto nulo o en blanco no hay que verlo como un beneficio al primer lugar de la contienda, hay que verlo como un acto en contra de votar siempre por el “menos peor” y como una estrategia política. Desde el retorno de la democracia todos los candidatos “non gratos” posicionados en los primeros lugares en una determinada contienda han terminado gobernando, el menos peor pareciera que es el candidato favorito de los guatemaltecos, pero siempre eligen al peor. La ciudadanía también necesita nuevas fórmulas de acción, sobre todo cuando las probadas han fracasado.

El voto nulo o en blanco generalizado en las urnas y promovido por una ciudadanía activa y articulada después de las elecciones, puede ser una oportunidad para forzar al siguiente Congreso a que decrete un valor legal al voto nulo o en blanco (técnicamente serían los votos blancos), en el cual se establezca que si en una elección (presidencial, parlamentaria o municipal) los votos blancos alcanzan un determinado porcentaje se repetirán las elecciones con diferentes candidatos, como sucedió en Colombia (http://www.publimetro.co/lo-ultimo/usted-sabe-que-pasaria-si-el-voto-en-blanco-es-el-ganador/lmknbd!IhlUt0LOuZs6/ )cuando la decepción ciudadana hacía los partidos políticos provocó una campaña ciudadana generalizada para que el parlamento colombiano le otorgara un valor legal al voto en blanco.

Hay que recordar que en estas elecciones no se elige únicamente presidente, que los diputados distan mucho de ser los ángeles de nuestra devoción y que en Ciudad de Guatemala tenemos un alcalde que en cuatro períodos no ha planificado el desarrollo sostenible de la ciudad en sus tres ejes (urbano, financiero y ambiental). Por tanto, una estrategia política que sería interesante promover en diferentes sectores de la sociedad que no miran ni en Baldizón ni en Sandra su candidato presidencial, sería votar nulo en las elecciones presidenciales (ver aclaraciones previas, numeral 3), votar cruzado en las parlamentarias – votar (ahora sí) por los partidos pequeños que en las presidenciales no tienen posibilidades con el propósito de equilibrar fuerzas en el Congreso-, y votar en contra de Arzú: votando por la persona más íntegra de los candidatos a alcalde. Aquí es una opción real porque aún no está ninguna persona posicionada como competidor directo de Arzú. Por tanto, los empadronados en Ciudad de Guatemala tienen una oportunidad de cambiar el orden establecido en nuestra municipalidad. Los comités cívicos pueden ser una clave para identificar personas que no se prestaron al juego de los partidos políticos clientelares, decisión que en nuestro sistema electoral es una virtud.

Sin embargo, la decisión de por quién votar en débiles democracias como la guatemalteca no es el reto más importante. La ciudadanía y sus formas de participación democrática tienen un reto mayor, y es insistir en mejores condiciones de competencia electoral y mejores candidatos para que la decisión de por quién votar sí sea relevante, que sea una decisión que refleje y consolide esos mecanismos democráticos anteriores. Insistir en una reforma al sistema de partidos políticos y Ley Electoral y de Partidos Políticos es más importante para el país que votar por un candidato en las elecciones de este año 2015, porque nuevamente la ciudadanía falló y no logró que existiesen partidos con mejores candidatos en la categoría de los que tienen posibilidades reales de ganar. La realidad seguirá siendo la misma hasta que comprendamos que las elecciones no es la vía más relevante para cambiar una realidad cuando no existen las condiciones para serlo, antes se tienen que mejorar dichas condiciones y ahí la ciudadanía tiene un reto histórico.

Quizá lograr un porcentaje significativo de voto nulo en estas o en las próximas elecciones  pueda constituir una fuerza que promueva o presione una renovación de los partidos o la formulación de una reforma al sistema de partidos políticos. La ciudadanía tiene un rol trascendental para que los partidos comiencen su democratización, y obligaría a los partidos a comenzar a generar mecanismos de democracia interna, al menos en un primer momento, para decidir desde las bases al candidato presidencial (en primarias). La repetición de elecciones o la reforma al sistema de partidos son formas de forzar a los partidos políticos a que se renueven y lo harán porque al igual que las élites han tenido una tradición de renovarse y adaptarse a los cambios, positivos o negativos, depende de la articulación de la ciudadanía.

La preocupante realidad es suficiente para que la ciudadanía comience a pensar y llamar a la creación de una estrategia de voto que nos permita tener un mejoramiento en el sistema electoral y en las instituciones que se integran a partir de la elección popular. Hay que dejar de justificar el deseo de votar por un candidato y participar en las elecciones desvalorizando el sentido del voto nulo y de su posible impacto. Querer encontrar cada cuatro años en el voto la solución a los problemas de los que no se ha salido ni una vez a protestar, no es más que una triste patada de ahogado.

 

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Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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