Ellos

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El día que tomaron posesión –Roxana y Otto–, ella vicepresidenta –la primera en la historia del país–, él presidente –el primer militar en llegar en la era demócrática–, dieron muestra de lo que su mandato sería, habían cumplido su sueño, el de todo aquel que quiere aprovecharse, el de que los pusieran “donde hay”. De inmediato empezaron a ordeñar la vaca y encargaron sus trajes de gala a algunos de los más famosos diseñadores de ropa.

Lo que vendría después fue la corrupción y el despilfarro total. No tuvieron freno a la hora de perseguir sus objetivos, quizá no era ese el plan, pero el poder ilimitado los sobrepasó y quisieron más, siempre más.

Ofrecieron mano dura y no dudaron en cumplirla cuando de criminalizar y disolver las protestas sociales se trató: Alaska y La Puya son solo dos ejemplos.

Se compraron motos, helicópteros, yates, aviones privados; organizaron fiestas interminables, aquí y en otros países –ellos y sus hijos–; montaron a caballo y desfilaron como patronos en su finca y estuvieron abiertos a recibir toda clase de dádivas.

Manipularon comisiones de postulación, eligieron cortes, hicieron pactos con el diablo y todos sus demonios, promulgaron leyes a favor de sus financistas y en detrimento de la población; cumplieron con el trabajo para el cual fueron electos, no por el pueblo, por quienes decidieron que ellos eran los adecuados para preservar el status quo.

Pero mordieron la mano de sus financistas, enloquecieron de soberbia, subestimaron al pueblo; ante sus ojos, quizá complicidad, creció la mayor red de corrupción jamás vista en este país, y cayeron de la gracia. En balanza los pesaron y fueron encontrados faltos.

Ella renunció el 8 de mayo, de 2015, él se aferra al poder con la punta de las uñas, quizá no resista y tenga que irse más temprano que tarde, es la voluntad popular y de muchos otros sectores. Nadie la quería y su salida se concibió como válvula de escape, como forma de liberar la presión que se está acumulando; pero no, la presión no cede, al contrario, va en aumento.

Roxana sostiene su cinismo hasta las últimas consecuencias, hasta el último momento, dice que tiene apoyo popular y que no quería dividir al país, que pudo haber llenado la Plaza Mayor para demostrarlo, pero que optó por la salida valiente, dejar el cargo con dignidad, que ni siquiera quiso presentar ella misma la renuncia pues ese día estaba llorando y no quería que la vieran desarreglada, que no podía dejar una imagen distinta a la que siempre dio.

No se espera que la historia los juzgue, se quiere que sea la justicia guatemalteca la que los lleve a juicio y condena.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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